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Unkol Pezuñapresta Tauren

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mayo 16, 2018
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julio 8, 2017 - 5:20 pm
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[SIZE=5]Bastián[/SIZE]

Nombre y apellidos[INDENT] Unkol Pezuñapresta [/INDENT]Raza[INDENT] Tauren [/INDENT]Nivel de Rol[INDENT] – [/INDENT]Promoción a la que aspiras[INDENT] Ninguna [/INDENT]Clase[INDENT] Cazador [/INDENT]Género[INDENT] Masculino [/INDENT]Edad[INDENT] 47 [/INDENT]Clan, tribu o cártel[INDENT] Tribu Tronacuerno [/INDENT]Metas[INDENT] Defender a Azeroth y a la Madre Tierra, repeliendo toda maldad que permanezca en estos. Obtener más adiestramiento y poder en la Ofensiva de la Horda, para si obtener títulos, honor y respeto, tanto como mejor manejo en el arco y flecha. Conseguir establecer una mejor relación entre sus compañeros animales, a pesar de todo lo causado. Obtener un cargo importante dentro de su tribu e incluso engendrar una nueva, desde su linaje. [/INDENT]Clases de Prestigio que aspiras[INDENT] A elegir OnRol. [/INDENT]Altura y peso del personaje[INDENT] 3.70 Metros y 520 Kilogramos [/INDENT]Apariencia física[INDENT] Robusta, fuerte e impone como todo tauren. Su expresión en la cara resalta juventud e inocencia, más puede que sea cierta en algunos aspectos. Porta su arco, su casco decorado con plumas, un Carcaj y la armadura prestada en la Ofensiva de la Horda o incluso la suya propia, con la que suele cazar en las praderas de Mulgore. Muchas veces va acompañado de su Zancudo Garfapresta, con colores morados típicos que los deambulan las llanuras. [/INDENT]Personalidad[INDENT] Paciente e incluso estratega. Muchas veces es empatico con sus aliados e incluso animales, como se le ha inculcado. Algunas veces puede parecer inocente, más bien inexperto con aires de verdad, pero a pesar de todo toma esfuerzo para llevar lo mejor que puede su cargo en la Horda, su Tribu y su Senda. Los problemas siempre ha de intentar ser solucionados por métodos pacíficos, pero la fuerza siempre puede ser empleada si se atenta contra estos métodos. [/INDENT]Facción

  • Horda

Academia o Maestro[INDENT] Academia de Guerra de la Horda [/INDENT]Organizaciones[INDENT] Ofensiva de la Horda [/INDENT]Orientación Sexual

  • Heterosexual

Creencias e Ideales[INDENT] Cree en la Madre Tierra, y todo lo que convenga con esta. También conoce la importancia del equilibrio y del los regalos de la Madre Tierra (Kodos o mascotas). Además también le importa mucho su cultura, como su ideales de fuerza, vigor, paz, sabiduría y resistencia. Además sigue las enseñanzas del Honor y los espíritus o ancestros. [/INDENT]Conocimientos[INDENT] Arco y flecha, eventos relacionados con los Tauren, lo más reciente del Cataclismo e incluso lo ocurrido con los Totem Siniestro y Cima del Trueno. Habla Taur-Ahe y Orco, conoce obviamente su cultura y del Honor. [/INDENT]Clase Social

  • Clase baja

Familiares y conocidos[INDENT] Huemmul (Amigo-Vivo), Nuam (Madre-Viva), Tuhm (Padre-Vivo), Garfapresta (Compañero/Mascota-Vivo), Caudal (Montura-Vivo). [/INDENT]Lugar de Nacimiento y Residencia[INDENT] Nacido en las praderas de Mulgore ante la luz de Mu’sha. Ahora mismo reside en los barracones de Orgrimmar, o más bien de la Ofensiva pues se encuentra en campaña (Hyjal). [/INDENT]Trabajo y Herencias[INDENT] Ninguno en especial, además de pertenecer a la Horda y luchar por esta. [/INDENT]Historia del personaje[INDENT] I-Otro más nacido de la Tierra.

La pradera albergaba vida aquella noche, perritos de la pradera revoloteaban por aquí y por alla, el sonar del rio era como una armonía sin fin ni error, las luciérnagas iluminaban los alrededores y el silencio poseía el poblado, era un ambiente perfecto. Nuam Pezuñapresta, una cazadora como los muchos de su familia, había obtenido la bendición de albergar el futuro nacimiento de un cachorro, nacimiento que a la luz de Mu’sha seria expuesto. Aunque las tradiciones de su tribu aglomeraban mucho más a An’she pero como todo Tauren aprecian el equilibrio, muchos vieron este nacimiento como parte del mismo.
Nuam se aferró a su pareja, Tuhm, y dio a luz, por instantes lo único que escucho era el sonido de la hierba al moverse entre las correteadas de los perritos de la pradera. Nuam dio a luz a un espectacular cachorro, el cual tenía los rasgos similares a los suyos e incluso tenía algo en lo que destacaba notoriamente, su pelaje de color grisáceo entre motas blancas y así pues se le dio su nombre de cachorro: “Crinpalida”

Crinpalida, como todo cachorro Tauren nació entre tradiciones y costumbres, educado por su padre tanto como su madre. Se le mostro el favor de la caza, de cómo se debía agradecer a la Madre Tierra por este sacrificio, nada se desperdiciaba al momento de tomar una presa y por ello opto por el desuello y peletería. Desde muy pequeño se interesó por la armonía entre el cazador y su compañero, los Tauren no les consideran mascotas, pues son un regalo brindado por la Madre Tierra, así como los Kodos. Muchas eran las aspiraciones del pequeño Tauren, pero aún era muy pequeño, apenas sabía moverse por el mundo y ni siquiera había tomado su primera flecha.

Años pasaron, La Danza de la Madre Tierra se hacía próxima, Crinpalida ayudo a los suyos en el trabajo de quemar algunas hierbas, y continuar con este rito, para así facilitar a la Madre Tierra el cambio de estación, bailo y festejo junto a muchos de los suyos como si fueran todos una familia en armonía. Los años se hicieron prósperos gracias a esto, el tiempo corrió más rápido, como una brisa cortante de verano, había llegado la hora, era turnó de que Crinpalida obtuviera el honor de participar en la Gran Cacería, aunque aún era joven pues no tenía más de unos trece años. En un grupo de varios jóvenes partió, al liderato de uno más sabio y viejo, buscaban a quien cazar que dispusiera de un reto, pero solo la Madre Tierra les brindaría aquella prueba. Así lo hizo un Gran Halcón salvaje les lanzo un grito a lo lejos, era bastante imponente para los jóvenes Tauren más en grupo el temor disminuyo y corrieron tras ese Halcón, muchos eran los que empuñaron sus lanzas, Crinpalida en cambio, opto por un arco. Uno de los jóvenes le dio el primer golpe con una lanza, otro de ellos también le dio un tajo contundente pero el ave aun resistía y se echó al vuelo, parecía escaparse entre las ráfagas de viento que transcurría el aire pero Crinpalida tomo su arco, apunto con una flecha, el sol cegó sus ojos y sin pensarlo mucho más por su inexperiencia, disparo. Quizá An’she guio aquella flecha, quien sabe, pero acertó al águila y acabo con su vida en el aire sin exponerle a más sufrimiento, el cadáver fue tomado antes de que cayera por aquel Viejo que guio al grupo de jóvenes, miro a Crinpalida y asintió con orgullo.

En aquel entonces, era mediado del verano, Crinpalida como de costumbre sabía lo que acontecía. Había crecido, ya no era tan inexperto y las cazas lo estaban fortaleciendo. Portaba el arco como uno más de la familia, las flechas eran su orgullo pero a pesar de todo entrenamiento sabia seguir las costumbres, nunca cazo a un animal sin agradecer ni pedir por la Madre Tierra. Era la hora, el solsticio se acercaba y se debía realizar un rito conocido como Renovar el Sol, claro que Crinpalida aun siendo considerado un cachorro, participaría, más seria pintado por todo el cuerpo con grabados en colores naranjas, rojos y amarillos, cada uno con su significado. Con su piel de color clara, las runas pintadas sobresalían con esplendor y llamaban la atención como era así su intención. Le dejaron portar además un collar de cobre, el cual era pesado más Crinpalida resistía tal peso y festejaba con vigor ante la luz de An’she, el cual derramaba sus rayos como lágrimas de alegría mientras el crepúsculo cesaba y se hacía presente el nuevo amanecer. El año tenía que cambiar, poco faltaba para ello y se acercaba el siguiente, nuevas cazas, ritos y nacimientos, Crinpalida nunca se sintió más motivado que aquel día en que todos los suyos adoraron An’she en tal comunión, pues de los Tronacuerno formaba parte ahora mismo y como siempre era bien recibido los vestigios de An’she sobre la tierra.

Todo paro, parecía que el rito del festejo había concluido, Crinpalida, contemplo el cielo. An’she estaba satisfecho, más Mu’sha estaba agradecida de tales actos por los hijos de la Madre Tierra. Crinpalida descanso junto a sus padres en la hierba de una colina cercana, contemplaban como Mu’sha caia y An’she tomaba su lugar, este se asomaba como siempre y demostraba un nuevo inicio derramando de su sangre como siempre lo ha hecho. Estos miramientos para contemplar el inicio del día ante el sangrado de An’she, su sacrificio, se volvieron una costumbre para los Pezuñapresta, muchos más miembros de la familia salían antes de que Mu’sha cayera y la miraban con orgullo esperando que amaneciera, todos juntos preparados para la caza del día.

Una tradición, un rito nuevo llegaba, el Circulo de Tambores Kodo. Crinpalida ya había crecido bastante, pero seguía siendo inexperto y muy joven, pocas eran las cacerías en las que se le permitía participar, ni una de ellas se alejaba de las praderas cercanas a su tribu, pero al menos había conseguido demostrar que iba a seguir a su linaje como cazador de la tribu, a pesar de que esta tenía una fascinación por An’she, siempre eran bien recibidos los nacimientos de nuevos cazadores. Durante aquel rito, Crinpalida aun siendo considerado un cachorro, honro y venero a los animales que había cazado, y aunque no eran muchos, aquel Halcón fue el que más llamo y mereció el honor de aquel cachorro Tauren. En una de las instancias tomo el lugar de entre muchos de los suyos y comenzó a tocar el tambor con orgullo, más no tardo en cansarse, pero continuaba con todas su fuerzas, en cuanto notaron que se estaba agotando entre jadeos, le cambiaron de lugar, le entregaron un poco de agua del manantial cercano y le felicitaron.

Pasaron los años, Crinpalida ya no era un cachorro sin más, ya era todo un adolecente que no tardaría en ocupar el puesto entre los adultos de la Tribu, había crecido y fortalecido, conocía sus praderas como la palma de su mano, el arco y la flecha su destino predilecto y se merecía un nombre de tal calaña. Sin embargo antes debía pasar el Rito de la Visión, había llegado la hora de que este Tauren demostrara su conexión con la Madre Tierra y con su espíritu o tótem animal, al principio esta idea no le disgustaba a Crinpalida pero si le llenaba de nervios e incertidumbre. En cuanto fue llevado a lo que al asemejaba con un exilio, corrió libre sin mirar atrás aunque por dentro estaba asustado, sentía como si algo le fuera devorar si se detenía. Hasta que no puedo más, el adolecente cayó desplomado ante un lago, bebió rápidamente sin mucho miramiento y cuando ya estaba suficientemente saciado se sentó y contemplo donde estaba, perdió de vista la pradera y ahora los sonidos del bosque deambulaban en su cabeza. Sintió la maravilla de la naturaleza en sus alrededores, conocía lo suficiente y necesario para sobrevivir, pues había sido enviado como todo Tauren que se aferente al Rito de la Visión, en su taparrabos y sin nada más.

No tardó mucho en notar el desafío, el estar en comunión con la Madre Tierra y sobrevivir en armonía con esta es bastante complicado. No tardo mucho más y en su incertidumbre decidió reposar y ordenar sus ideas, miro el paisaje, los arboles cercanos, con sus manos acaricio el pasto entre otros hierbajos y comenzó a meditar. Más se le hizo difícil para un Tauren acostumbrado al ajetreó de la caza, más una canción que le recitaba su madre le ayudo a concentrarse, el tiempo paso y comenzó a entrar con armonía. Escuchaba los resoplidos y pisadas de un ciervo, el movimiento de los perritos de la pradera, e incluso el cantico de un zancudo de la llanura. Más en toda esa meditación nunca escucho nada que llamara mucho su atención, pasaron días y continuaba vagando por aquellos bosques, sobreviviendo como podía con algunas presas que cazaba con sus propias manos y lanzas improvisadas, entre fruta y algún que otro refugio, ya se había acostumbrado a coexistir en lo salvaje. Sinn embargo no fue hasta el último día, en el cual no sabía que sería el final del rito, decidió meditar tranquilamente como la costumbre que se había vuelto para pasar el tiempo o escuchar algún animal que la Madre Tierra le muestre y haga escuchar. Fue hay entonces cuando lo escucho, el grito de un Halcón, abrió os ojos asombrados, hacia días que no escuchaba algo así, corrió apresurado buscando alguna señal de tal ave y lo vio, con sus alas majestuosas sobrevolando el bosque y unas garras tan precisas y coordinadas que demostraban su destreza. Crinpalida corrió por el bosque tras el, sin agitarse pues algo lo impulsaba a seguir, los chillidos del Halcón lo guiaban por la inmensidad del bosque hasta que lo contemplo. En un tronco caído se instaló aquella ave de caza, el Tauren se acercó lentamente hasta aquel tronco donde se posaba el Halcón, este lo miro fijamente y no desconfió a pesar de todo. El Tauren con cuidado e inseguridad, se acerba más y más, sentía como una conexión ancestral lo guiaba e impulsaba a entrar en contacto con aquel animal, hasta que su mano toco el plumaje del ave. Ambas criaturas abrieron sus ojos, entraron en una extraña conexión y se sintieron más cercanos que nunca, a pesar de no haberse visto jamás. Crinpalida contemplo al águila, esta no tardo en dejar una de sus plumas en las manos de aquel Tauren y volar libre una vez más, Crinpalida vio como el Halcón retomaba su curso en el cielo y lo entendió, aquél era su tótem animal, su forma en la naturaleza, más al mirar al frente noto como el bosque acaba y la pradera comenzaba, hay vio a las tiendas de su tribu que a pesar del tiempo transcurrido recordaba.

Al llegar, sus padres lo recibieron con orgullo, como muchos de sus amigos y familiares. Crinpalida les mostro la pluma y aclaro con honor que su tótem era un “Halcón”, muchos aplaudieron y asintieron con sabiduría, se le fabrico un casco con aquella pluma la cual porto con mucho orgullo. Más esta prueba había terminado, y no solo gano aquel regalo de la Madre Tierra, sino que también obtuvo su nombre de adulto “Unkol”. Y así al fin de todo e reto Crinpalida, ahora recibido en la tribu como Unkol Pezuñapresta iniciaría el principio de una nueva etapa en su vida, en donde el aprendizaje de sus tradiciones y costumbres hacia la Madre Terra no cesaba sino que se mantenía constante, el aprendizaje para ser considerado un Tauren cesaba y comenzaba el momento de instruirse como un Cazador, de la HORDA.

II-Empuñad el arco, preparad las flechas, la batalla comienza.

Unkol se había fortalecido, ya no era el cachorro de antaño que apenas conocía del mundo. Ahora observaba Mulgore desde otros ojos, más aún quedaba mucho que explorar. Las Tierras de la Horda eran extensas, más Unkol apreciaba esta extensión que les prestaba la Madre Tierra para asentarse y sobrevivir, Cima del Trueno siempre fue su lugar preferido pues desde hay podría contemplar las aves, Halcones que siempre le llamaron su atención más nunca tuvo el favor de acercarse nuevamente a uno. Las cazas eran rutinarias ahora, era su deber traer para la tribu y agradecer a la Madre Tierra por esto, más apreciaba mucho a los compañeros de varios de sus “hermanos”. Pidió a la Madre Tierra que le entregara tan honor, quería un regalo como a muchos se les había dado, y así se lo cumplió, o así lo creyó el joven Cazador. En una cacería, llego su madre con agilidad, una expresión de seriedad e intriga combinada poco común en esta dejo desconcertado a Unkol, a pesar de esto guio al grupo hasta un rio cercano, desde la maleza acecharon a una gran madre Zancudo herida, muchos de sus proles habían muerto por razones de la Naturaleza, la madre moribunda intentaba proteger a los pocos que le quedaban, una imagen cruel pero realista, Unkol miro a su madre y asintió.
Nuam Pezuñapresta, la madre, empuño el arco y disparo a la Madre sin mucho más miramiento, pues sabía que su destino había sido sellado, no quería alargar más su miseria. Encargo que las proles fueran llevadas al campamento y criadas como uno más, pero una de las proles parecía débil y que no sobreviviría. Nuam asintió, la noche anterior tuvo visiones que le mostraron este tipo de acontecimientos, el rio, la madre moribunda, las proles salvadas y otras muertas, y al final un vigoroso Tauren de pelaje grisáceo pálido que observaba desde las colinas con una prole que poco a poco crecía y se hacía más fuerte. La visiones se volvieron verídicas con el pasar de los años más ahora el futuro de aquella criatura era incierto, le entrego aquella prole sin decir una palabra, pero le dio a entender que ahora la Madre Tierra había puesto en sus manos el cuidado de esta criatura, haz lo que tengas que hacer.

Unkol no sabía cómo criar a un Zancudo, mucho menos a una prole moribunda pero su estado le lastimaba por dentro, sabía que debía cuidarla pero no conocía el cómo. Más un druida, quien sabe como pero gracias a los espíritus llego al poblado, llamado Huemmul se le presento, el anciano notando las dudas del cazador ante el estado de el frágil animal se presentó, venia de otra tribu más se le había recibido en esta como un hermano. Le prestó ayuda a Unkol y al resto de la tribu en la crianza de estos animales, les demostró el dolor que sentían tanto físico como psicológico por la pérdida de su madre, lo expresaba en su rostro como si el mismo fuera quien haya ocupado su lugar en aquel estado.
Huemmul empatizo con los animales, le mostro a los jóvenes como criarlos y cuidar de estos, sobre todo a Unkol, con la prole más débil. Le mostro ungüentos y rituales con los que vendar y sanar heridas, más para las que yacen en su despistada cabeza debían ser sanados con una relación estrecha entre un Tauren y aquella prole. Unkol no dudo, se ofreció para tal tarea pues era su encargo, la Mare Tierra le había entregado ese favor y así lo cumpliría. Huemmul asintió y le entrego a la criatura, le dio ungüentos y le mostro como tratarlo, como alimentarlo, como relacionarse con el animal. El cazador aprendió poco a poco a cuidar de esta, como la prole a cuidar de Aunkol, poco a poco sus lazos se fueron fortaleciendo y la prole le veía como su compañero, como un hermano y el sentimiento era mutuo al pasar los años, Hammul en cuanto noto que Aunkol podría llevar las riendas del asunto y hacerse cargo de la criatura decidió partir junto al resto. El joven Tauren se acostumbró a la compañía de la prole que con el tiempo no fue considerado más así, y ya era todo un Zancudo, acompañaba al Tauren a las cazas y a pesar de su naturaleza cobarde se veía fuerte y territorial, era la prueba viviente del dicho “Lo que no te mata te hace más fuerte”. Los años pasaron, lazos estrechos se formaron y la criatura fue apodada como Garfarpresta, pues su resistencia y conexión con Aukol era tal que seguía las flechas de este hasta su contrincante atacando sin piedad, con cuidado de no alargar más el combate cuando podía acabar con la miseria de su presa en pocos momentos.

Se había hecho, Aukol tenía a su compañero Garfapresta, y ya se veía encaminado a la protección de las tierras de su tribu, sin embargo sus padres veían más futuro en él y en una moción apoyada por todos se le peregrino un viaje hasta Orgrimmar donde se uniría a la Ofensiva de la Horda, muchos eran los guerreros y cazadores que pertenecían a esta, claramente Aukol con su habilidad a pesar de ser aun inexperto, podría tomar lugar como un recluta más de la Horda y obtener el honor de no solo salvaguardar las tierras de su Tribu, ni las de Mulgore, sino que las de la Tierras de la Horda y traer el honor merecido a los suyos. Más un viaje de tal albergadora no se hace en un día, tuvo que optar por un viaje largo en Kodo junto a varios de los suyos.

Más algo ocurrió en Cima del Trueno, días antes, el Gran Jefe Cairne Pezuña de Sangre cayó derrotado ante el Jefe de Guerra Garrosh Grito Inferna, muchos de la Tribu se sintieron dolido por esta muerte sin honor ni empatía, más aún quedaba esperanza para los Tauren pues su hijo Baine tomaría el lugar y lideraría a los Tauren. Sin embargo algo ocurrió, los mismísimos Tótem Siniestros liderados por Magatha atacaron la imponente Cima del Trueno, esclavizaron a muchos y asesinaron a los que opusieron resistencia. Toda la familia Pezuñapresta, junto algunos otros, encontraron un refugio del cual esconderse de las garras de los Tótem Siniestro en su sed de venganza, ahí permanecieron días o inclusive semanas, muchos estaban pereciendo por la edad o el estado que se encontraba aquel refugio, la cacería debía ser rápida y bastante sigilosa o revelarían su posición, fueron momentos de terror para el Cazador que nunca se había enfrentado a algo de tal magnitud. Pero los Ancestros, lograron guía al joven Jefe Baine y este volvió con un ejército armado contra los Tótem Siniestro, todo fue una masacre, se les dieron muchas oportunidades a estos traidores pero eran tercos y seguían fielmente a Magatha, a todo costo. Muchas vidas se perdieron en la bélica batalla por Cima del Trueno, el destino de los Tauren en la Horda pendía de un hilo, Magatha traiciono a los suyos sin piedad, pero al final Baine y las tribus unidas Tauren, junto a los nuevos aliados que traía el joven Jefe, tornaron la batalla a su favor y obtuvieron la victoria. Pasaron semanas para que todo volviera a la tranquilidad, las costumbres, los animales, la gente, todo estaban intranquilos a pesar de que la amenaza había sido repelida, más gracias a la Madre Tierra que guio en todo momento al joven Baine, se logró acabar con la amenaza de los Tótem Siniestro, Unkol consiguió traer paz a el mismo gracias a su madre que le ayudo a tranquilizarse, ya había pasado y debía continuar con el viaje propuesto pues a pesar de todo pertenecen a la Horda, un soldado en su ofensiva seria digno de recordar como mucho des de sus primos, hermanos o conocidos.

Fue su abuelo Pezuñapresta, quien le presto su ancestral y extraño Kodo de tonos azulados, raro en las míticas praderas de Mulgore, fue nombrado por el abuelo como “Caudal” por qué así como pasa el rio tiene aquel color verde azulado. Así Unkol a lomos de Caudal y con la compañía del ferviente Garfapresta, partió junto a otros de los suyos hasta los Baldíos. Más al subir por las montañas y atravesar la cordillera que aísla Mulgore del resto de tierras, contemplaron como los temblores que se habían sentido hace días no eran nada más y nada menos que el mismísimo Cataclismo, la tierra era partida, el equilibrio se había desbalanceado y la Madre Tierra sufre. El cazador a pesar de no sentir el dolor de la Tierra, lo noto, a su pasar observo como grietas con lava se hacían presentes en los Baldíos, dividiéndolos.

El resto del viaje estuvo lleno de curiosidad, se pudo apreciar nueva vida en lugares que antes estaban desolados, todo se había vuelto confuso, Garfapresta se sentía inseguro en tales tierras pero no le sorprendía, Caudal ya había recorrido los Baldíos más se alteró un poco al notar que todo había cambiado. Al llegar al Cruce todo parecía común, ahí descansaron y reposaron, Unkol no tardo en notar la lastima de los chamanes que habían venido a restaurar los Baldíos. Entre todos ellos, un druida se acercó al cazador y le sonrió con orgullo al notar que era el mismo Tauren que había dejado a cargo de una prole. Era el viejo Huemmul, que había venido a investigar los daños del Cataclismo sobre la Madre Tierra, Unkol converso con orgullo y honor por la estrecha relación que formo con Garfapresta, bebieron, comieron e incluso meditaron entre las colinas cercanas, los Centauros seguían siendo una amenaza e incluso osaban atacar caravanas y atacar campamentos. Unkol no dudo en probar su habilidad y partió junto a Garfapresta, y el resto de miembros de la Horda y tuvieron una escaramuza contra los Centauros, flecha por aquí y por allá más pocas eran las que lograba acertar a los monstruos cuadrúpedos que tenían ventaja en el llano, algunos guerreros cayeron derrotados, fue una dura batalla, Garffapresta recibió golpes fuertes con heridas graves y Unkol cayo inconsciente por el golpe de una maza. Los vientos corrían y el chillido de un Halcón despertó al cazador, Garfapresta estaba sanado y vendado, Caudal permanecía afuera bebiendo, Huemmul fue quien se encargó de poner seguro al grupo y este le dijo al joven Tauren que aún tenía mucho que aprender sobre la batalla y de la caza, su inexperiencia pudo ser el fin de el en la escaramuza.

Huemmul ayudo a Unkol, como si fuera escoltado, a llegar hasta las puertas del puente que conectaba con Orgrimmar con los Baldíos. No fueron muchas amenazas las que hicieron frente al grupo de Tauren, nadie se podría oponer a un imponente a Kodo, el hábil Garfapresta, un sabio Anciano Tauren y un Joven Cazador. Al llegar a las puertas de Orgrimmar fueron bien recibidos, pues eran un miembro de la Horda más, no llamaron mucho la atención a pesar del raro Kodo en tonos azulados, Huemmul se despidió del joven en el Valle de la Sabiduría y le entrego en sus manos un Carcaj hecho de piel de Kodo y algunas plumas de Halcón que tenían los Tauren de Orgrimmar, aquel Anciano parecía tener potestad y bastante fe en el joven Unkol a pesar de toda su inexperiencia, pues notaba como aquel Tauren seguía firma y diestro su “Senda”. Al llegar a las puertas de la Ofensiva de la Horda se presentó como un recluta, entre muchos más. No se le hicieron pruebas en específico, solo una demostración de que sabía usar el arco y la flecha, le permitieron unirse y portar la armadura de un recluta de la Ofensiva al igual que tener la compañía de Garfapresta.
Pasaron muchos años de entrenamiento más le costaba aprender las tácticas de batalla, pero alcanzo ser considerado un buen recluta, ya estaba preparado, tantos años de caza en Mulgore y ahora se había unido a los reclutas que salvaguardan Orgrimmar, era un honor sin duda pues nunca pensó en que llegaría a esto, se le dieron armas típicas de un Arquero de la Ofensiva y los artilugios necesarios para la batalla. Pero el futuro era incierto, una campaña militar comenzaba justamente en el momento de su unión a la ofensiva, Unkol fue llamado para hacer frente a los peligros de Hyjal, los portales se abrieron, las armas estaban preparadas y gritos de guerra se oían en la par. Contemplo la situación, temía de una muerte, la batalla le daba nervios, pocas veces había sentido algo así, a travesar un portal mágico iba en contra del cuidado de la Madre Tierra sin embargo no dudo pues así se lo ordenaron, lo a travesó y llego ante las tierras de los Kal’Dorei, empuño su arco, cargo una flecha, junto a Garfapresta y dijo “¡Por el honor!”. [/INDENT]


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agosto 2, 2017 - 4:56 pm
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Muerte de Unkol Pezuñapresta
[INDENT]El Joven cazador no dudo en presentarse a la campaña de Hyjal y mucho menos a la campaña en Tol’Barad pues al pertenecer a la ofensiva de la Horda, era su deber luchar por esta donde se requiera. Una isla había emergido de las aguas y su cercanía con Ventormenta le convertía en un punto estratégico. Más en una de las embarcaciones, en las cuales iba Unkol, tuvieron algunos encuentro con la Alianza pero se contuvieron por un enemigo común, los Naga, la Horda y la Alianza, juntos lucharían por salir de las aguas de Vashj’Ir y de paso derrocar los malévolos planes de los Naga. Sin embargo el Joven Unkol no fue tan fuerte como el resto, su mente era frágil y sentía susurro del crepúsculo, poco a poco la Locura lo carcomía hasta que en un enfrentamiento contra u gigante del Mar, este genera un tsunami en las aguas cercanas a el, todo se movía en diferentes direcciones por causa de la onda expansiva generada por el Gigante de Mar hasta que unas rocas enormes llegaron hasta el escondite del temeroso Tauren el cual fue aplastado una y otra vez hasta que sus tripas flotaron, manchando así el agua en un tono rojizo, fallecido por el impacto de la tierra bajo el agua, Unkol fue olvidado como muchos otros caídos. [/INDENT]

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