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Sendey Ocasosereno Elfo de Sangre

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abril 22, 2017 - 7:59 pm
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[SIZE=5]Dalomismo[/SIZE]
https://i.imgur.com/Uk8Yc0U.jpg

Nombre[INDENT] Sendey Ocasosereno [/INDENT]Apellidos o apodo[INDENT] – [/INDENT]Raza[INDENT] Elfo de Sangre [/INDENT]Nivel de Rol[INDENT] – [/INDENT]Nombre de todos tus personajes[INDENT] Ninguno [/INDENT]Promociones de tus otros personajes

  • Ninguna

Promoción a la que aspiras[INDENT] Promoción inicial [/INDENT]Clase[INDENT] Cazador [/INDENT]Género[INDENT] Masculino [/INDENT]Edad[INDENT] 138 [/INDENT]Clan, tribu o cártel[INDENT] – [/INDENT]Metas[INDENT] Llegar al rango de Capitán forestal, comerciar con grandes empresarios. [/INDENT]Clases de Prestigio que aspiras[INDENT] Forestal de élite [/INDENT]Altura y peso del personaje[INDENT] 1,80m 82kg [/INDENT]Piel o etnia[INDENT] Piel blanca rojiza [/INDENT]Apariencia física[INDENT] Su cabello negro de nacimiento y largo, rasgos duros en la cara ya que ha luchado en su vida y una figura atlética, dado que al ser un errante patrulla muchos kilómetros todos los días. Los años le han dejado algunas cicatrices, la más notoria es una cicatriz vertical en la sien izquierda, de unos 7 cm. [/INDENT]Personalidad[INDENT] Sendey siempre ha tenido una personalidad fuerte, le gusta bromear sin escrúpulos y dar su punto de vista, sin embargo, luego de la tercera guerra adoptó una actitud más frívola cuando las situaciones lo ameritan. En ocasiones suele mentirle a la gente para evadir los problemas o sacar provecho de ellos, estas características lo han hecho un muy buen comerciante ya que su actitud es bien persuasiva.
Suele ser algo reacio y desconfiado aunque dé la apariencia de lo contrario, siempre está examinando a los demás para que no intenten aprovecharse de el.
No le agradan ni los orcos ni los trols ya que en el pasado ha tenido que luchar contra ellos, sin embargo, a los renegados le tiene un poco mas de respeto, eso si, los mantiene vigilados…. [/INDENT]Facción

  • Horda

Academia o Maestro[INDENT] Retiro del errante [/INDENT]Organizaciones[INDENT] Los errantes. [/INDENT]Orientación Sexual

  • Heterosexual

Creencias e Ideales[INDENT] Nunca fue bien apegado a las religiones, desde pequeño le enseñaron a conseguir las cosas por sus propios medios y a aprovechar el entorno para su beneficio. Su filosofía la aplica en los negocios y en la naturaleza (aunque a esta última le tiene mucho respeto, no caza si no hay necesidad) [/INDENT]Conocimientos[INDENT] Lenguaje común y thalassiano. Persuasión y manipulación en los negocios. Habilidades de cacería como colocación de trampas, flechas envenenadas o incendiarias y rastreo. Peletería simple y desuello. Conoce la cultura humana y élfica puesto que viajaba por Lordearon en sus tiempos de gloria. [/INDENT]Clase Social

  • Clase media

Familiares y conocidos[INDENT] Val’therian, amigo de toda la vida. Zilenis, amigo y cómplice de vilezas. [/INDENT]Lugar de Nacimiento y Residencia[INDENT] Nació en la Aldea Corona del Sol, actualmente vive en la Aldea Brisa Pura. [/INDENT]Trabajo y Herencias[INDENT] Comerciante de objetos variados, principalmente compra y venta de armas, paños, ropas. Cofección y venta de arcos y piezas de cuero simples. [/INDENT]Biografía del personaje[INDENT] Infancia.

Sendey nació en la Aldea Corona del Sol, un pequeño poblado de elfos nobles situado al suroeste del lago Elrendar, hijo de un humilde pescador llamado Halis y Sareyn, una hábil sastre que con sus manos confeccionaba prendas para la familia. Desde que Sendey entró en la niñez se vio obligado a aprender junto a su padre el arte de la pesca, sin embargo, más que como un interés Sendey al ser un solo un pequeño veía estas prácticas como aburridas y tediosas.

Un par de veces a la semana Sendey luego de pescar en las mañanas viajaba con sus padres a Tranquillien para vender pescado fresco y de vez en cuando prendas de ropa que hacía su madre, allí había un mundo más grande que en su pequeña aldea, habían sagrarios, circulaban forestales e incluso guardias patrullaban los caminos, cosa que no había en los poblados mas alejados. En una de sus estadías en Tranquillien, Sendey conoció a dos jóvenes elfos llamados Val’therian y Zilenis, que se convertirían en sus mejores amigos y compañeros de vida.

Ya cuando Sendey tenía alrededor de veinte años comenzó a formar un interés en la naturaleza y la caza. Por alguna razón siempre le gustó más estar rodeado de árboles que de gente, además, le gustaba la adrenalina así que entre más se adentraba en los bosques y más cosas extrañas veía, mas realizado se sentía. Esta actitud comenzó a generar las primeras discusiones con su padre, hasta el punto de abandonar la pesca para siempre.

Sendey se fue instruyendo por si solo en el arte de la caza, aunque de vez en cuando conversaba o salía a explorar con Errantes de Tranquillien que conocía. Estos habilidosos forestales no se resistían a las ganas de aprender de Sendey y le enseñaban técnicas de acecho, rastreo y a cómo aprovechar los cueros de animales para usarlos como protección, sin embargo, ellos tenían sus propios deberes y no tenían mucho tiempo disponible para practicar junto a Sendey, por lo que la mayor parte del tiempo este estaba solitario aplicando lo aprendido. Una teniente forestal muy hábil con sus manos le ayudó a manufacturarse su propio arco y le habló sobre un herrero de Tranquillien que podría ayudarlo a armarse de flechas. Cuando Sendey ya estuvo preparado fue adentrándose en el arte de la caza y el rastreo subiendo cada vez más la dificultad, cada animal que cazaba era más difícil que el anterior. Esto, lejos de ser una molestia le sentó bastante bien a su familia, puesto que llegaba con presas cada vez más grandes y tenían mayor variedad a la hora de comerciar, sin embargo, su madre siempre rezaba para que no le pasara nada en sus aventuras por el bosque.

Sendey fue el único de sus amigos que se fue por el lado de la caza y aunque de vez en cuando hacían esta actividad juntos, sus rumbos eran completamente diferentes, Val’therian quería era ser el mejor espadachín de Lunargenta, era muy patriota y ordenado, mientras que Zilenis, dada su gran curiosidad, se había internado hace poco en una escuela de magia. Sin embargo, sus diferencias no impidieron que hicieran muchas aventuras juntos.

Los etapa mas turbia de Sendey comenzó, las cosas que mas les gustaba al trio de amigos era hacer era viajar a otras aldeas o ciudades humanas, a veces, desaparecían por meses haciendo largas expediciones por todo Lordaeron y recorrían los barrios bajos de las ciudades en busca de problemas y peleas solo para entretenerse. Entre Sendey y su amigo Zilenis empezó a existir una complicidad a la hora de hacer maldades, cosa que no era tan común con Val’therian ya que este era mucho más correcto que sus amigos. Poco a poco Zilenis y Sendey se fueron arriesgando cada vez más hasta el punto de cometer pequeños robos a asentamientos militares o a los comerciantes de la gran Lunargenta. Sin embargo, debían tener mucho cuidado ya que en esa ciudad existía una sínica apariencia utópica, ambos creían que lejos de ser una ciudad mágica y admirable existía algo oscuro bajo ella, quizás lo más predecible es suponer que los barrios del Frontal de la Muerte sean lo más oscuro de Lunargenta, ya sea por sus secretas hermandades de pícaros, las oscuras prácticas de brujería o la bohemia, la prostitución y los juegos de azar, sin embargo, había algo más oscuro que eso y que lamentablemente la mayoría de los ciudadanos no se daban cuenta, que era el control, Lunargenta era una ciudad ultracontrolada, la guardia de Lunargenta y los gólems arcanos les provocaban desconfianza porque sabían que estos estaban dispuestos a rebanar cualquier cabeza con tal de defender la paz y la armonía de su ciudad, por esta razón, Sendey iba a la ciudad solo a cosas puntuales.

Un día, Sendey fue a encargarle puntas de flechas a su herrero, entró a su humilde forja y vió a una linda muchacha hablando con el. La elfa se llamaba Daría, ella quería ser curandera pero en vez de atarse al sacerdocio como su madre prefirió dedicarse al uso de hierbas medicinales y los primeros auxilios. Muchas veces se escapaba con Sendey al bosque, el para cazar y ella para recolectar hierbas, luego hacían fogatas y comían juntos entre los naranjos arboles de Quel’thalas. A ambos le encantaba la naturaleza y su relación comenzó a crecer más y más hasta que se convirtieron en pareja.

La segunda guerra.

En las cercanías se escuchaban rumores de algunos viajeros que hablaban de una posible guerra, al parecer, los reinos del sur de los humanos habían estado siendo asediados por una extraña turba de feroces guerreros, sin embargo, no se habían recibido noticias oficiales del reino de Lordaeron por lo que nadie quería creer aún estas extrañas historias. Sendey estaba preocupado porque los rumores no paraban de llegar y cada vez más gente era la que hablaba de esta supuesta amenaza.
Pasaron varios días hasta que, una vez, mensajeros humanos del reino de Lordaeron trajeron noticias de que la Horda Orca se avecinaba, se trataba de feroces guerreros verdes con grandes colmillos y gigantes músculos que habían asediado completamente la ciudad de Ventormenta y poblados cercanos y que en ese momento se estaba acercando a las naciones humanas y enanas del sur de Quel’thalas.

Amor, por favor, no lo hagas, ¡No quiero perderte! –exclamó Daria, empapada en llanto. Sendey había decidido unirse a las filas de los Forestales para prepararse para la guerra y defender el reino de Lunargenta por si era necesario.
Debo hacerlo Daria, se avecina una gran guerra y jamás, pero jamás, podría permitir que algo te pase a ti y a mis seres queridos –Dijo Sendey, abrazándola con un nudo en la garganta.

A pesar de que Sendey tuviera ideales muy distintos a tener que obedecer órdenes de superiores, la idea de que una guerra pudiera acercarse era terrible, además, los Errantes eran una facción muy noble con el único propósito de defender las mágicas tierras de Quel’thalas. Luego de unos cinco años formando parte de esta organización, unos mensajeros humanos informaron de los primeros ataques de la horda a la ciudad enana de Forjaz y a las costas de Lordearon. La horda Orca se abrió paso hasta llegar a los bosques de la frontera de Quel’thalas, quemando absolutamente todo junto a un gran ejercito de trolls, fue entonces cuando finalmente le tocó a Sendey por primera vez batallar una guerra.

Sendey estaba ya armado y preparado para el ataque. Divisó a lo lejos a la General Forestal que comenzó a hablarle a todos los elfos que estaban asentados en el campamento preparando sus armas.
¡Ha llegado el gran día nobles elfos y elfas! Afilen sus lanzas y espadas, que no les falte munición a esos arcos. La Horda amenaza nuestras fronteras y no podemos permitir que nos falten el respeto de esa manera, somos elfos y nos hemos asentado aquí por miles de años. ¡No permitiremos que un grupo de indisciplinados trols y vulgares orcos destruyan lo que con mucho esfuerzo hemos logrado! En marcha guerreros, recordemos este día como el que triunfamos ante la Horda y defendimos nuestro mágico y sagrado reino.
Y así comenzó la marcha, Sendey pertenecía a un grupo más reducido encargado de infiltrarse en los bosques y comenzar un ataque sorpresa por la retaguardia de la primera línea ofensiva de la horda. Cuando ya se estaban acercando aminoraron el paso para no levantar sospechas. Con el arco y flecha en mano los elfos se escabulleron por los frondosos árboles acercándose cada vez mas a las grandes columnas de humo. Sendey estaba en un silencioso estado de nerviosismo y ansiedad, los elfos caminaban lentos y callados por las verdes tierras que tanto amaban, hasta que, el silencio comenzó a desaparecer cada vez más, poco a poco fue reemplazado por un incómodo sonido de árboles quemándose y mientras más se acercaban, el sonido del fuego iba acompañándose de un amasijo de ruidos de armaduras de metal chocándose entre ellas, hachas y espadas moviéndose de un lado a otro hasta que por fin los divisaron. Grandes humanoides verdes, musculosos y con largos colmillos, armados con gigantes hachas y colosales armaduras de metal en sus cuerpos, todos jorobados y bruscos al moverse, los orcos no paraban de echar fuego a los árboles, acompañados de los largos trols armados de lanzas y espadas, con sus caras pintadas y uno que otro con algún cráneo adornándola.
Fueron largos minutos de espera hasta que el asalto comenzó, los ejércitos élficos comenzaron a atacar las líneas enemigas y los forestales salieron de su escondite atacando por flancos traseros.
Fue una masacre, elfos y orcos cayendo ensangrentados por las armas de sus respectivos enemigos. Sendey no logró dimensionar el tiempo, estaba muy fatigado física y mentalmente, después de ver a sus hermanos caer y haber tenido que matar indiscriminadamente a orcos y trols lo único que se le pasaba por la cabeza era la supervivencia, supervivencia a toda costa. Habrán pasado varias horas hasta que la batalla comenzó a ceder y la horda a retroceder. Los elfos lograron ganar la batalla, sin embargo, aún no lograban expulsarlos del todo, se venían unas largas y duras semanas.

La plaga de los muertos vivientes.

Los altos elfos llevaban ya unos catorce años viviendo en armonía con sus vecinos humanos, quizás sus relaciones se habían cortado y ya no compartían con ellos como antes pero a Sendey no le importaba, él pensaba que los elfos eran una raza lo suficientemente fuerte como para sobrevivir solos y formar un gran imperio como lo fue en tiempos anteriores. Sin embargo, Sendey odiaba las reglas totalitaristas de la ciudad y todos estos años se la pasó junto a los Errantes, su pareja y sus amigos lejos de la ciudad, solo viajaba para sabotear algunas propagandas del rey Anasterian y cerrar uno que otro negocio que tenía entre manos, también estuvo involucrado en varios ataques a los poblados de trols cercanos al bosque canción eterna y sus habilidades como forestal se habían incrementado muchísimo.
Un dia, patrullando los límites del bosque Sendey se encontró a un forestal muy agitado corriendo hacia el.
¿Qué ocurre compañero? –le preguntó- ¿Qué te trae tan preocupado?
-Tengo noticias terribles, necesitamos avisar cuanto antes a la general Sylvanas. ¡Vamos!
Los dos elfos se abrieron paso a gran velocidad hasta el enclave del errante, al llegar el elfo comenzó a dar las malas noticias a todos los presentes.
¡La ciudad humana de Lordaeron está en ruinas! Una terrible enfermedad los ha consumido y ha transformado a la mayoría de sus habitantes en unas bestias sin vida sedientas de sangre, nunca había visto algo como eso.
-¿Estás seguro de tus palabras?
-Si, lo he visto con mis propios ojos y he venido lo mas rápido posible, esta nueva horda de muertos vivientes se está acercando a pasos agigantados a nuestras tierras. ¡Hay que hacer algo lo antes posible, bloquear las puertas, que todos vayan al frente!
-Los rumores eran ciertos. ¡Atención, alerta máxima, todos a sus puestos, mensajeros, informen a la ciudad que necesitamos todo el ejército al frenta ahora ya!
Sendey y muchos otros elfos tomaron sus armaduras y se movilizaron hacia las puertas, pero a Sendey lo invadía una gran preocupación por sus amigos por lo que desobedeció las órdenes y se dirigió a Tranquillién para avisarles de lo que se avecinaba.
¡Val’therian! Se acerca un ejército de enemigos desde el sur, por favor, lleva a tu gente lejos de aquí, refúgiate en la ciudad lo antes posible. –Le gritó Sendey con desesperación.
-¿Sendey de que estás hablando? ¿Quiénes son nuestros enemigos!
-No hay tiempo, solo llévate a tu gente y avísale a Zilenis que haga lo mismo. – Sendey corrío hasta la casa de Daria y al llegar tocó fuertemente la puerta. – ¡Daria! – gritaba, una y otra vez pero nadie abría.
¡Daria! ¡Abre la puerta! – Sendey no entendía por qué no había nadie en casa y corrió hacia el sagrario en las afueras de Tranquillien para ver si se encontraba ahí. Al llegar, encontró a la madre de Daria, el elfo le contó sobre el temible ejército que se avecinaba y esta le dijo que Daria había ido al rio Elrendar a recoger hierbas para su padre que se encontraba enfermo, entonces, Sendey sin pensarlo dos veces viajó hacia el norte en busca de la mujer que amaba, pasó horas corriendo y recorrió largos kilómetros río abajo buscándola hasta que sus piernas no dieron abasto, sus músculos se cansaban cada vez mas y al no poder encontrarla se dió por vencido. Luego, un terrible pensamiento inundó a Sendey, ¡Mi familia! ¡Como he podido olvidar decirle a mi familia! Una profunda desesperación invadió su cuerpo por lo que dio marcha atrás nuevamente utilizando sus últimas fuerzas, recorrió el camino hasta Tranquillién pero en el camino solo se encontraba con gente asustada corriendo hacia las puertas de la ciudad. Sendey temía lo peor pero aun así no retrocedió y siguió su rumbo al pueblo. En el camino encontró a un errante y le preguntó sobre la situación actual.
-Los muertos vivientes avanzan con mucha rapidez, han destruido una de las puertas y se han tomado Tranquillien, la general Sylvanas dio órdenes de reagruparse en una base al otro lado del puente Elrendar, al sur de la Aldea Brisa Pura. Tiene planeado destruir el puente así que debes retroceder antes de quedar atrapado a este lado del bosque.
-No puedo, debo avisarle a mi familia en la Aldea Corona del Sol lo que está ocurriendo.
-¡No seas tonto! Para llegar a la aldea tienes que pasar cerca de Tranquillien y ahí solo hay muerte, salva tu vida y ven al encuentro de Sylvanas conmigo antes de que destruya el puente.
Sendey hizo caso omiso de estas advertencias y siguió su camino, aunque, luego de pensarlo nuevamente se dió cuenta de que el forestal tenía razón, si pasaba por Tranquillien lo único que le esperaba era la muerte, literalmente. Entonces, se adentró en los bosques que conocía como la palma de su mano para acortar camino hacia la Aldea Corona del Sol. Corrió a toda velocidad hasta que al fin llegó a su aldea natal, pero lo que vio no fue para nada agradable. En el suelo yacían cadáveres ensangrentados de elfos tanto civiles como forestales, sin embargo, otros cadáveres no se encontraban en el suelo, había un nigromante intentando levantar a los guerreros elfos que habían caído en combate, estos adquirían un color grisáceo y unos terrorificos ojos rojos. De repente, mientras observaba la terrible escena apareció un esqueleto con una espada abalanzándose contra el, Sendey hizo un ágil movimiento para evadirlo pero su reacción fue muy tarde y la espada le cortó la sien, luego, con una patada botó al esqueleto al suelo. El elfo sacó su espada pero no sabía que hacer exactamente ya que su enemigo carecía de carne que perforar, luego, el esqueleto se acomodó y empezó a levantarse pero mientras lo hacía Sendey lo atacó en la cabeza con un fuerte golpe de espada lo que hizo que se partiera el cráneo y su cuerpo se cayó instantáneamente al suelo. Algunos muertos advirtieron este hecho e intentaron cazar a Sendey pero este huyó lo más rápido por el bosque hacia el norte, en dirección al rio.
Sendey no sabía que hacer, temía que su familia estuviera ya asesinada por esos muertos vivientes, además, tampoco había encontrado a Daria, no le quedaba otra cosa que hacer mas que volver a la línea del frente antes de que destruyeran el puente así que se puso en marcha río abajo. Aunque sus enemigos habían avanzado considerablemente rápido el elfo no pensaba que la horda de esqueletos hubiera avanzado hasta el puente, por lo que había entendido se habían asentado en Tranquillien para recuperar fuerzas, en ese caso, no se movilizarían al menos en unas buenas horas y en el mejor de los casos, al día siguiente.
Al llegar finalmente al puente sus sospechas fueron confirmadas, aún se encontraba en pie y estaba vigilado por sus aliados forestales, luego fue a reunirse con los otros y a comer algo. Sendey no podía dejar de pensar en Daria y sus padres, tenía la esperanza de que Zilenis y Val’therian se hayan salvado porque alcanzó a avisarles, pero sus padres…
Oye, ¿Sabes que ha ocurrido con los refugiados? –preguntó Sendey a un compañero.
-Muchos están ocultos en la Aldea Brisa Pura, mientras que otros intentaron llegar a la ciudad, pero fueron asesinados por las bestias voladoras del enemigo al igual que nuestros mensajeros.
-¡¿Quieres decir que los ciudadanos y el ejército de Lunargenta no se han enterado de la guerra que está ocurriendo?!
-Exacto, las gárgolas patrullan las carreteras alejadas de los campamentos, hemos tratado de enviar mensajes de muchas formas pero siempre logran descubrirnos y eliminar a los mensajeros, somos la única esperanza de que los muertos no lleguen a la ciudad, si fallamos las cosas se pondrán mal.
Las cosas iban de mal en peor, ¿Cómo era posible que solo los errantes se estuvieran ocupando de una guerra mientras los magistri, rompehechizos y espadachines no tenían idea? Sendey entendió que no luchaban contra cualquier enemigo, estos no eran como los tribales trols o los salvajes orcos, estos muertos vivientes poseían una gran ferocidad, determinación y una clara organización. Pero no todo eran malas noticias, al menos había refugiados en Brisa Pura y una chispa de fé se encendió en el y emprendió la marcha. Al llegar encontró a Zilenis y Val’therian, estos se habían convertido en fuertes guerreros con el paso de los años.
Me alegro de que estén bien amigos –dijo Sendey abrazándolos- ¿Han visto a mis padres o a Daria?
No Sendey, lo siento –dijo Zilenis. Entonces una profunda incertidumbre invadió a Sendey, las esperanzas de encontrar a su gente se habían desvanecido de nuevo.
Val’therian se acercó y posó su mano en su hombro.
Tranquilo, los encontraremos, ahora debemos preocuparnos de un problema mayor. Yo y Zilenis hemos decidido unirnos a la lucha, soy un buen guerrero y puedo ayudar a exterminar a esos muertos vivientes.
-Y yo incineraré a todas esas escorias. –Dijo Zilenis creando una pequeña bola de fuego sobre su mano.
Se escuchó un gran grito que decía ¡Ha llegado Sylvanas, todos a sus puestos! Y todo el mundo empezó a agitarse, entonces los tres elfos fueron al campamento errante para ver saber que ocurría. Al parecer Sylvanas y varios grupos de élite habían estado eliminando a patrullas de muertos uno por uno, era lógico, al poder levantar a los cadáveres sus fuerzas aumentaban a cada minuto y las ataques directos generarían muchas bajas amigas, además, los muertos superaban a los elfos en número considerablemente.
¡Los muertos se avecinan, todos a la orilla del rio y preparen sus arcos, capitanes reúnan sus equipos, a mi señal lanzaremos una lluvia de flechas, todo aquel que tenga conocimientos de sacerdocio es de gran ayuda, estos muertos son vulnerables ante cualquier tipo de hechizo sagrado, ahora andando! Sylvanas se veía majestuosa dando las órdenes, Sendey pensaba que no habría nadie más capacitado para ser General Forestal que ella, su determinación y carisma además de su habilidad la convertían en una de las elfas más poderosas que había conocido jamás.
Luego de posicionarse todos no pasaron ni cinco minutos y ya comenzó a aparecer el ejército enemigo, al parecer habían estado siguiendo a Sylvanas y sus forestales. Los guíaba una especie de caballero con rasgos humanos pero de cabello blanco y piel gris, este estaba montado en el esqueleto de un caballo y lo rodeaba una especie de aura oscura, además, portaba una gran espada de apariencia siniestra.
¡Has logrado atravesar la primera puerta, maldito carnicero, pero jamás lograrás atravesar la segunda, la puerta interior de Lunargenta solo puede abrirse con una llave especial, y no la obtendrás jamás! –dijo Sylvanas, ferozmente.
¡Estás perdiendo el tiempo mujer, no puedes evitar lo inevitable! –respondió el caballero de la muerte.
¡¿Crees que escapo de ti? Por lo visto nunca has combatido contra elfos! –exclamó soberbia Sylvanas, luego, unos magos que venían con Sylvanas recitaron un hechizo que destruyó completamente el puente que los separaba de los muertos. La forestal dio la orden y una gran lluvia de flechas se precipitó con los enemigos y estos comenzaron a retroceder.

La calma no duró mucho, recibieron nuevas noticias de que los muertos habían construido un gran puente usando restos de cadáveres y habían cruzado el rio, estos habían estado avanzado hasta su posición por lo que se inició una gran batalla entre elfos y muertos vivientes. Carne podrida, huesos y sangre se derramaba a su alrededor, Sendey no recordaba una guerra tan sangrienta desde que tuvo que luchar contra orcos y trols, sin embargo, los muertos vivientes eran cien veces más sanguinarios. Fue tanta la superioridad sobre los elfos que tuvieron que retirarse a la aldea Brisa Pura y evacuar a todos sus ciudadanos, nada podía impedir el brutal avance de la plaga. El caballero de la muerte se hizo con las llaves y consiguió cruzar la segunda puerta, entonces, Sylvanas y los forestales fueron atacados salvajemente. Sin posibilidad de escape, los elfos debieron apostar todo o nada en una última batalla antes de que la plaga alcanzara las murallas de Lunargenta, ahora eran lo único que se interponía entre los muertos y la ciudad. Lamentablemente, estaba claro que la batalla estaba perdida, se derramaba sangre élfica por doquier y las fuerzas enemigas aumentaban con cada elfo que perdía la vida en la guerra, claramente un ejército de muertos vivientes estaba destinado a la victoria porque jamás podrían ser vencidos. Sendey, Zilenis y Val’therian se encontraban luchando juntos cuidándose las espaldas mutuamente pero cada vez se veían más acorralados por esas bestias esqueléticas y putrefactas.
De los cientos de elfos que habían formado anteriormente las filas que defenderían Quel’thalas ya casi no quedaban, los pocos restantes solo trataban de sobrevivir y escapar a los bosques, pero no todos tenían la misma suerte, los que no alcanzaban eran brutalmente asesinados y luego reanimados. Sendey y un grupo de elfos aprovecharon un momento oportuno para huir también, ya nada podían hacer contra una fuerza tan poderosa y se adentraron en los bosques. Fueron perseguidos por kilómetros pero al ser los elfos muy ágiles lograron dejar atrás a sus putrefactos perseguidores.
Los elfos se habían asentado al este de la aldea, cerca de la orilla tranquila. Sendey, Zilenis y Val’therian ya habían salido a acampar en el bosque anteriormente pero fue por mero gusto, sin embargo, ahora se trataba de vida o muerte. No podían abandonar la protección de los árboles porque sabían que el ejército de esqueletos había ganado la batalla y quién sabe cómo pudo haberlo recibido la ciudad. No sabían si Lunargenta había logrado por fin destruir a los invasores o si habían causado una catástrofe, tampoco sabían si andaban esqueletos merodeando los caminos o si ya se habían retirado, no sabían absolutamente nada del exterior, aunque, lo que estaba claro es que no debían ser descubiertos o sus posibilidades de sobrevivir se irían al suelo.
Pasaron varios días hasta que los elfos se sintieron extraños, con una profunda sed que los carcomía por dentro, además de una pequeña lluvia de cenizas que caía sobre ellos, entonces, Sendey y otro forestal hicieron un reconocimiento en las zonas cercanas, pero al volver al lugar de la batalla final descubrieron que no había nada más que muerte, literalmente muchos bosques estaban quemados. No encontraron ni un solo rastro de vida en todos los lugares que recorrieron por lo que decidieron ir a la ciudad a ver si había tenido mejor suerte, pero al llegar se encontraron con una ciudad completamente destruida, los edificios se encontraban derrumbados y un hedor a podredumbre se escondía en cada rincón de la ciudad. Luego de recorrer las ruinas de la destruida Lunargenta se encontraron con un grupo de elfos sobrevivientes, los cuales les explicaron que la sed interior que sentían se debía a que la plaga había corrompido la fuente de energía mágica de los elfos, la fuente del sol, y no hubo más remedio que destruirla, también había muerto casi toda la población de elfos nobles, la general Sylvanas había sido derrotada e incluso el mismo Rey Anasterian había caído con la ciudad y el príncipe Kael’thas había vuelto y se había llevado a una gran cantidad de guerreros con el. Los elfos que se quedaron se habían comprometido a reconstruir la ciudad bajo el liderazgo del Señor Regente Lor’themar Theron.
Eran demasiadas la cosas que se enteraron en los restos de la ciudad, por lo que decidieron volver en busca de sus compañeros y unirse en la lucha por la supervivencia junto al resto de los elfos. Muchas cosas pasaron mientras estaban escondidos en los bosques, como la destrucción de la Fuente del Sol, el renombramiento de los elfos nobles a elfos de sangres, la supuesta muerte de la general forestal Sylvanas Brisaveloz, la partida del príncipe Kael’thas hacia Lordaeron, entre otras cosas.

Etapa post-guerra.

Daria… lo inundó la idea de que su pareja y sus padres no habían sobrevivido, una parte de el quería creer que si, pero luego de tantos días sin saber nada de ellos había que asumir la realidad, estaban muertos al igual que la mayoría de sus antiguos conocidos. Esto cambió totalmente a Sendey, lo convirtió en un ser frío y manipulador, decidió refugiarse con los forestales y volver a las prácticas de antes de proteger los bosques, el solo se había unido para defender Quel’thalas de la horda orca pero ahora se había convertido en un propósito, un estilo de vida, su misión era erradicar a la plaga de muertos vivientes de los mágicos bosques de Quel’thalas.

Cuando su misión hubiera terminado se habría asentado en la Aldea Brisa Pura para reestablecer su vida normal, dedicandose nuevamente a sus antiguas costumbres de comercio y caza, sin embargo, nada volvería a ser igual. [/INDENT]


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septiembre 23, 2017 - 9:12 pm
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[FONT=Century Gothic][SIZE=5]Habilidades[/SIZE][/FONT]
[table=”width: 500, class: grid, align: left”]
[tr]
[TD]https://vignette.wikia.nocookie.net/wowwiki/images/5/55/Ability_tracking.png
Rastreo[/td]
[td]Sendey tiene la capacidad de localizar bestias o humanoides guiándose por las diversas señales y rastros que dejan estos en la naturaleza.[/td]
[/tr]

[/table]

[FONT=Century Gothic][SIZE=5]Objetos y posesiones:[/SIZE][/FONT]
[table=”width: 500, class: grid, align: left”]
[tr]
[TD]https://vignette.wikia.nocookie.net/wowwiki/images/6/65/Inv_weapon_bow_12.png
Arco manofacturado[/td]
[td]Este arco fue el primero que hizo Sendey luego de las lecciones de la Teniente Forestal sobre la manofactura, con el tiempo se ha agrietado y ya no funciona como antes, pero lo conserva como símbolo de la época en la que decidió unirse a los Errantes.[/td]
[/tr]
[tr]
[TD]https://vignette.wikia.nocookie.net/wowwiki/images/1/17/Inv_misc_book_09.png Diario personal[/td]
[td]El mas preciado objeto de Sendey, un fiel compañero en tiempos de nostalgia o cuando las ocurrentes y locas ideas le llegan a la mente, ya sea de negocios, del bosque o lo que sea que inunde a Sendey. [/td]
[/tr]

[/table]

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