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noviembre 9, 2018
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noviembre 9, 2018 - 11:03 pm
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Nombre y apellidos: Raenir Cystana
Raza: Sin’Dorei
Nivel de rol: Corte 3
Clase: Mago
Edad: 209 años
Metas: Conseguir salir de la calle, montar su negocio y ganar dinero.
CP a la que aspiras: Mago de batalla
Facción: Horda
Academia: Ex-guardia
Altura: 1,87m 77Kg
Piel: Pálida

D.Física: alto, de cuerpo atlético pero no musculado en exceso. Tiene un aspecto desaliñado al vestir y lleva su pelo rubio blanquecino casi siempre sin peinar. Su rostro es de facciones marcadas, con alguna cicatriz pequeña en pómulos y frente. Destacando una profunda en la comisura izquierda de su labio que continua hasta desaparecer abruptamente al final de su mentón.

D. Psicológica: hastiado de la vida, descontento. Pero a veces también puede hacer tiempo para divertirse. Puede llegar a ser borde y sarcástico en ocasiones. Antes no rea así y era mucho más jovial, aspecto que a veces vuelve a salir a la palestra.

O.Sexual: Heterosexual

Creencias e ideales: La justicia es para todos, antes morir que ver caer a su pueblo. Yo no me merezco esto.

Conocimientos: Magia, esgrima básica, pesca, thalassiano, orco y común

Clase social: Baja, vive actualmente en la calle.

Lugar de nacimiento: Alrededores de Vela del Sol

Hobbies: escribir lo que piensa, mascar cardo de sangre y leer sobre magia.

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ANTECEDENTES:[/SIZE]

La infancia de Raenir fue relativamente tranquila y feliz. Alejada de los problemas, aunque siempre había algún que otro contratiempo en el apartado económico, ya que con el trabajo de pescador que su padre tenía, no podían permitirse demasiados lujos. Cuando ya comenzaba a comprender al mundo que le rodeaba, pasaba el tiempo pescando con su padre, aprendiendo a usar los aparejos, a crearlos y a conseguir buenas piezas de pesca. Aunque con el tiempo se sabría que ser pescador no iba a ser su destino. En aquel momento de tranquilidad la tormenta pronto se cernió sobre su vida cuando su madre enfermó rápidamente. Sin darse cuenta a penas, había perdido una madre por una enfermedad que no le había dado tiempo casi para despedirse de ella. Una vez superado el trauma causado por la repentina muerte de su madre, se acostumbró a vivir solo con su padre y hacer algunas de las tareas que hacia ella para que su padre pudiese dedicarse a su trabajo.

Un buen día su padre decidió que su hijo no podía estancarse allí. Raenir había destacado bastante en su educación básica, demostrando ser bastante despierto y con una gran predilección a la hora de consumir libros. Siendo un ávido lector. Los ahorros de la familia fueron entonces destinados a llevarle a la Academia para formarse como mago, y ser así el orgullo familiar. Reanir puso rumbo a una vida que para el era incierta, vivir sin la figura de su padre, solo y sin apoyos. En aquel instante decidió que quería adiestrarse como mago, poniendo todo su esfuerzo en convertirse en un hombre de provecho para poder compensar a su padre todo lo que había sacrificado su padre. Pero ese momento nunca llegó, ya que un día de pesca su padre montó en el bote para nunca más volver, no llegando nunca a encontrarse su cuerpo.

Su formación como mago fue entonces el refugio para aprender a vivir sin nadie cercano en aquel mundo. Centrándose en conseguir el conocimiento necesario para considerarse un buen mago y obtener el poder para manipular la magia y usarla a su favor. Una vez concluida su formación como mago, decidió abandonar la ambición de progresar en la jerarquía de los Magister. En su lugar el ejército logró captar su atención y la idea de defender a su pueblo a toda costa se convirtió en su nueva ambición, algo a lo que dedicarle toda su vida. O al menos eso pensaba en aquel momento. Allí comenzó a desarrollar pericia en lo marcial, obteniendo un decente nivel de esgrima que no llegó a igualarse con su dominio de la magia, aunque tampoco era el mejor de los magos. Ni mucho menos.

Tras los años su vida llegó a hacerse monótona y siempre vinculada al servicio, a vivir por y para su pueblo.Dejando así el recuerdo de su padre atrás. Y el día en el que algo cambió fuera para agitar todo lo que había sido su vida hasta el momento. Una nueva amenaza surgía, un gargantuesco ejército de no-muertos amenazaba con aniquilar toda la existencia del Reino al que había jurado proteger, y francamente, casi lo consigue. Raenir se armó de valor para combatir, al fin y al cabo quería cumplir con la promesa que se había hecho a sí mismo. Aquella vez vio como sus compañeros caían y dejaban sus vidas en el fango que la batalla había generado. Combatió, peleo y realmente fue la suerte lo que hizo que saliese de aquella. Aunque no sin dejarle en su cara un recuerdo para siempre, cuando al retirarse a proteger a unos civiles casi da con su cara en los restos del astil de una lanza. La cual le dejó una profunda cicatriz, recuerdo de algo que por centímetros pudo haber acabado con su vida.

Pasó el tiempo hasta que puedo ver como los restos del pueblo que tanto amaba resurgir de nuevo mientras siempre arrimaba su hombro sin dudar, tratando de poner todo su esfuerzo el olvidar todos los reveses. Siempre tratando de poner lo mejor de sí mismo. Sirviendo a su pueblo como había prometido en su día, no dudando nunca en volver de nuevo a al ejército para proteger de nuevo al Reino. Por otro lado aquel resurgimiento tuvo su lado bueno, ya que en aquel tiempo conoció a Elhandra con la que tuvo una intensa historia de amor que por desgracia volvió a convertirse en un nuevo golpe para su vida. Casi todo lo bueno siempre acababa así.

Desde aquel momento volvió a concentrarse de nuevo en su vida militar. Hasta que el destino decidió quitarle eso también…

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CUANDO TODO SE CAE:[/SIZE]

La eterna primavera del territorio Sin’Dorei era propicia para pasar las noches sentado en algún banco. Observando la actividad creciente de alguna de las tabernas de la ciudad y como la gente cambiaba sus modos de actuar, haciendo cosas que nunca harían a la luz del día. Un elfo atlético y de aspecto dejado había decidido que esa sería la actividad a la que dedicaría toda su noche. Mirar la actividad nocturna de la ciudad y como algunos daban rienda suelta a la búsqueda de placer y ocio mientras otros dormían…O trabajaban.

Aquel elfo no parecía haber tenido demasiada suerte en la vida, sus ropas estaban desgastadas y eran bastante burdas. Una vieja gabardina de corte gilneano era su mejor prenda y casi con toda seguridad era robada de algún caído durante la batalla de Gilneas. Su pelo estaba desaliñado, apenas peinado y el color rubio había perdido todo brillo, quedándose en un tono más parecido al blanco que a lo que en otra época había sido un pelo brillante de tono trigueño. En su cara había alguna marca de haber combatido, de tener vinculación a una profesión de riesgo en la que alguna vez había salido perdiendo. Ya que poseía una marcada cicatriz en la comisura izquierda de su labio que terminaba abruptamente en el mentón.

Una pareja paseaba con su crio de retirada a casa. El orgulloso fruto de su unión con la osadía que solo podía tener un ser tan inconsciente como un infante, decidió pararse delante del aquel elfo.

-¡Su cicatriz da bastante miedo!- Espetó el niño olvidando todos los preceptos que sus padres le habían dado respecto a la educación.

El elfo miró al niño con una sonrisa de medio lado y tras sostenerle la mirada unos segundos que parecieron eternos, decidió moverse de forma busca para ahuyentar al molesto chaval. Una vez la silueta del diminuto vástago de aquella pareja se perdió por una de las puertas que dividían los distritos de la ciudad. El elfo sacó un pequeño cuaderno de tapas de cuero de lince y miró durante unos instantes sus hojas vacías antes de sacar de otro de los bolsillos un tintero y una pequeña pluma. Una vez puesto el cuaderno en su regazo y dispuestas pluma y tintero, comenzó a escribir.

“Diario de Raenir Cystana, página 1.

Hoy hace exactamente dos meses que he sido expulsado de la guardia de la ciudad y el dinero comienza a escasear. Tantos años dedicados al entrenamiento primero en la magia y luego en la maldita espada…Tirados a la basura por culpa de un maldito niñato con padres poderoso. Y bueno, también por mi culpa. Quien narices iba a pensar que partirle la boca a un impresentable que hacía lo mismo con su pareja iba a terminar así…Desde luego yo no.

He tenido que dejar la casa y llevar todo mi dinero encima, he estado mirando lugares para hacer una oficina…Algo tengo que hacer con los conocimientos adquiridos. Y he pensado que tal vez un negocio privado de investigación no vendría mal. Siempre hay gente que cree que le han encantado, que tiene un fantasma en casa o a la que le han matado un primo con una maldición extraña…Y desde luego siempre hay gente que no quiere esperar a que la guardia solucione sus problemas. Alimentarme de la prisa de esta ciudad no me parece mal del todo.
Hoy también he visto a Elhandra, parece que dejarme en la estacada le ha ido bien. Por lo que sé ahora pasea su belleza de pelo ardiente y piel de porcelana al lado de un capitán, he de decir que con la cara mucho menos tocada que yo. Para variar es hijo de buena familia, como no. No el hijo de un pescadero del fondeadero Vela del Sol. Espero que les vaya bien, la verdad.
Por otro lado un crio acaba de decir que doy bastante miedo, y la verdad es que hoy me he mirado en el agua de una fuente…Y el puto niño no miente. Me veo horrible, tampoco he sido nunca una belleza suprema. Pero joder…”

Raenir cerró el cuaderno y coloco todos los útiles en sus bolsillos de nuevo para posteriormente algo nuevamente de dentro de aquellos maravillosos bolsillos. Abrió el puño y miró en su palma se desparramaban varios pétalos de cardo de sangre a los que sonrió con cara de cierta satisfacción. No tardó demasiado en echárselos a la boca, para comenzar a masticar de forma lenta y rítmica. Aquella droga blanda le hacía más llevadera su situación, pero la verdad es que le estaba cogiendo demasiado el gusto.

-Estás jodido Raenir…Estás jodido- Dijo antes de continuar caminando por la ciudad sin ningún rumbo fijo. Buscando algún local barato en el que empezar de nuevo.

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