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Farengard ''Lucky'' Semielfo

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mayo 16, 2018
sp_UserOfflineSmall Desconectado
1
julio 10, 2017 - 1:59 am
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[SIZE=5]Dhalen[/SIZE]

Nombre y apellidos[INDENT] Farengard ”Lucky” [/INDENT]Raza[INDENT] Semielfo [/INDENT]Nivel de Rol[INDENT] 4 [/INDENT]Promoción a la que aspiras[INDENT] Subida por semillas a corte 4 [/INDENT]Clase[INDENT] Picaro [/INDENT]Género[INDENT] Masculino [/INDENT]Edad[INDENT] 26 Años [/INDENT]Clan, tribu o cártel[INDENT] – [/INDENT]Metas[INDENT] Encontrar a su madre, consweguir riquezas y salir de la pobreza. [/INDENT]Clases de Prestigio que aspiras[INDENT] A decidir [/INDENT]Altura y peso del personaje[INDENT] 1’97 m [/INDENT]Apariencia física[INDENT] Orejas largas cul semi elfo, en su rostro se notan los rasgos humanos de su padre, el pelo rojiso y ojos color azul. [/INDENT]Personalidad[INDENT] Jocoso y carismatico, superticioso y fanatico de la suerte, si algo dice esta que está mal, no creas que farengard vaya a por eso. [/INDENT]Facción

  • Hostíl

Academia o Maestro[INDENT] Las calles de kul’rias enseñan demaciado, aprendió el uso de las dagas y las cartas por mano propia, mas los libros igual ayudaron [/INDENT]Organizaciones[INDENT] Los errantes del infierno [/INDENT]Orientación Sexual

  • Heterosexual

Creencias e Ideales[INDENT] Cree en la suerte como en ningun otra cosa, no profesa fe a ningun dios, o deidad [/INDENT]Conocimientos[INDENT] Conoce el thalassiano y el comun, Fanatico de la literatura y los libros de historias. [/INDENT]Clase Social

  • Clase media

Familiares y conocidos[INDENT] Eithiel Diel’soran (Madre- desaparecida) Alfred Bildererg (Padre Muerto) [/INDENT]Lugar de Nacimiento y Residencia[INDENT] Nacido en Kul’tiraz, recide alli donde los piratas vayan [/INDENT]Trabajo y Herencias[INDENT] Ladron en sus tiempos libres. [/INDENT]Historia del personaje[INDENT] Introducción:

La suerte acompaña los pasos de todos, lo quieras o no, te acompaña.
2:30 de la madrugada 5to día de invierno, taberna de bahía del botín:

-Una botella mas de ron.. *dijo aquel elfo de cabellos azules, aunque más que elfo era un semi-elfo*
-*Tomó la botella y se sentó en una mesa mientras dejaba las cartas sobre la mesa* Un día más en este basurero… *murmuró el elfo mientras daba un trago a la botella de ron*

Una noche más en aquella taberna, ya había perdido la cuenta de cuantos días pasaba en aquel mismo bar y la misma mesa barajeando las mismas cartas, ningún incrédulo caía ya en sus trucos.

*Un estruendo sacudió la tranquilidad de la taberna, un capitán bullicioso, si, como ningún otro, entró fardando de todas las riquezas que conseguía en la mar, todas estas saqueadas a pequeñas embarcaciones, pescadores y demás, sin duda un timo de persona*

-Busco grumetes, ¡si, si! Grumetes que estén dispuestos a zarpar a altamar! Voy tras la pista de un gran tesoro *fardaba el rechoncho y recubierto de joyas* Aquellos valientes que deseen zarpar a altamar y poner sus vidas en riesgo por quien dice, un poco de aventura y fortuna, el muelle les espera! *Rió a carcajadas mientras se tenía la enorme panza* Y claro… no se aceptan ni tullidos ni cojos, mucho menos flojos y holgazanes, y ¡claro! ¡Menos cobardes! *se rio mientras salía dando una patada a la puerta*

Allí sentado, el joven Farengard mientras dio un buen trago a su botella de ron terminando el último cuncho de ron, miró sus cartas:

-Veamos dama fortuna… que deparas para mi… *Barajeó las cartas mientras con suma audacia lanzó una contra la mesa clavando su afilada punta en la madera, así pues apartó el resto y tomo la clavada sobre la mesa* As de diamantes eh? *esbozó una siniestra sonrisa, y mientras pagaba a la tabernera un par de doblones de plata por las botellas bebidas esa noche, que no eran pocas precisamente, después de esto, tomó su preciado mazo de cartas y su abrigo y se dirigió al muelle*

El muelle de bahía del botín, tan movido como siempre, desde un escándalo de traicioneras furcias por un par de monedas arrojadas por aquel galán del barrio, hasta un asaltante novicio siendo zurrado por los por dejarse pillar mientras escapeaba un par de carteras, cosa que a farengard lo traía sin cuidado.

4:30 de la madrugada, puerto de bahía del botín:

Farengard llegaba a el barco de aquel capitán regordete de mofletes anchos y sonrojados, quien se hacia el malo mas de eso poco tenia, se notaba a leguas que todo lo hacen por él sus hombres, farengard alzó la mirada detallándose en cada uno de los presentes, una tripulación llena de idiotas claramente, hasta hipócritas eran, pues entre los suyos un tullido había, sin duda algo que causo cierta gracia a farengard.

-Eh tu, orejudo *dijo el gordinflón mordiendo una pata de jabalí* Que mierda buscas! *dijo aquel capitán sobresaltado*

-*Farengard alzó la mirada directo a los ojos marrones de aquel gordo sentado en una silla forjada con bronce* La Dama fortuna me sonríe…. Escucho sus susurros, la mar llama y el oro tintinea tras las olas de aquella marea azul… *dice mientras jugueteaba con una carta de as de diamantes*

-*El capitán alzó entonces la mirada a uno de sus camaradas, uno bastante ciclado, mientras ordenaba con su mirada que enfrentara a farengard* Veamos si tienes lo necesario… Combate con este cacho mierda… si lo matas estas dentro sí. *dijo el capitán mientras reía esperando ver los sesos de farengard desperdigados por el sitio*

-*Farengard asintió con una elegante reverencia y para cuando se levantó ya tenía a aquel mastodonte encima sin darle tiempo a esquivar se llevó un golpetazo en la boca, los s se rieron a carcajadas mientras el volaba un par de metros cayendo en el barandal del barco, sin más, empuñó sus cartas y mientras esquivaba uno tras uno os golpes del lento guerrero, lanzó varias cartas rematando al mastodonte con una carta entre ceja y ceja, cayendo muerto al suelo, los s callaron, vieron a farengard sorprendidos mientras este retomaba sus cartas, así pues sacudió sus ropajes y miró al gordinflón* Bien… cuando partimos… *después de esto, esbozó una sonrisa de complacencia*

Capitulo 1: El principio de una relación peculiar.

Nacido de la semilla de una pareja extraña, una forestal quel’dorei enamorada de un guardia de , mas si queremos conocer como se fundó este extraño amor debemos remontarnos a años atrás, cuando la quel’dorei llegó buscando refugio después de la destrucción de su gran ciudad por parte de la plaga, débil y apenas pudiendo sostenerse en pie, arco en mano llegó a los bosques acompañada de mas refugiados, el guardia Llamado Alfred Bilderberg iba justo cubriendo aquellos caminos, espada en el cinturón y escudo a la espalda mientras silbaba por la monotonía de una noche mas, una noche sin nada más que lobos, mas no sabía que ese día sería el inicio de un gran romance.

-*antorcha en mano Alfred dialogaba con su compañero de guardia* Ese bandido a tenido suerte de que estuviera contigo hoy William. *dijo mientras caminaba atento a su entorno* si por mi fuese su garganta estuviera ya llena de moscas.

-No seas cruel Alfred, era solo un chico joven con dudas, seguro este susto le valdrá para enderezar su camino *sonrió pues William mientras acompañaba a Alfred con su antorcha por los caminos de elwynn*

Un grito de dolor ahogado se escuchó en todo el bosque, un hombre al parecer, Alfred atento a su entorno calló atento al ruido.

-¿Escuchaste eso William? *dijo atento al bosque* Es un grito…

-Solo será el aullido de un lobezno de apenas 1 mes Alfred, por la luz deja ya la paranoia *dijo William mientras daba dos tragos a su cantimplora*

-Sean paranoias o no viejo amigo, mi altruismo me rescata, regreso en un momento. *así pues el guardia corrió a los gritos mientras dejaba la antorcha atrás, no quería que le vieran desde más de 1 kilometro acercarse, así pues tener el factor sorpresa de su lado, cuando por fin logró ver la señal de los gritos pudo ver que eran unos elfos bastante acarreados de cosas y indefensos, aquellos bandidos vestidos de rojo habían acabado con la vida de sus ya cansados guardias, solo una elfa les hacia frente a la amenaza de los bandidos, lleno de coraje y tratando de ayudar a los que estaban en apuros, saltó de entre los matorrales sesgando la vida de uno de los bandidos, mas aun quedaban alrededor de 10 o así, Alfred sabia que se había metido en una gorda, mas no se rindió, alzó la mirada a aquella joven elfa que con coraje enfrentaba a los bandidos y dio una sola orden* Elfa! Usa tus flechas para cubrir mis espaldas, me encargaré de acabar con cada bandido que se acerque a esta caravana. *dijo mirando a cada lado contando un total de 10*

-*La elfa algo atónita por el coraje del sin dejar de lado su regia actitud de guerrera habló al con un tono sobrio* Acaso estás loco ? Solo me quedan 4 flechas, y por más que acabe con 4 de esos, otros 6 te destrozaran… ¡es una locura! *dijo la elfa apuntando con su arco mientras el se posaba desafiante en frente de la caravana escudo y espada en mano defendiéndole*

-De locuras se vive, y que mas dará si total, de igual forma vamos a morir, no cree usted señorita, que es mejor hacer una locura y tratar de sobrevivir a dejarnos asesinar? *dijo Alfred mientras esbozaba una sonrisa* Atenta pues, la suerte ha de favorecernos. *dijo lanzándose contra los enemigos*

Aquella fue como una primera cita, más es sabido que la cultura elfica es diferente a la humana, mas me gustaría decir que aquella noche Alfred se salió con la suya, la elfa le agradeció y todo terminó con una despedida y el volvería a su guardia, no, no fue así, pues cuando parecían ganar, y Alfred enfrentaba a uno de los últimos bandidos defias uno más se abalanzó sobre el de entre los matorrales, la elfa sin flechas solo alcanzó a lanzar un grito de advertencia, mas era tarde, aquel Bandido causó un corte en la cara de Alfred arrebatándole uno de sus ojos, después de esto, el Defias calló bajo el filo de la espada de Alfred quien herido cayó al suelo inconsciente.

6:30 am 1 Día después de lo sucedido en el bosque:

*Alfred abrió los ojos, o bueno, el ojo, todo era borroso no veía más que cucullos revolotear en el aire, se llevó la mano a la cara y notó aquellas vendas cubriéndole un ojo, no había sido un sueño había sido real.* La suerte esta vez no me acompañó… *refunfuñó mientras restregaba el único ojo que le quedaba*

-Has despertado ya por lo que veo… *dijo una voz dulce y similar para Alfred quien volteó la cabeza para ver quién era aquella voz*

-te recuerdo si… La elfa del arco… *refunfuñó por el dolor* ¿qué haces aquí? *preguntó confuso*

-Solo he venido a dar las gracias a aquel que salvó a aquella gente y a mí, claro está… aunque seas un loco, sentía que debía hacerlo *dijo la elfa mientras miraba a Alfred con sus profundos ojos azules*

-*Alfred sonrió pues y volvió a caer acostado* La locura es parte de la existencia, medidas arriesgadas para casos complejos… la suerte tal vez esta vez me abandonó mas créame usted señorita, es la primera vez en toda mi vida que esto sucede, tal vez sea una señal. *dijo mirando hacia el techo algo mareado*

-Tómelo como quiera pues, mas ya he cumplido con lo que sentía que debía, *se levantó la elfa de la silla* llevo prisa se me hará tarde.

-¿Tarde? Si apenas comienza el día. *dijo Alfred mientras se arropaba el frio le pasaba por cada poro del cuerpo*

-Por lo mismo… las pruebas de la guardia comienzan en poco, he de ir, no puedo quedarme aquí sin hacer nada por aquellos que tendieron una mano en tiempos de necesidad *dijo mientras se acercaba a la salida* Buena fortuna pues hombre loco *dijo la elfa mientras salía de la enfermería*

-Fortuna… *dijo Alfred entre dolores* tal vez ya me abandonó para siempre… *dijo mientras volvía a quedarse dormido*

Capitulo 2: La semilla de una relación impura.

Así pues el inicio de una larga cadena de coqueteos, citas, un largo año de palabras, guardias conjuntas y largos paseos por las sendas del bosque, mas dejar esto en un simple párrafo sería algo soso *el narrador alza sus manos y envuelve al lector en un flash back* Volvamos al pasado, veamos cómo se consumó esta relación.

*Tarde de un jueves, última semana de otoño, cerca a la abadía villa norte dos tortolos paseaban entre los bosques, bastante enamorados y mirándose a los ojos, así pues pararon a mitad de un sendero rodeado de flores rojas y azules, Alfred miró a Eithil a los ojos, aquellos ojos que antes no veía si no como una compañera, una camarada, mas ahora los veía con ojos de amor.* ¿Recuerdas nuestro primer encuentro? *esbozó una sonrisa*

-*Eithil esbozó una sonrisa enamorada* como olvidar aquel loco que de entre matorrales saltó a salvar a un grupo de elfos desconocidos mientras chillaba, ¡EH ELFA CUBREME QUE NO PUEDO SOLO! *rio pues y miro las flores*

-No recuerdo que fuese así.. *dijo Alfred mientras pensativo y confuso, aquel golpe del bandido algunos recuerdos borró* bah, no importa pasado al pasado, lo importante fue nuestro encuentro querida. *sonrió* Aunque muchos digan que es una relación que poco durará créeme, espero morir en tus brazos mientras con mis últimas palabras te digo lo mucho que te quiero. *dijo Alfred sonrojado, no suele decir palabras tan cursis*

-*eithil miró con ojos de asombro a aquel que ahora era a quien su corazón decía que debía amar* No sueles ponerte tan cursi amor mío… ¿acaso algo te acongoja? No pareces el Alfred corriente que disfruta de salir a cazar conejos, ciervos y lobos y regresar a casa con un buen pedazo de carne y beber algo de cerveza a la luz de la hoguera mientras lees esas historias de batallas gloriosas, ¿algo te pasa? *Dijo Eithil preocupada por su esposo mientras le veía directo a los ojos color marrón*

-Nada me preocupa, ¿que acaso no puedo ser algo cursi por una vez? Es raro en mi, si, pero como dice aquel borracho de la taberna del barrio , una vez al año no hace daño. *sonrió pues a eithil mientras sus cabezas se acercaban para culminar en un bello beso, una tarde magnifica que culminaría en casa, en una noche de velas, romance y vino, de la cual una sorpresa prontamente llegaría.*

Un tiempo después…

-*Eithil corría con premura a casa, su cara de felicidad reflejaba algo grande, un augurio de buena fortuna para la familia, al llegar abrió la puerta de casa, encontrando a su esposo sentado como de costumbre con una cerveza al lado de la chimenea con un libro abierto, se acercó con sigilo tras el y le dio un cálido abrazo susurrándole al oído que debían hablar, así pues eithil subió al segundo piso al cuarto donde dormían, allí esperó a su esposo quien 5 minutos después apareció algo agotado, no hace mucho había llegado de su turno de guardia, por un momento las miradas chocaron, el silencio reinó unos segundos hasta que Alfred se sentó junto a ella algo nervioso viéndole tan extasiada, colocó su mano sobre su muslo mientras la vio a los ojos* ¿Que sucede querida? Que es eso que te trae tan feliz… pareciese que hubieses visto al mismo variam caminando por el distrito de mercaderes. *dijo Alfred Mientras veía a su esposa a los ojos*

-*Eithil no podía ni mediar palabra, abría la boca mas las palabras de esta no salían, pareciese estar atónita y sin poder si quiera exhalar una viruta de aire* es.. *dijo tomando coraje mientras esbozaba una tierna sonrisa, al igual multitud de cosas acosaban su mente, su futuro, su pasado, sus enseñanzas, un choque de emociones acosaba a la elfa quien apenas podía si quiera mantenerse consiente.* Estoy… *dijo mientras las gotas de sudor recorrían su frente y su esposo tomaba fuertemente su mano, parecía preocupado, ella por otra parte tenía su corazón a mil, ¿Debía decirlo? ¿Era el Momento? ¿Cómo se lo tomaría? Tantas dudas… dudas que ponían aun más nerviosa a aquella elfa.* Estoy… e *Se cortó mientras vio a su esposo a los ojos, las lagrimas recorrían sus rosáceas mejillas, mas no eran lagrimas ni de tristeza ni de alegría, ni ella misma sabia porqué eran, simplemente emanaban de sus ojos, como si fuera una respuesta instintiva de su cuerpo*

-¡Dímelo ya querida… harás que mi corazón salté por la ventana y sea comido por los perros de el vecino! *dijo Alfred mientras el sudor comenzaba a emanar de sus manos, empapando las de eithil igual, así pues miraba de un lado a otro sin saber qué hacer, si levantarse e ir a por agua o simplemente aguardar, mas después de unos segundos se levantó, corrió a la cocina y subió como alma que lleva el diablo con una farra llena de agua y dos picheles* Tranquilízate querida… *Dijo mientras ponía los dos picheles en la mesa auxiliar y dejaba caer el agua al interior de estos, las dudas mientras este hacia eso, comenzaban a acosar su pensar, no sabía que quería decir su esposa, mas una vez terminó de servir el agua le ofreció un pichel y volvió a sentar a su lado.* Dímelo ya por amor a la luz, mi corazón está tan acelerado como aquellos motores s… por favor querida, si es que aprecias a tu esposo y no quieres verle morir de un infarto, habla!. *dijo Alfred bebiendo de su pichel con premura y impaciencia, los nervios le acosaban y jugaban en su contra, aquel tic que tenía en su niñez volvía, la ceja se movía por si sola como si un hilo la tirase, mas poco le importaba eso ahora, algo mas importante sucedia.*

-*Eithil más calmada miró pues a su esposo, se limpio las lagrimas y el sudor de la frente, se levanto, y tomo sus manos colocándolas en su abdomen mientras cerró los ojos y tomó aire, segundos más tarde exhaló, soltando al fin las palabras que el hombre quería escuchar.* Estoy en cinta… *dijo mientras las lagrimas brotaban de nuevo de sus ojos, no podía creerlo, lo había dicho, a lo mejor no fue la mejor decisión pero lo había hecho.*

-*Alfred permaneció unos momentos atónito, pasaron 2 minutos mientras la pareja permanecía en la misma posición, Alfred con la mente en blanco simplemente veía el abdomen de eithil poco a poco sus ojos se fueron enlagunando, y las lagrimas brotaron, Alfred sonrió, sonrió como nunca antes, su reacción no fue otra que tomar a su esposa y darle un fuerte abrazo mientras susurraba a su oído lo feliz que le hacía, los gritos de felicidad invadieron la casa, todo culminó en un bello silencio, un beso y ambos se quedaron dormidos hasta el día siguiente, o quizás no? Solo sé que el silencio reinó.*

Capitulo 3: Un nuevo comienzo.

*Un cartel de ‘’EN VENTA’’ bien grande se veía en la casa que durante años habían habitado la familia, mas ya era demasiado pequeña, dos adultos y un pequeño niño, no era suficiente espacio para todos, así pues decidieron vender y mudarse, lejos de la mirada de aquellos que juzgaban su relación, muchos decían que era impuro, la familia de eithin le dio la espalda, Alfred de por si era solo, no contaba con nadie, mas si lo tuviera estaba dispuesto a abandonar todo por su esposa y su hijo, así pues y luego de largas noches en vela haciendo cálculos, charlas y preparativos la pareja decidió marcharse al archipiélago de kul’tiras, allí no serian vistos con asco, su hijo crecería feliz, y ellos, dedicarían su vida a la pesca, a comerciar o simplemente se unirían de nuevo a la guardia, en este caso la marina tírense, a Alfred se le notaba feliz, aunque algo agobiado, le apenaba dejar , donde tantos recuerdos bonitos afloraron, donde creció al lado de su padre y madre quienes ya ni Vivian, mas las memorias son lo único que quedaban, sentía que se desprendía de un buen pedazo de su historia, mas tan bien sentía que esto le vinculaba mas con su amada, pues una vez ella igual lo pedio todo, y gracias a ello pudo conocerla.

Eithin se le veía decidida, durante años sirvióa la guardia en modo de agradecimiento por el apoyo prestado a los refugiados de su tierra, mas ahora etnia una familia, una familia un tanto peculiar pero tenía una, y aquella familia elfica que aun tenia la desapreciaban por aquella mezcla impura, acto que llenaba a eithil de desesperación, casi llevándole a la depresión, desprenderse de su cultura le daba un gran dolor, mas el amor que sentía por su esposo y su futuro hijo le conciliaban nada podía remediarse ya, y en realidad no se arrepentía, los años vividos junto a Alfred habían sido buenos, aunque lejanos de la ostentosidad de su familia elfica, fueron buenos, había aprendido tantas cosas de aquel hombre loco, tantas que había perdido la cuenta.*

Al fin la csa se había vendido, un mercader de la zona, que vivía solo, la compró, pues le quedaba bastante cerca de su puesto y era sin duda como anillo al dedo para el, una gran suma de dinero por el pequeño chalé aunque era humilde estaba bien decorado y para ser una familia de clase media baja, se daban de vez en cuando el placer de darse un gusto.

Con aquel dinero el pasaje al archipiélago compraron, en una nave llamada ‘’la sirena de agua dulce’’ un barco comerciante que venía desde allí trayendo vino tírense, el mejor vio de azeroth, sin dudar pues abordaron el barco tomados de las manos, con poco más que sus ropas, las fotos y las viejas armaduras de guardia, así pues, la familia dejaba atrás un trozo de su historia, los dolorosos recuerdos de el repudio de eithil, y para Alfred los mejores años de su vida con sus padres, mientras le leían historias sobre caballeros del calibre de arthas menethil, o su maestro uther el iluminado, sin más pues, y viendo las olas romper por el barco, partieron a una nueva vida, donde tal vez vivir mejor, o tal vez, pasar de la cómoda chimenea a un lugar algo más aterrador.

Unos días más tarde:

-*El barco surcaba las olas rompiendo con el mascaron ola tras ola, el capitán salía de su camarote mientras observaba a tus grumetes limpiando la cubierta, una sonrisa se dibujaba en su rostro mientras cada integrante de la tripulación salía de los camarotes a un nuevo día de labores, el capitán tomó su sombrero de ala ancha, su abrigo y bajo las escaleras.* Atención en cubierta! *dijo el capitán mientras sus pies hacían sonar las tablas viejas del barco* Echen el ancla y amarren las velas, limpien la cubierta y despierten a los pasajeros, hemos llegado de nuevo a casa! Y esta vez estaremos una temporada ¡sí! *se subió los pantalones y se peinó el bigote, bajó las escaleras que daban directo al muelle, inhaló el aire con fuerza y cuando por fin sus pies pisaron el suelo tírense esbozó una sonrisa, se giró viendo a sus pasajeros, entre ellos Eithil y Alfred, mientras sonreía* ¡Gracias por viajar en la sirena! Si desean seguir viajando con nosotros nuestro próximo destino es gilneas si, estaremos en puerto un par de semanas, Hasta la próxima y ¡gracias por confiar en nosotros¡ *dijo mientras hacia una reverencia a sus pasajeros y luego se levantó y emprendió el viaje a la taberna más cercana*

-*Alfred cargaba con las maletas mientras miraba de un lado a otro extasiado mientras veía a su esposa cansada, tenía cara de pocos amigos, algo que solía suceder si eithil no dormía bien, sonrió pues sabía que esto se le pasaría con una buena noche de sueño* Hemos llegado, nuestra nueva vida espera y el pequeño Alfred Jr ¡le encantará crecer entre barcos! Si, compraremos un bote iremos a navegar y pescaremos, dormiremos y las estrellas ¡serán nuestro refugio! Si *dijo Alfred tratando de animar a eithil mas su cara de pocos amigos persistía*

-Después de una noche de sueño quizás tus locuras cobren sentido *dijo eithil mientras entraban a una posada de bastante buen ver, no tenia cabeza para otra cosa que no fuera dormir después de 2 días en barco y durmiendo 5 minutos, poca cabeza tenia la elfa para otra cosa que no fuera descansar, tomaron una habitación grande, y las maletas descargaron, fue solo ver la cama para lanzarse directo a ella y caer dormida cual doncella elfica*

Así pues la llegada de aquella familia peculiar a kul’tiras fue satisfactoria, el inicio de una noble vida de campesinos, un par de semanas en aquella taberna mientras conseguían un buen chalé, al final en aquel pueblo a los lindeles de boralus justo a la orilla del mar, encontraron un bello chalé, el cual sería la vivienda de aquellos dos esposos y su venidero hijo, prospero futuro les acompañó durante una época si, mas fue solo esperar a que el pequeño Farengard creciese, si, farengard llamado por eithil, pues pensaba que al ser semi elfo y llamarle Alfred seria una afrenta bastante grande, y aunque recibiría insultos por parte de ignorantes, si tenía un nombre elfico tal vez el acoso fuera menos, así pues el pequeño farengard creció satisfactoriamente al lado de sus padres, quienes para sostener a su familia adquirieron un pequeño barco, Alfred por su parte con el barco se dedicó a la pesca, alejándose de la vida de guardia, simplemente viendo crecer a su pequeño le bastaba, por otra parte eithil se dedicó a la vida hogareña y a cuidar del pequeño farengard, solo fue hasta la edad de 14 años, pues el chiquillo parecía cuidarse ya solo, así pues eithil aprovechando que su pequeño ya no necesitaba demasiada atención consiguió un empleo en una taberna en los muelles de aquel pequeño pueblo, sin duda parecían afrontar cada dificultad, mas aquí es donde empieza la historia del pequeño farengard. *el narrador alzó las manos pues y infundió en un sueño al lector* veamos pues como se desarrollo la infancia de aquel chiquillo semi elfo.

Capitulo 4: Los inicios de una larga cadena de desastres

*Farengard abría sus ojos acostado en su cuarto, suspiro un par de veces y se levantó de la cama, miró por la ventana, el mar como siempre le reconfortaba, esbozó una cálida sonrisa y caminó a la puerta de su habitación, miró a cada lado del corredor y emprendió la caminata rumbo al cuarto de baño estrego sus dientes y se enjuagó la cara, intentó bañarse mas no era el día, ya hace dos lo había hecho, que mas daría un día, así pues salió del cuarto, y bajo las escaleras al salón principal donde su madre se preparaba para irse, dejó servidos un plato de waffles sobre la mesa, y al ver al pequeño le dio un beso en la frente y se despidió, farengard se sentó comió con presteza y se levantó saliendo de casa mientras miraba a cada lado en busca de alguien o algo* No está… *Pensó mientras esbozaba una sonrisilla traviesa y echó a correr a quien sabe dónde y se perdió en el horizonte de las callejuelas de aquel pueblucho*

-Llegas tarde orejudo! *dijo un chiquillo de no más de 13 o así mientras sonreía a farengard* ¿Acaso te daba miedo venir? Seguro le contaste a tu mami de nuestros planes, niño llorón. *dijo el chiquillo con tojo jocoso y burlón*

-Cállate ya Derek *dijo farengard mientras reía y tomaba de entre una rendija un par de pinchos artesanales, al parecer los chiquillos pensaban hacer algo… algo no muy bueno* Estoy listo… dime que he de hacer *dijo farengard mientras observaba al chiquillo con una cicatriz en la mejilla*

-Bien escucha *alzó uno de los pinchos artesanales* aquel comerciante idiota y gordinflón suele pasar por aquí cada día a las 2 en punto, solo y comiendo madalenas, corres, le pones los pinchos en la espalda y yo le robo la bolsa de monedas, fácil sencillo y ¡somos ricos! *Dijo Derek mientras alzaba las manos animado* venga farengard prepárate pequeño orejudo! *dijo Derek poniéndose al acecho atento a las callejuelas mientras farengard hacia lo mismo*

Los pequeños idiotas y inmaduros chiquillos se perpararon para dar el golpe de sus vidas, pensaban que su plan era perfecto, quizás lo fuera o quizás no, Farengard bastante supersticioso lanzó una moneda al aire mientras recitaba, cara lo logramos cruz fracasaremos, así pues la moneda voló mientras el sudor recorría la frente de farengard y Derek lo veía entre risas, la moneda seguía girando y se acercaba el caer, cara, cruz, cara cruz, daba vueltas sin parar, para farengard era una tortura, la moneda tintineó contra el suelo, farengard la miró y sus ojos se abrieron como platos… cruz… sin duda para el supersticioso chiquillo un augurio malo, tragó saliva y dudó en si hacerlo o no, tal vez no debía, más un grito de Derek lo volvió al mundo, el mercader se acercaba era su turno, se colocó el pequeño pañuelo mugriento en la cara tapando parte de esta empuñó sus pinchos y aunque con duda y nerviosismo cargó contra el mercante, colocando los pinchos en su espalda, el mercante con una actitud bastante asustada miro al que le aprisionaba y así pues una figura desde atrás se abalanzó sobre farengard dagas en mano, un corte preciso hiso caer al semi elfo de culos, directo a su cara fue y una gran cortada causó en el ojo derecho del chiquillo, por poco pierde un ojo mas la suerte ha sido benevolente, solo un bello recuerdo de aquel día, Derek por su parte huyó al ver a farengard caer, y aquel hombre misterioso que el causó aquella herida le tomó del cuello alzándole mientras sonreía, sin duda era un experimentado en el arte de las dagas, farengard asfixiándose por aquella mano que apretaba su cuello solo escuchó una Frase del chico ‘’Mala suerte muchacho’’ .
Aquel día marcario pues al elfo, no solo física si no mentalmente, la suerte jugaría un papel importante en su vida, profesándole una casi devoción, volviéndose un supersticioso, mas ese día no terminó en un simple corte, no, aquel sujeto no le bastó con causar un corte a farengard, lo entregó a los guardias los cuales encerraron al chiquillo y dieron aviso a sus padres.

-*Farengard abrió los ojos como aquel día, sentía un gran escozor en el ojo derecho, mas podía abrirlo, no se explicaba por qué, cuando vio el techo algo raro pasaba, no era el techo de su habitación, era un gris hormigón y su ojo por alguna razón sangraba, llevo su mano al ojo, estaba cubierto por una gaza, sentía un gran dolor, dejó salir un gruñido y se levantó de la incómoda camilla mientras cerraba los ojos y se dirigía a la salida de lo que creía era su habitación, mas vaya sorpresa la que se encontró, unos barrotes de hierro forjado se alzaban ante el, impidiendo su paso* Donde estoy… *exhaló el chiquillo entre gruñidos de dolor*

-En la prisión chiquillo aquel mercenario te trajo, según dice intentaste robar a su cliente, no han alzado cargos, mas te han colocado una multa por las acciones echas, hemos dado aviso a tus padres, alguien que te conocía nos dio los datos. *dijo el guardia quien jugueteaba con una daga sentado en una mesa apenas alumbrada por el fuego de una vela*

-¿Prisión? ¿Pa…padres? Padres… *decía sin parar mientras los nervios lo dominaban, el sudor recorría su cara y los pensamientos le agobiaban* PADRES! *Gritó farengard desde la celda asuntado, estaba seguro de la senda paliza que le iba a dar sus padres, o simplemente le castigarían, quien sabe, no se habían enterado antes de los hobbies de su hijo, seguramente sería desterrado… con solo pensarlo se le helaba la sangre* ¡No, no, no! *decía nervioso mientras pensaba en aquel castigo, sin duda seria fuerte* estoy muerto… *dijo mientras la puerta de la prisión se abría, era su madre quien entraba por la puerta y le miraba con ojos cabreados, la decepción la inundaba, mirando a su pequeño tras aquellos barrotes.*

Salieron pues de la prisión, el chiquillo y su madre no cruzaron palabra hasta llegar a casa, sin más caminaron su madre mirando al frente mientras halaba de la mano a farengard, se notaba el enojo que llevaba encima, feregord bastante cagado miraba a su madre con los ojos encharcados llenos de lagrimas, pensando que sucedería con él, si sería muy fuerte el castigo, y lo más importante que pensaría sus padres de él, seguro le repudiarían… tantas cosas en las que pensar, tantas cosas que podrían pasar, ¿por qué la suerte le hacía esto? ¿Acaso quería verle condenado y solo en el mundo? Seguramente era su destino, enfrentarse al mundo solo, sin familia ni hogar, con cada pensamiento farengard se retorcía con pensar las consecuencias de sus actos, más sabia que debía enfrentarlo, como buen hombre que era , todo acto acarreaba consecuencias buenas o malas, el bien sabia eso, así pues agachó la cabeza y mientras el tiempo aprecia pausarse a su alrededor, caminaban a enfrentar lo que le hiciesen sus padres por tal acto.

La puerta del chalé se abrió, era su padre con un rostro enojado, nada odiaba mas Alfred que un sucio bandido, sin duda estaba enojado, hiso pasar a farengard y se sentaron los 3 ante la hoguera en una mesilla mirándose las caras, un incomodo silencio envolvió el ambiente, farengard no podía soportar la mirada inquisitiva de su padre y así pues agachó la mirada, acto el cual Alfred tomó bastante mal y le alzó la cabeza con brusquedad, la mirada fija en los ojos azules del semi elfo puso, los ojos de Alfred parecían candentes juzgados inspeccionando al chiquillo de arriba abajo, el escozor volvía a acosar a farengard, su padre se alzó y miró a su madre, eithil se levantó y subió dejando a los dos solos mientras Alfred miraba con una cara bastante enojada al semi elfo, así pues alzó la mano y abofeteó con fuerza la cara de farengard mientras daba un sermón de honradez al choquillo, así durante una hora, y tras cada palabra un bofetón que se llevaba el elfo, cuando todo aprecia terminar y feregord sangraba por cada poro de su cara su padre le miró y simplemente con un tono serio le hablo.

-Si haz de robar, roba… pero que nadie te vea… se el mejor en lo que haces… y si caes mantén la cabeza en alto, pues si lo hiciste es porque lo creías correcto…

Después de eso Alfred se marchó tirando la puerta de la casa con fuerza, el silencio volvió a reinar, las lágrimas brotaron de las cuencas hinchadas de farengard, más ni u solo sollozo soltó simplemente se limitaba a rememorar cada golpe, cada palabra de su padre, mas en su mente se tatuó esa última frase de su padre:

-Sé el mejor en lo que hagas…

Capitulo 5: Tragedias que dan inicio a un destino aciago

Los años pasaron, su padre se hacía viejo, no contaba con la alta longevidad de su madre, mas aun conservaba las fuerzas de vida que siempre le caracterizó, eithil por otra parte aun gozaba de su terso rostro elfico y continuaba trabajando allí en aquella taberna, Farengard por otra parte ya era un hombre hecho y derecho, desde aquella paliza, se dedico al bajo mundo, y desde lo que su padre le dijo nunca más volvió a caer en prisión, durante un tiempo sus padres sospecharon de nuevo de él, mas poco a poco las sospechas se fueron y disipando, farengard marcado por las palabras de su padre cada vez se adiestró mas entre el arte del el robo, para el poco a poco fue convirtiéndose en rutina, pan de cada día, sin mucho esfuerzo robaba bolsas de oro de los cinturones de los incautos residentes de aquel pequeño pueblo, podría vivir años enteros haciéndolo, mas lo que él no sabía es que aquel día algo cambiaria.

Farengard lanzó de nuevo una moneda al aire, cara cruz cara cruz… de nuevo cruz… sus ojos se abrieron como platos, recordando aquel día, tal vez sería el momento de repetir aquel sermón, mas ya con 20 años de edad y unos largos años adiestrándose poco podía pasar, sin más guardó su moneda y se dirigió a su víctima, lanzó su mano al cinturón y con éxito logro quedarse la bolsa de monedas, sonrió tras su máscara mientras corría al callejón más cercano y contó el botín al parecer la suerte esta vez se había equivocado, y faeldran entraba en confianza.

Un grito sonó, farengard no le prestó atención, seguro era la victima dándose cuenta de su falta de cartera, algo que lo hiso sonreír, guardó la bolsilla entre su chaqueta y el trapo con el que tapaba su rostro, así pues emprendió la caminata a casa, era la hora de cenar, una sonrisa en rostro y pensando quizás que la suerte no era sino un invento, a lo mejor trataba de salir de su superstición, así pues mientras dejaba sus dagas bajo los simientes de su propia casa se disponía a abrir la puerta, mas algo le interrumpió, una voz desde atrás la cual gritaba su nombre, alguien familiar ya para el, era Derek, quien después de lo sucedido pidió disculpas a farengard, entre lloros y sollozos, farengard aunque rencoroso, no podía dejar de perdonar a su mejor amigo, amigo el cual ahora corría a él a darle noticias no muy buenas, así pues Derek tomó el hombro de Farengard y lo giró, cuando lo vio su rostro emanaba nervios y miedo, farengard lo vio con ojos preocupados, tal vez por su rostro leyendo la suerte que acababa de correr, quizás le habían pillado en el acto, o quizás algo peor.
-Que sucede Derek… a que vienen las prisas y esa cara pálida, pareciese que hubieses visto un orco *dijo Farengard entre una sonrisa nerviosa, aunque le asustaba su actitud jocosa le impedía ser totalmente serio*

-Tu…tu…tu *titubeó Derk viendo a farengard a los ojos, mientras las venas se brotaban en las grandes perlas que tenía como ojos, sin duda algo le pasaba* Tu.. tu madre! *dijo entre un grito asustado y echó a correr haciéndole señales desde la lejanía a farengard para que viniera tras el*

Los sentimientos se encontraron en la mente de farengard, quizás era eso a lo que la suerte se refería, o simplemente era una broma de Derek, no lo sabía, se quedó varios minutos quieto, sin saber qué hacer, sin saber si correr tras él o abrir la puerta, más un par de minutos después corrió tras él, con la mente vacía y llena de cosas, pensamientos de todo tipo, no sabía si debía preocuparse o si simplemente debía dejarlo pasar, mas en ningún momento paró solo lo hiso cuando llegó allí, al lugar donde su madre trabajaba, el cual más que una taberna parecía un campo de batalla, los taburetes fuera, la puerta medio arrancada, y un cadáver fuera, con ver aquello farengard entró en una especie de shock, simplemente caminó lentamente a la entrada de la taberna la cual estaba completamente vacía, muertos por el suelo, botellas rotas, los taburetes por todos lados desperdigados, mesas tiradas, un caos total, como si la vorágine se hubiera originado allí, sin duda farengard se asustó, pensando en su madre, al no verle allí atendiendo las mesas, su reacción fue mirar cada uno de los cadáveres, debía descartar aquel pensamiento que tenia, comenzó a revisar cada uno de los cuerpos, nada, nada, nada, pasaba cada uno de ellos, ninguno era su madre, solo conocidos, los cuales le apenó mas seguía con la mirada fija en su objetivo, sin encontrar rastros de su madre salió a prisa de la taberna, mientras miraba a cada lado del muelle con desespero, a lo lejos, vio a la multitud reunida, agolpada alrededor de algo o alguien, sin duda algo sucedía, sin pensarlo dos veces corrió a ver lo que allí acontecía al fin encontró a Derek, allí entre la multitud, asustado como ninguno, viendo lo que acontecía, en el centro de la gran multitud de personas, un marinero, estoque en mano había acabado de herir de gravedad a alguien y se daba a la fuga, farengard, instado por los nervios pasó entre las multitudes y vio con claridad aquel pobre diablo atacado por el estoque de aquel marinero, casi muerto y en el suelo, pudo ver ese rostro familiar, ese rostro que nunca se le olvidaría, ese rostro que antaño le habría dicho, es el mejor en lo que haces, su padre tendido en el frio suelo del muelle con el pecho atravesado, vio como farengard se acercaba a él con un rostro de incredulidad, mientras las lagrimas saltaban a borbotones.

-Hijo mío… *tosió Alfred un poco de sangre mientras comenzaba a nublársele la vista, eran sus últimos instantes*

-*Farengard tomó a su padre en brazos, totalmente serio, mientras su sangre manchaba parte de sus harapientos leotardos, no podía creer lo que estaban viendo sus ojos, ¿cómo pasó esto? Por qué no se dio cuenta antes, tal vez podría haberlo evitado. Limpió sus ojos pues no quería que su padre le viera llorando y le acaricio las mejillas* ¿Que ha sucedido? ¿Por qué ha sucedido esto? Dime que a pasado padre… que te a hecho saltar así contra aquel marinero. *dijo con la voz seca y entrecortada, no podía ni siquiera hilar bien las palabras, la sorpresa el dominaba*

-*Alfred cerró y abrió los ojos rápidamente mientras trataba de disipar un poco el manto oscuro que se cernía sobre él, la muerte ya le llegaba, y aun no quería dejar a su hijo, tanto por decirle, por enseñarle, tanto por compartir, tanto por vivir, simplemente y ya dándose al dolor, soltó un suspiro* Esclavistas… Tu madre… *Dijo con una voz débil y casi imperceptible, asi pues alzó el brazo y señaló el barco de aquellos marineros, todo cobraba sentido*

Aquellos marineros no eran solo eso, eran esclavistas, habían secuestrado a varias personas y entre ellas la madre de farengard, Un día oscuro para la familia sin duda, así pues y mientras farengard terminaba de ver el barco, su padre le tomó de el cuello de la camisa y le jaló hacia su rostro, un susurro a su oído fueron sus últimas palabras, palabras que se marcarían en el y no por primera vez, si no por una segunda, palabras que pronto harían parte de su vida.

-Siempre se el mejor en lo que hagas.

Después de esto, las manos de Alfred cayeron sin vida al suelo mientras los guardias llegaban al muelle, una escaramuza se desató y disparos y choques de espadas se escuchaban en todas direcciones, farengard cargó con su padre, parecía no sentir ni escuchar nada de lo que le rodeaba, caminó a paso lento a la taberna y allí dejó a su padre sobre la barra, mientras que, con un dulce beso en la frente se despidió de él, busco por todas partes un arma, no encontró más que una baraja de cartas de echas de delgadas hojas de aluminio y un sinfín de botellas partidas, echó mano a ambas y con estas partió al muelle, sus ojos expresaban la ira interna que sentía, mas su cara no demostraba nada, absolutamente nada, sus ojos posados sobre la placa del barco, solo quería saber el nombre de esa embarcación, mas cuando se dio cuenta estaba entre espadas y balas, así pues empuñó las cartas abriendo la baraja, y cual daga arrojadiza lanzo una tras otra hasta quedarse sin, estaba cerca, casi podía ver la placa, casi podía leerla, cada vez se acercaba mas y cuando por fin pudo leer algo de aquella placa, algo le golpeó la cabeza y cayó al suelo inconsciente.

Tiempo después…

-*Farengard Abrió los ojos confuso, un tintineo en su cabeza no le dejaba tener vida, un intenso dolor le acosaba, recuerdos de lo acontecido, su padre muerto, el secuestro de su madre, una palabra rondaba su cabeza, no sabía muy bien que era, Asedio, asedio, susurraba una voz en su subconsciente asedio, asedio, asedio, seguía la voz mientras pasaban imágenes de un barco perdiéndose en el horizonte, farengard dio un grito ahogado, mientras se llevaba las manos al cráneo tirándose de los pelos, ¡¡PUM PUM!! Hacia su cabeza con cada susurro de aquella voz, comenzaba a revolcarse en la cama del dolor que sentía, no se hallaba* ¡¡Para ya joder!! *gritó sin ver donde se encontraba, se sentía bastante mal, con cada susurro que le acosaba*

Así pues en la sala entra Derek con un vaso de agua, mientras miraba preocupado a su amigo, al parecer él se había encargado de sus heridas, sin dudar llevó un vaso de agua a farengard para tranquilizarle, mirándole a los ojos pudo ver su desesperación.

-Calma farengard, ya todo a pasado… *le llevó un vaso de agua a su mano* toma tranquilízate orejudo… *dijo en forma de cariño, desde chico le había llamado así*

-Que a pasado… donde estoy… *dijo Farengard mientras confundido se tomaba la cabeza*

-En mi casa… han pasado dos días desde la batalla del muelle… lo siento por lod e tu padre y madre… *dijo Derek apenado, mientras miraba al suelo, eithil y Alfred habían sido un buen apoyo para el*
-Entonces no fue un sueño… *se levanto con aquellos dolores, mirando a cada lado, la pena le invadía, ver partir a su padre y su madre secuestrada por esclavistas, no sabía muy bien lo que estaba pasando, no sabía si debía levantarse e ir tras la pista de su madre, o simplemente darse al dolor, tantas dudas, sin más, se levantó, tomó sus cosas y se fue* ya me gustaría a mí que lo fuese… Y gracias Derek… te debo una. *dijo mientras se marchaba abriendo la puerta y cerrándola tras el*

Capitulo 6: Empieza el viaje.

Así pues los años pasaron, Farengard lloro su perdida, enterró a su padre y en su funeral juró encontrar a su madre, tomara el tiempo que tomara, desde aquel día la suerte es importante para él, sin duda es más que importante es como su compañera, años transcurrieron en lo que farengard reunió dinero para partir en busca de su madre, al igual que se adiestró con aquella peculiar arma, cartas, como aquella vez mas esta vez las utilizadas eran cartas de poker cartas las cuales al parecer significaban algo para él, entre la locura y el fanatismo que adquirió por la suerte, estas eran algún símbolo o amuleto.

A la edad de 25 años, farengard se encontraba preparado para partir, tomó sus pertenencias sus cartas y un par de dagas por si debía de utilizarlas y partió rumbo a bahía del botín, por allí debería empezar, si algún lugar se aglomeraba todo lo ilegal, era allí, sin duda era un buen lugar para empezar.

Pagó un pasaje en la primera nave que saliese hasta allí, al llegar, no le fue difícil relacionarse, desde niño se había movido entre el crimen, y ahora usando esta trataría de encontrar a su madre, así pues en dirigió sus pasos a una taberna, la más cercana, allí dormiría hasta conseguir información útil, así lo hiso, rentó la habitación mas económica, y allí se acuartelo esperando pronto dar con alguna pista o algo.

Pasaron días, meses y años, poco lograba recaudar farengard, algún que otra pista, o uno que otro soplo, sobrevivía haciendo trabajillos varios dentro de bahía del botín, mas su máxima prioridad era encontrar ese barco… asedio…. Ese susurro incesante le recordaba su motivación y su objetico, debía cumplirlo, por él, y por su padre.

Una noche, gracias al contacto de un amigo del conocido del cliente de farengard logró un buen hayasgo, una isla, allí posiblemente podría encontrar a su madre, mas para llegar necesitaba un barco, debía buscar la oportunidad perfecta algún tonto que callera entre sus trucos y su labia debía saber elegir, una buena elección era o la gloria o terminar en un cajon, así pues decidió esperar, pacientemente en aquella taberna, la dama fortuna ya le favorecería, sin duda alguna.

En la actualidad:

Farengard se encontraba ayudando a limpiar la cubierta de aquel gordinflón holgazán, en su mente los planes abundaban una tras otra la ideas para apoderarse del barco he ir tras su madre llenaban su cabeza, sin duda era la elección perfecta, mas debía saber cuándo ha de actuar, esperó con paciencia a que los preparativos se dieran, sabrían cuando actuaria, sin duda alguna debía ser en el momento indicado.

Una noche, la oscuridad bañaba los camarotes, farengard se preparaba para dar el golpe, sus cartas decían que era el momento, hasta la moneda decía que era el momento, la cara había caído, era la noche, afiló sus cartas, y se preparó para el golpe, se colocó su máscara y justo cuando giraba el pomo la puerta de salida, los cañones sonaron, el vigía gritaba a todo pulmón ¡¡ENEMIGOS!! ¡¡TODOS ARRIBA HOLGAZANES NOS ATACAN!!! ¿Se abría equivocada la suerte? ¿Por qué jugaba con el así? No lo sabía, mas simplemente siguió la orden, lo importante ahora era sobrevivir.

Sin más subió a la cubierta, era un campo de batalla los cañonazos volaban de un lado a otro, farengard intentaba sobrevivir, enfrentó a uno de los s el cual le arrojó al suelo de un golpe en el abdomen, la falta de aire comenzó a marearle y cundo al fin retomó la conciencia era tarde, aquel gordinflón bueno para nada había rendido el barco, farengard gruñó y guardó sus cartas, sin

Por el puente entre ambos barcos una figura se acercaba, parecía el capitán, miró a cada uno de los prisioneros eligió a unos cuantos y el resto murieron de un tiro a la cabeza, entre los elegidos el semi elfo, a quien le dieron a oportunidad de unirse o morir, farengard pensó quizás era esto a lo que la suerte se refería, permaneció callado unos segundos mientras meditaba la decisión, mas sabía que no había de otra, si deseaba encontrar a su madre debía aceptar, a demás… la suerte para él no se equivocaba, con un leve movimiento de cabeza aceptó, así pues los s le llevaron al barco, con bolsa de tela en la cabeza poco podía ver, sin más, el destino desde allí era algo nublado.

Farengard arrastrado y lanzado a la cubierta del barco se encontraba algo confundido, los disparos se escuchaban, aquellos que se negaban morirán, sin duda la dedición correcta, solo un par de marineros aceptaron, y junto al semielfo fueron llevados, enfilados mientras escuchaban una voz que dictaba las reglas de la tripulación callaron, mientras asentían con la cabeza cual borregos, entre ellos farengard, aun no era su tiempo de morir, debía encontrar a su madre, así pues los s después de prestar el juramento quitaron la bolsa de tela y las ataduras a los nuevos grumetes, sin más, farengard no sabía en la que se había metido, ahora había jurad servir a del infierno, quien sabe, tal vez era lo mejor… algo le decía que junto a ellos encontraría lo que andaba buscando. [/INDENT]

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