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Erin Holloway Humano

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agosto 20, 2018
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julio 20, 2017 - 4:12 pm
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[SIZE=5]Sora[/SIZE]

Nombre y apellidos[INDENT] Erin Holloway [/INDENT]Raza[INDENT] Humano [/INDENT]Nivel de Rol[INDENT] – [/INDENT]Promoción a la que aspiras[INDENT] Promoción inicial [/INDENT]Clase[INDENT] Paladin [/INDENT]Género[INDENT] Femenino [/INDENT]Edad[INDENT] 24 [/INDENT]Clan, tribu o cártel[INDENT] – [/INDENT]Metas[INDENT] Erin tiene dos objetivos principales: El primero, restaurar el buen nombre de su familia manchado por el pasado de su difunto hermano; segundo: ser capaz de ostentar un nivel de poder suficiente para aplastar a aquellos que dejaron caer en desgracia su linaje, ya sea a través de poder eclesiastico, político o militar. [/INDENT]Clases de Prestigio que aspiras[INDENT] Maestro de Torturas de la Inquisición [/INDENT]Altura y peso del personaje[INDENT] Estatura: 1, 65; peso 50 kg [/INDENT]Apariencia física[INDENT] Erin es un mujer de estatura y peso medio pero con un cuerpo musculado debido al entrenamiento y el manejo de las armas pesadas. Con un pelo tan rubio que casi parece blanco y unos ojos de un verde oscuro profundo. Una mujer normal, marcada físicamente por su entrenamiento. [/INDENT]Personalidad[INDENT] Para Erin justicia y crueldad no son contrarios. Erin es una mujer dificil y con una tendencia compulsiva a recluirse en si misma. Aunque en el fondo es alguien vulnerable, tapa todo ello con diversas capas de dureza y frialdad. Es una mujer decidida y, a pesar de su apariencia fría, pasional que no dudará en hacer lo que haga falta para lograr sus objetivos. [/INDENT]Facción

  • Alianza

Academia o Maestro[INDENT] Academia de la Luz Sagrada [/INDENT]Organizaciones[INDENT] Academia de la Luz Sagrada / La Sagrada Inquisición de la Luz [/INDENT]Orientación Sexual

  • Bisexual

Creencias e Ideales[INDENT] Educada en la fe de la luz, Erin aprendió a adorar a una luz ferrea, dura y disciplinada. Tras su entrenamiento militar y religioso reafirmó tal creencia, aproximándose a los seguidores más radicales de esta fe. [/INDENT]Conocimientos[INDENT] Común y Thalassiano; criada en un entorno donde los elfos y semi-elfos eran comunes, aprendió algo de su cultura y lo suficiente de su idioma para entablar conversaciones. Bien educada en la historia humana, es una gran conocedora de la geografía y gestas de las naciones humanas, sin embargo desconoce (y no le interesa conocer) la historia de ninguna otra raza. [/INDENT]Clase Social

  • Noble sin herencia

Familiares y conocidos[INDENT] Ernest Holloway (Padre, fallecido); Dunnia Holloway (Madre, viva); Paul Holloway (Hermano, fallecido) [/INDENT]Lugar de Nacimiento y Residencia[INDENT] Nacida y criada en Ventormenta y las tierras de sus padres en Elwynn, se encuentra actualmente emprendiendo el viaje hacia Nueva Lordaeron para unirse a la Inquisición. [/INDENT]Trabajo y Herencias[INDENT] Además de seglar de paladín y estudiosa de sacerdocio, ha trabajado como cazarecompensas en su viaje hacia el norte para poder costearse los alojamientos y comidas en tabernas. [/INDENT]Historia del personaje[INDENT] – Por la comisión de delitos de alta traición, herejía y homicidio, condenamos al enjuiciado, Paul Holloway, a morir en la horca.

La sentencia fue clara. Padre y Madre tragaron saliva pero no dijeron nada, Paul levantó la cabeza tratando de encontrar un rostro amigo: paso por los que alguna vez creyó sus amigos, los cómplices que a cambio de una condena más leve le habían traicionado, Padre, Madre… y yo. Me miró a los ojos con expresión suplicante, yo agache la cabeza avergonzada.

El ejecutor enrrolló el pergamino que tenía dictada la sentencia y se aproximó a Paul para colocarle la soga alrededor del cuello.
-¡No lo entendeis! ¡Nadie está a salvo! ¡Ellos duermen bajo nuestros pies! ¡Tarde o temprano vendrán, en sueños o en vigilia! ¡O les aplacamos hoy, o nuestra condenación llegará pronto!
-Ya está bien, majadero. -Padre dió un paso al frente entre la turba que se concentraba para ver la ejecución.- Has deshonrado a esta familia, a ti mismo, y a todo lo que una vez defendimos. Cállate y muere con dignidad.
-¡No lo entendeis! -el ejecutor pasó la soga y la ajustó al cuello- La bestia que duerme en el bosque oscuro vendrá, y tomará las almas de vuestros hijos como pago por -el ejecutor volvió atrás y tomó la palanca entre sus manos- la ignorancia que demostrais. ¡Soy yo quien se regocija hoy, pues no veré los pastos arder, ni las casas derrum -el ejecutor tiró de la palanca. La placa de madera bajo sus pies cedió, el cuerpo de mi hermano se precipitó abajo y con un ¡Crac! Su cuello se rompió.
Silencio.

Los años siguientes fueron duros. La familia Holloway, otrora orgullosa y rica, perdió todo su nombre y con él, progresivamente, las riquezas. Nadie quería hacer negocios con los familiares de aquel cultista que siguió enviando mensajes de perdición hasta su mismo momento de morir, nuestras tierras fueron menguando, nuestro patrimonio esquilmandose y poco a poco, nuestra moral fue hundiéndose en el vacío. Padre contrajo la peor enfermedad que puede contraerse: la del ánimo; aunque fue de los primeros en hablar en contra de su propio hijo, aquello afectó a su salud y ya los remordimientos, ya el dolor, ya la vergüenza hicieron mella en su alma hasta postrarlo en una cama entre delirantes sueños.
Yo tenía diecisiete años cuando presencié la ejecución de mi hermano y, supongo, me afectó más de lo que fuí consciente. Desde entonces decidí trabajar para restaurar el nombre de mi familia, me dedique en cuerpo y alma al estudio de la luz como forma de paliar mi dolor hasta descubrir, años más tarde, que no había mejor forma de ocultar el dolor que sufrirlo e imponerlo. Encontré en el entrenamiento militar que el armero de mi padre me impartió lo que le faltaba a las enseñanzas del sacerdote de nuestra capilla, y cuando vendimos los terrenos donde la armeria y la capilla estaban, seguí volviendo para calmar mi dolor.

Padre murió cuatro años después, cuando yo tenía 21 y era ya una seglar de la iglesia de la luz de ventormenta. Poco más que una escudera de Sir Angel Whitestrand, paladín de la luz que tuvo a bien aceptarme como su pupila.
No puedo decir que no fuera un gran maestro, pero sin duda encontré en él más cosas a evitar que a imitar; Sir Angel era compasivo. Demasiado. No fueron una ni dos las veces que hizo la vista gorda ante delincuentes de poca monta, pasando sencillamente a una reprimenda y una perorata moralista, yo reconocía ese tipo de gente, mi profesor de historia y heráldica siempre los definía como “débiles de voluntad, grandes en puestos pequeños e inútiles en puestos de responsabilidad”. Decidí que no quería ser como él, decidí que quería dar a los criminales y herejes la misma simpatía que mi hermano había recibido: la dura y fría justicia, la venganza retributiva que ponía en sus sitio al criminal. El tiempo pasó y los eventos se sucedieron, Nueva Lordaeron florecía con la guía moral de la inquisición, mientras mis viejos profesores seguían discutiendo las bondades de la luz sin ponerlas jamás en práctica. Decidí, entonces, donde estaba mi futuro. Dejé a madre en la pequeña casa de Villadorada, y partí.

[…]

-Señorita… No creo que sepa usted donde se ha metido. -Los amigotes del cretino con la capa roída se rieron. Eran tres. El pasaje montañoso de Arathi estaba recogido en una pequeña gruta antes de abrirse a la vastedad de sus tierras altas y podría esperar allí por días antes de que nadie siquiera se percatase del pequeño bulto sangrante en un lado del camino. Estaba sola.
-Apartaté de mi camino. -Todos rieron.
-Oooh… Vaya, la señorita tiene agallas. ¿Las seguirás teniendo cuando te arranquemos la piel a tiras, patana?
-Apártate. -Llevé la mano a mi espalda, agarre el mandoble, desenvainé y lo puse frente a mi. “Redención”, Sir Angel había pensado que era un buen nombre para mi espada teniendo en cuenta la difícil tarea de limpiar el nombre Holloway, brillaba con motas rojizas y reflejaba en su plano a Saltamontes, el caballo que junto a la espada el viejo paladín me había entregado para emprender mi viaje a Nueva Lordaeron.
-Venga, acabemos con esto.
Y los tres saltaron de frente, dagas en mano y con la cara tapada por pañuelos sucios y descosidos.
Mendigos con alto concepto de sí mismos – susurré, preparé la espada en alto y esperé las acometidas.

La primera es fácil y previsible: al pecho, un paso atrás y un giro lateral para esquivar; solamente un descenso vertical del mandoble para amputar el antebrazo del primero de ellos. Gritos y sangre. Uno de ellos deja de caminar con los ojos como platos, o nunca ha visto tanta sangre o nunca ha visto medio brazo caer al barro mientras su antiguo portador agarra el muñón, el otro, el que hablaba no parece impactado. Mejor. Amaga a la izquierda, vergonzosamente funciona y esquivo un golpe inexistente, el de verdad gira hacia mi derecha, toca el lateral de mi armadura y la perfora lo suficiente para realizar una hendidura en mi abdomen. Superficial, pero dolorosa. Su daga se atasca con el hierro de mi armadura y no puede sacarla de un tirón, aprovechó y lanzo el mandoble hacia su cadera.
Salta.
Pero no suficientemente alto.
Su pierna queda unida a su cadera por un hilo de cartílago y músculo, la sangre se dispara, pierde el equilibrio y cae al barro. Hay más sangre en el suelo: mía, la daga ha perforado más de lo que pensaba. Tengo que terminar pronto, vendarme, y beber agua o con el calor, la humedad, y la pérdida de sangre me desamayaré. Tengo que acabar pronto.
-Oh dioses, oh dioses misericordiosos que clase de animal es esta mujer…-El que estaba parado tiembla y da un paso atrás. Mi vista se empieza a nublar. Condenada puñalada ¿estaría envenenada?
-Si inclinas tu cabeza ante mi acabaré rápido y sin dolor. -Cuesta hacerse oír entre los alaridos del que perdió el brazo, el otro parece haber quedado inconsciente.
-Oh no, oh no… -Y trata de correr.
Suspiro. Cierro los ojos y musito una plegaria “Que la luz impacte a los malhechores con toda la firmeza de su justicia”, canalizo, extiendo mi mano y el destello me cega incluso a mi. Aquel que corría tropieza y se precipita con torpeza. Me acerco.
-Piedad, por los dioses piedad.
-Los dioses no tienen piedad, ladrón. ¿Por qué habría de tenerla yo?
Y bajo la espada. El golpe es rápido, limpio y certero. Muere en el acto y hago justicia.

Me giro y vuelvo a levantar la espada dos veces más.

[…]

-¿Y no ha tenido problemas para atravesar el paso? Desde hace unos meses unos sinvergüenzas vienen asaltando, robando y aprovechándose de viajeros y viajeras. Incluso ha habido algún muerto, una verdadera desgracia.
-Oh. Si, fueron ellos los que me hicieron esto.
El médico paró. Aunque la luz y el vendaje pararon el sangrado, el color de la piel se puso inquietantemente verde y tuve que visitar a aquel buen nombre en el asentamiento más próximo. Cerca de la costa de Arathi siempre hubo buenos médicos, o eso decía mi padre.
-¿Y como escapó?
-Les maté.
El médico guardó silencio, me miró. Luego suspiró.
-Supongo que era lo que merecían… pero pobres chicos. Algunas personas nunca tienen una segunda oportunidad ¿sabes?
Guardé silencio. [/INDENT]

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