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Caleth Mortimer Humano
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mayo 16, 2018
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1
mayo 4, 2017 - 3:09 pm
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[SIZE=5]Garmond[/SIZE]

Nombre y apellidos[INDENT] Caleth Mortimer [/INDENT]Raza[INDENT] Humano [/INDENT]Nivel de Rol[INDENT] - [/INDENT]Promoción a la que aspiras[INDENT] Promoción de héroe [/INDENT]Clase[INDENT] Caballero de la Muerte (Cerrada) [/INDENT]Género[INDENT] Masculino [/INDENT]Edad[INDENT] 40 [/INDENT]Clan, tribu o cártel[INDENT] - [/INDENT]Metas[INDENT] Erradicar el mal de Azeroth defendiéndolo a cualquier precio. [/INDENT]Clases de Prestigio que aspiras[INDENT] Caballero de la Muerte-Fuego [/INDENT]Altura y peso del personaje[INDENT] 1.90m, 110 Kg [/INDENT]Apariencia física[INDENT] Su piel se ha aclarado desde que ha dejado de respirar, al igual que su cabello, casi canoso, visiblemente no tiene cicatrices, solo una expresión seria en su rostro que solo cambia de forma irónica en algunas ocasiones. [/INDENT]Personalidad[INDENT] Frio y calculador, se deja llevar por el fervor de la batalla rapidamente e intenta sacarle el mayor provecho posible a las situaciones. [/INDENT]Facción

  • Neutral

Academia o Maestro[INDENT] Espada de Ébano [/INDENT]Organizaciones[INDENT] Espada de Ébano [/INDENT]Orientación Sexual

  • Asexual

Creencias e Ideales[INDENT] Cree en su poder, en La Espada de Ébano y en el Rey Lich [/INDENT]Conocimientos[INDENT] Tiene conocimientos de nigromancia, combate con dos manos, combate de caballero de la muerte, estrategia. [/INDENT]Clase Social

  • Clase media

Familiares y conocidos[INDENT] Sus padres que seguramente habrán muerto por la edad o el Cataclismo. [/INDENT]Lugar de Nacimiento y Residencia[INDENT] Nacido en el bosque de Elwynn. [/INDENT]Trabajo y Herencias[INDENT] Trabaja para la Espada de Ébano [/INDENT]Historia del personaje[INDENT] Caleth nació en una humilde familia que vivía a las afueras de Ventormenta, en pleno bosque de Elwynn, la vida de sus padres giraba en torno a su granja, de la cual sacaban sus alimenos y los excedentes los vendían para poder seguir adelante. Su infancia fue relativamente tranquila, nada destacable y eso precisamente es lo que le aburría a él, jugaba con sus amigos usando palos y tablas como espadas y escudos para luchar entre ellos o meterse en el bosque y buscar grandes aventuras.

Desde pequeño supo brindarle confianza a sus compañeros y amigos mientras le seguían por el bosque en sus imaginarias aventuras, haciendo de él un pequeño líder. Según pasaron los años Caleth fue ayudando tanto en la granja como viajando a Ventormenta a vender el resto de alimentos. Fue en uno de estos viajes donde su vida tomaría el camino que fijaría su destino. Mientras montaba su pequeño puesto para la venta vio como unos maleantes corrían por los callejones entre los edificios mientras un grupo de soldados unicamente se dedicaba a rodear los edificios para tapar las salidas, le llamó mucho la atención que ninguno decidiese perseguirlos por aquellos oscuros rincones, pero pronto lo entendió, el líder de ese grupo de guardias estaba enseñándoles una estrategia para minimizar los riesgos. Esa pequeña demostración le bastó a Caleth para saber que él querría llegar a ser como esa persona, por lo que al llegar a casa hizo todo lo posible para convencer a sus padres de que le enseñasen a leer y así poder expandir sus conocimientos e ir mejor preparado al ingreso del ejército cuando tuviese el mínimo de edad.

Aunque a sus padres no les gustaba la idea de que su hijo estuviese en constante peligro aceptaron que él persiguiera sus sueños y al fin pudo ingresar junto a otros jóvenes en el ejército como recluta de primer año. Al principio todo era muy duro, era un cambio de vida muy impactante para él, pero mantenía la compostura, ya que pese a su humilde vida, la granja era un lugar de continuo trabajo. Pero pese a todo ello la vida le sonreía, todo el grupo de novatos rápidamente se hicieron amigos, lo que propició la camaradería y el trabajo en equipo, apoyándose mutuamente.

Durante los primeros años de patrullas en la ciudad tanto él como el resto de novatos se centraron en la patrulla del casco antiguo de la ciudad y el mercado, dándoles las oportunidades perfectas para practicar nuevas estrategias, tal y como había visto él siendo más joven. El carisma que le caracterizó siendo un niño en el bosque pronto floreció de nuevo en las calles de la ciudad, por lo que sus compañeros no tenían ningún problema en seguirla, siempre y cuando no llevase la contraria a ordenes directas de sus superiores.

Su estilo, personalidad y método para que le siguiesen los demás propició un rápido, a la vez que merecido, ascenso hasta llegar a ser capitán, pero los altos mandos sabían perfectamente que una mente como la suya estaría limitada dentro de las murallas de la ciudad, por lo que a todo su grupo se les encomendó una misión de prueba en Páramos de Poniente. Todos estaban entusiasmados con la idea de poder tener al fin acción en campo abierto, pero a la vez sentían un profundo respeto por ello, ya que dependían completamente de si mismos y no controlaban la situación.

Tras llegar al puesto de mando estudiaron la situación y descubrieron que tenían que reducir un campamento de défias que se habían asentado demasiado cerca, por lo que tras sopesar varias estrategias decidieron que la mejor sería "ataque y retirada", una maniobra de desgaste que sirve para que su enemigo se adelante y pueda ser completamente rodeado, asi que decidieron llevarlo a cabo aprovechando como defensas los pequeños montículos que tenia el terreno. Asombrosamente consiguieron acabar la misión sin recibir ninguna baja, solo algunas heridas que no les impedirían seguir adelante.
Pasó el tiempo y poco a poco se fue haciendo una reputación como estratega, así como combatiente con sus dos espadas cortas sin escudo, estuvo haciendo escaramuzas contra todos los peligros que se encontraban dentro de los territorios de Ventormenta y algunas expediciones a Kalimdor, pero pronto algo cambió.

Las campañas de Los Baldíos Helados habían empezado, asi que tras varios meses de preparativos y una vez Denuedo fuese alzado, el grupo de Caleth fue mandado a dicha situación. Ha habian entrenado en el pasado en los territorios enanos, pero el frió de Rasganorte era muy diferente, se notaba hasta en los huesos, además del continuo miedo que rondaba por sus cabezas al pensar que jamás volverían a ver su reino de nuevo.

Tras las tres largas semanas de viaje en el mar al fin se divisaba la estructura de Denuedo, pero en el camino había imponentes columnas de hielo, pero el barco estaba diseñado para superar esa adversidad, pero por desgracia nada mas desembarcar ya tuvo que desenfundar sus espadas, los nerubianos estaban, nuevamente, atacando el fuerte, aunque eran unos enemigos horribles e intimidaban por esa forma jamás vista antes, Caleth se avalanzó con determinación con sus espadas, segando sus cabezas sin templarle el pulso y, lo que fue más asombroso, ni siquiera tenia equipada la armadura, solo llevaba encima la pechera de cuero que iba debajo. Este desliz provocado por su ansia de combate produjo que recibiese un par de cortes que le hicieron retirarse hasta la enfermería.

Mientras se recuperaba aprovechó para estudiar todo lo posible sobre los nuevos seres que se encontraría en el continente, su problema ya no eran rateros y bandidos principalmente, eran seres aberrantes y la mayoría resucitados o infectados. Por suerte no solo estudiaba por los libros, las ventanas desde el fuerte le daban una panorámica tanto de los vrykuls de la costa como de los nerubianos, así como del bastión de la Horda, esperando no tener que luchar también con ellos e intentar que sus rencillas estuviesen apartadas el tiempo necesario para poder compartir el mal común.

Una vez recuperado pudo volver a acoplarse la armadura de placas, reforzada con cuero y tela para aguantar las bajas temperaturas, pero dándole la movilidad necesaria de su característico estilo de doble espada. Junto a un gran número de soldados inició un largo galope hacia una región llamada Cementerio de Dragones, fácilmente reconocible por los huesos de tan gigantescos seres y una imponente torre central, pero ese no era su destino, uno de los mayores horrores para la humanidad, Naxxramas estaba asediando otro asentamiento de La Alianza, la fortaleza de Hibergarde, lugar en el que por segunda vez en su viaje tendria que hacer frente a nuevos enemigos, los seres de la mismísima Plaga.

Como si de una fuerza de la naturaleza se tratasen, el grupo de jinetes del que formaba parte se abrieron paso velozmente entre las filas enemigas hacia la fortaleza, mientras la necropolis flotante les intimidaba tapándoles la luz del sol. Una vez en el interior del fuerte pudo idear varias escaramuzas para frenar el fuerte embate de La Plaga, entrando en las catacumbas con explosivos e impidiendo así que siguieran levantando a sus antiguos compañeros para luchar entre si. La determinación y estrategia de Caleth no variaba lo más mínimo aunque sus espadas se clavasen contra los que, en vida, habían sido compañeros de armas. Parecía una lucha perdida, aquella imponente fortaleza había quedado diezmada, quedando solo la ultima muralla de defensa, por suerte fue cuando un grupo de héroes, de los cuales él no formaba parte, se adentraron en Naxxrammas.

Caleth no quería reconocerlo, pero la brutalidad de estas campañas estaban cambiándole, poco a poco estaba dejando de ser el cerebro que observaba sus estrategias a ser parte de ellas y prácticamente estar en primera linea luchando con ferocidad, se decia a si mismo que solo era una adaptación para poder ver desde otro punto de vista sus ideas. Por desgracia las circunstancias también propiciaban que sus compañeros fuesen cayendo lentamente, de todo aquel grupo inicial que patrullaba por Ventormenta solo quedaba un pequeño pelotón de veinte hombres.

Tras la caida de Naxxramas y asegurar lo mejor posible Hibergarde, el pelotón viajó a Colinas Pardas, donde había rumores de que Arugal había sido resucitado de nuevo y seguía experimentando, por desgracia no duraron mucho allí, ya que aquellos bosques le producían una gran desventaja estrategia y solo sobrevivieron diez de ellos, el resto habían sido devorados vivos, por lo que galoparon velozmente de regreso a Hibergarde, pero apenas les dio tiempo de recuperarse. Las noticias sobre la masacre de La Puerta del Cólera y la caída del Alto Señor Bolvar Fordragón fue un duro golpe para todos, pero también sirvió de motivación para dirigir sus fuerzas contra Corona de Hielo, así que se apresuró en viajar hasta allí.
Aprovechando el paso que se había habilitado, Caleth y su grupo, junto al resto del ejercito se fue abriendo camino hasta divisar al fín las imponentes estructuras que daban cobijo al Rey Exánime, pero ahí no acabó su asombro. Ante ellos una linea de caballeros con brillantes ojos azules y armaduras oscuras caminaban lentamente con las armas en mano, era la primera vez que él veía a los temidos caballeros de la muerte.

El primer choque contra aquellas máquinas de matar andantes fue espantoso, los soldados caían como moscas ante el paso continuo de los caballeros, hacía falta un gran número de sacrificios para poder siquiera abatir a uno. Caleth recibió un potente golpe le abrió una brecha en la cabeza pese a llevar casco, pero antes de quedar inconsciente consiguió clavarle la espada en la cara al Caballero que le había hecho eso. Pensó que ese sería su fin, pero por suerte La Cruzada Argenta llegó a tiempo para evacuar a los pocos supervivientes.

Caleth tuvo que retirarse del combate por la gravedad de su herida una buena temporada, momentos que le permitieron recapacitar en el transcurso que llevaba su vida y sabiendo que aquella región iba a ser su tumba, estaba decidido a hacer el mayor de los sacrificios por el bien de Azeroth, no había dejado descendencia, solo le entristecía no volver a ver a sus viejos padres o haber perdido a sus compañeros, pero no quería que su sacrificio fuese en vano.

Mientras se recuperaba vio como el cielo se oscurecía, dos imponentes barcos voladores hacían su aparición en Corona de Hielo, eran las nuevas naves de guerra de La Alianza y de la Horda, pero parecía que en algunas ocasiones se centraban más en dispararse entre si que ir a por El Rey Exánime, al fin y al cabo había muchos terrores en la zona, no solo los caballeros de la muerte, tambien habia el resto de no muertos, algunos lich, los vrykuls, los esqueletos gigantes, vermis, gargolas... se mirase por donde se mirase Caleth solo veía diferentes formas de morir.

Aprovechando la incursión de todo el mundo en Corona de Hielo Caleth decidió emprender lo que él consideraba su última aventura, su sello en el mundo, asi que se prestó voluntario para ser uno de los defensores de las puertas mientras los elegidos ascendían hacia el trono helado.

Él estaba junto a sus viejos amigos y el resto de un pelotón frente a cuatro caballeros de la muerte montados a los pies de las escaleras de la tenebrosa fortaleza. Tras las muertes a lo largo de toda la campaña y el ultimo empujón hacia el Rey Exánime, Caleth era el líder de aquél escuadrón con su rango de capitán, así que como tal y ante una muerte anunciada se dedicó a animar a sus hombres para que diesen lo mejor de ellos, ya que es mejor una muerte con honor que una vida llena de remordimientos.

Se abalanzaron todos fervientemente contra los caballeros, desmontandolos rápidamente de los caballos y sorprendiéndolos, por primera vez podía sentir que su pelea estaba llegando a un buen punto, solo necesitó la ayuda de sus espadas para acabar con uno de los caballeros, le fue cortando las extremidades una a una con movimientos rápidos hasta que al final le cortó la cabeza. Habían conseguido esa victoria solo con tres bajas, por lo que su motivación había sido reforzada, pero no era momento de bajar la guardia, un numeroso número de necrófagos salió contra ellos, eso si que fue una batalla encarnizada, no paraban de salir mientras sus hojas cortaban sin parar todo a su paso, aunque él recibía numerosos cortes y heridas seguía en pie.

Consiguieron repeler a todos los enemigos que se les ponían delante, la determinación de Caleth liderando aquel grupo contagió a todos los pelotones que defendían aquella zona hasta el momento de la gran victoria y final de las campañas. Sin poder ceerselo aún pudo volver, aunque herido, a Denuedo, donde se embarcó de vuelta a su hogar para un merecido descanso y recuperación.

Durante el periodo de paz, considerándolo el reino como un héroe de esas campañas fue ascendido a comandante y nombrado comouno de los principales estrategas militares, aprovechando su estatus acomodó todo lo que pudo los últimos años de vida de sus padres mientras entrenaba a las futuras generaciones de soldados.

La vida de un soldado está en las batallas y, tras un periodo de paz, sucedió lo que todos conocen como el Cataclismo, aquel inmenso dragón pasó por Ventormenta causando importantes disturbios y ocasionando varias muertes, entre las que se encontraban los padres de Caleth. Esto hizo que decidiese volver al frente y poner orden allá donde la situación lo requiriese, Afiló sus espadas, sacó brillo a su armadura y escogió personalmente a sus compañeros.

Siguió haciéndose un renombre a lo largo de todo Reinos del Este pero eso no es lo que él quería, añoraba un combate de verdad, quería volver a verse en una batalla que le llevase al borde entre la vida y la muerte, cosa que no le costó encontrar, ya que, como si el destino le llamase, descubrió que una nueva expedición volvería a Rasganorte y sin dudarlo se apuntó.

Durante el viaje por el mar se encontró con todos los recuerdos que había tenido en los baldíos helados y todas las amistades que allí cayeron. Al igual que la anterior vez miraba a Denuedo pensando que no volvería, se sentía como aquel capitán inocente que desembarcó antes de cambiarle la vida para siempre, pero en esta ocasión decidió ponerse toda la armadura antes de desembarcar.

En Denuedo se informó de los peligros actuales, una especie con la que solo unos pocos se habían enfrentado anteriormente, los llamaban San´Layn y se nombraba en casi todos los informes la ciudad templo de En´Kilah, en la frontera de la región con el Cementerio de Dragones. Una vez recogidos todos los datos Caleth y su compañía pusieron rumbo al frente, pero siempre recordando todo lo pasado. Cerca de la Ciudad Templo establecieron su campamento, en un pequeño Ziguart que les proporcionaba una buena vista de su objetivo.

El primer día parecía tranquilo, pero según se ocultaba el sol la situación empezó a cambiarse, de todas direcciones aparecieron hordas de necrófagos que sorprendieron en un principio al pelotón, causando varias bajas, pero rápidamente se recompusieron y siguiendo las órdenes de Caleth pudieron asegurar la zona. Por desgracia sabían que no aguantarían eternamente, así que idearon un plan arriesgado para intentar salir de allí o al menos hacer llegar el aviso a Denuedo. Preparó una carta y le dio a un soldado la orden de no pararse ante nada una vez empiecen su maniobra.

Caleth yacía en el suelo con su ultimo aliento mirando al cielo mientras su boca se llenaba de sangre, su último pensamiento fueron todos sus compañeros caídos. Y asi sucedio, en el momento que abrieron su bloqueo empezaron a avanzar con pequeñas cargas entre los necrófagos,los cuales misteriosamente en esos instantes eran muy fáciles de derribar. Siguiendo sus ordenes, el mensajero salió a galope sin detenerse ante nada mientras entre los necrófagos aparecían dos imponentes figuras del pasado de Caleth, Caballeros de la muerte.

Sabedor de su potencial destructivo, Caleth ordenó centrar sus fuerzas en ellos, pero fue un esfuerzo en vano, mientras él daba la orden los "débiles" necrófagos que derribaban tan fácilmente estaban rodándoles y matándoles a mucha velocidad, no parecían los mismos. Pronto se quedó él solo antes los Caballeros.

Les miró de forma desafiante antes de cargar contra ellos, teniendo como consecuencia un par de costillas rotas y cortes serios por varias partes del cuerpo, pero consiguiendo derribarles. Por desgracia Caleth se agotó por el tremendo esfuerzo y acabó de rodillas en la nieve mientras observaba el cielo recobrando el aliento. En ese mismo momento una elfa apareció a sus espaldas y sin decir absolutamente le degolló para alimentarse de él como si nada. Dejando posteriormente que el cuerpo sin vida de Caleth se derrumbase en el suelo y poco a poco se cubriese por la nieve.

No se sabe cuanto tiempo pasó, pero ese no fue el fin de Caleth, ya que volvió a alzarse, siendo ahora compañero de aquellos que le asesinaron, pero sin ningún remordimiento. El nuevo Rey Lich y la Espada de Ébano le habían escogido como uno de sus integrantes para seguir luchando en Azeroth, pero con nuevos poderes. Se miraba las manos recordando como eran los últimos caballeros de la muerte que se encontró y decidió seguir sus pasos, ya que con ese inmenso potencial podría hacer bastantes cosas. También se quedó con su estilo de combate en vida y decidió usar dos espadas.

Durante un tiempo permaneció preparándose y especializándose en los campos de entrenamiento de la Espada de Ébano, pero ahora es hora de volver a la acción. [/INDENT]

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