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¿Y si... La Cruzada Escarlata hubiera reconquistado Lordaeron?
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diciembre 7, 2016 - 11:54 pm
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[SIZE=5]Introducción[/SIZE]

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La meta de la cruzada escarlata parecía noble en un inicio, pero lo más alto de su jerarquía estuvo siempre manipulada por el señor del terror Balnazzar, quien poseyó el cuerpo del Gran Cruzado Saidan Dathrohan, máxima cabeza militar de la órden.

La misma cruzada acabaría colapsando debido a la represión continua de sus fortalezas en todas las tierras del este ante tantos enemigos. La alianza, la horda, la plaga y su continua desfragmentación a favor del Alba Argenta y posteriormente la Cruzada Argenta acabarían finalmente con ella. Todo ello sin contar, las guerras de poder interno por postularse como patriarcas de la Iglesia de la Luz y la Cruzada Escarlata.

Pero, ¿qué habría pasado si hubieran podido repeler a las fuerzas del Rey Exánime? ¿Y si hubieran sido capaces de arrebatarles Lordaeron a los renegados? ¿Qué efecto habría tenido en las Tierras del Este? Y, en tal caso… ¿Cómo evolucionaría Azeroth?

Existen muchas líneas temporales que se entrecruzan. Líneas donde los orcos jamás bebieron la sangre de Mannoroth, épocas donde el Portal Oscuro jamás se abrió, realidades en las que el Monte Hyjal acabó siendo destrozado o momentos en la historia en los que Azeroth simplemente dejó de existir.
Esta, es una de esas realidades…

[FONT=Book Antiqua][SIZE=6]¿Y si la Cruzada Escarlata hubiera retomado Lordaeron? (Capítulo 1)[/SIZE][/FONT]

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Señores del Terror

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Tras la conclusión inevitable de la Tercera Guerra y la muerte de Archimonde, las fuerzas de la legión en Azeroth estuvieron terriblemente dispersas. En las Tierras del Este, Sylvannas ganó la libertad para ella y aquella masa de no-muertos autoproclamados como ‘’los renegados’’. Sus fuerzas controlaban no solo la capital de Lordaeron (rebautizada como Entrañas), sino también todos los territorios adyacentes del norte, arrebatados del control de los Señores del Terror, Detheroc, Balnazzar y Varimathras.

Este último señor del terror se vio obligado a servir a la Reina Alma en Pena a cambio de perdonar su vida y en compensación, le ayudaría a matar a sus hermanos. Detheroc volvió al Vacío Abisal asesinado sin contemplación, mientras que Balnazzar fue ejecutado por Varimathras para probar su lealtad a Sylvannas, aun cuando las leyes de los nathrezim prohibieran tajantemente la traición entre los señores del terror. Varimathras acabó por consagrar su infinito odio a su nueva ama, por la humillación que le había hecho soportar.

Sin embargo, no todo fue tan simple. Balnazzar no volvió al Vacío Abisal tal como ocurrió con Detheroc. Usando su potente magia ilusoria, el señor del terror fingió su muerte y se retiró oportunamente a las tierras de la Plaga. Una vez a salvo, empezó a plantar la semilla que daría inicio al plan de los señores del terror. La corrupción de los caballeros de la Mano de Plata.

Balnazzar poseyó al Gran Cruzado Saidan Dathrohan durante un asalto de la mano a la ciudad de Stratholme, aprovechando la desfachatez del paladín y su desmedido orgullo, se sació con su alma. Un peón más se unió al juego. Usando el cascarón vacío del antiguo paladín, el señor del terror acabó por transformar una pequeña sección de la vieja Mano de Plata en la Cruzada Escarlata, gobernada por el aquel entonces señor de la orden, el sacerdote Inquisidor Isillen. Balnazzar no tardó en atraer con palabras de venganza, liderazgo, unidad y redención al inquisidor gracias a su nuevo juguete humano. Isillen estuvo contento de nombrar a Saidan Dathoran Gran Cruzado de la orden. Dathoran sería la mano ejecutora que rebanaría la Plaga de Lordaeron, mientras que el Alto Sacerdote Inquisidor sería quien se encargará de sanar el corazón y el alma de las Tierras del Este. El nuevo señor de la Cruzada Escarlata traería con él la justa venganza de los afligidos por la Plaga. La Cruzada Escarlata había nacido entre el dolor de los huérfanos de Lordaeron, de los parias, los pobres, los devotos que vieron a la cruzada como un símbolo de piedad y justicia donde solo había muerte y desesperanza.

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Algunos miembros de la cruzada, no compartirían su visión de manera tan vehemente, donde a menudo se solía excluir de tal idílico paisaje a las razas no-humanas. Acabarían abandonando la nueva organización al percatarse del creciente fanatismo de sus integrantes. Estos antiguos compañeros fundarían el Alba Argenta. Una entidad tanto enemiga de la Plaga como de la loca devoción de la Cruzada Escarlata. La Cruzada Escarlata no se tomó este hecho demasiado bien. Eran un símbolo de traición y por tanto declararon a esta nueva organización apóstata y herética. Se abrió un cuarto frente para los cruzados, quienes ya contaban entre sus enemigos a los renegados a la plaga y al afán expansionista de la Horda en las Tierras del Este.

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Varimathras y Balnazzar

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En Entrañas, Varimathras bajo los atentos ojos de la Reina Banshee, no fue capaz de robar la voluntad de nadie con quien poder envenenar la autoridad de Sylvannas. No obstante, consiguió ganarse la lealtad de una pequeña facción separatista de los renegados, descontentos con su actual posición en el gobierno de la reina alma en pena. Estaban liderados por el Gran Boticario Putress. Este grupo estaba formado esencialmente de alquimistas del Apothecarium, quienes contaban con el mayor arma de los renegados, una nueva plaga que acabaría con vivos y no muertos. Hasta el momento dicha arma estaba… incompleta, pero demostraría ser una herramienta muy valiosa en el plan de Varimathras.
Los Señores del Terror se estaban posicionando, y cuando llegara el momento oportuno se valdrían del control de sus marionetas para hacer desaparecer discretamente a aquellos que fueran una amenaza para el desarrollo de los posteriores acontecimientos.

El primero en sufrir la manipulación de sus planes, sería Sir Alexandros Mograine, el portador de la Crematoria.
Balnazzar manipularía la mente del joven y codicioso hijo de Alexandros. Renault Mograine. Renault acabó con la vida de su padre y fue recompensado con el patrocinio de Saidan Dathroran en la Cruzada Escarlata. Puesto que le granjearía la posición de Comandante de la Cruzada en el Monasterio Escarlata. Nada se supo de Darion Mograine, quien debiera convertirse en el siguiente portador de la Crematoria… pero se dice que su hermano, se encargó de él y tampoco sufrió un destino amable…
Pero aparte de la familia Mograine, había otro antiguo caballero de la Mano de Plata que Balnazzar debía de contener. Un viejo ermitaño que se había escondido del mundo desde hace mucho tiempo. Su nombre era Tirion Vadín.
La Caída de los Vadín

La muerte de Tirion Vadín cambiaría el futuro de las Tierras de la Peste. De hecho cambiaría el futuro de todo Azeroth. Sin Tirion, los Caballeros de la Mano de Plata y el Alba Argenta nunca se habrían unificado y jamás se hubiera constituido la Cruzada Argenta. Sin Tirion, su hijo Taelan Vadín, Alto Señor de la Cruzada Escarlata no habría desertado de la Cruzada, sino que caería profundamente en la influencia de Balnazzar como muchos miembros otros de la orden.
Balnazzar comandó a su subordinado, el Gran Inquisidor Isillen la tarea de despachar al viejo paladín con discrección. Tirion había sobrevivido hasta el momento varios intentos de asesinato de los hombres de Isillen, pero finalmente en la orilla del río Thondroril, los sicarios de la Cruzada Escarlata arrinconaron al paladín en su modesta casa en las colinas. El anciano héroe no se rendiría sin luchar con valentía pero sin los poderes de la Luz que una vez poseía, caería ante los filos escarlata.
Su cuerpo y su casa fueron incinerados. No le sería facilitado a la Plaga otro campeón. Y Taelan nunca sabría del asesinato de su padre. Para que no fomentara ideas de traición o llegaran a su oído tales sospechas, el Gran Cruzado Saidan le encomendaría una nueva tarea.

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La Batalla de Andorhal y la Purificación de las Tierras de la Peste del Oeste

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Bajo recomendación de Isillen, el maestro de Taelan, Saidan Dathrohan encomendó al hijo de Tirion Vadín la tarea de retomar la ciudad de Andorhal de las fuerzas de la Plaga. El Nathrezim sospechaba de la lealtad del joven Vadín, y ¿qué mejor que cimentarla sobre una gran victoria para la cruzada? Taelan sería visto como un libertador y aclamado como un héroe. Tal hazaña estimularía el orgullo del joven Alto Señor, un orgullo que sería fácil de manipular.
El Alto Señor reunió a las tropas de Vega del Amparo y marcharon con premura al sur para asediar Andorhal. Las tropas traídas desde esta base ,eran formidables como poco, dado que en su mayoría estaban compuestas por caballeros de la Mano de Plata que habían encontrado refugio entre las montañas después de que su orden se desvaneciera y fuera absorbida por la Cruzada Escarlata.

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A pesar de que las Ruinas de Andorhal estaban ocupadas por una fuerza considerable de no-muertos comandada por el Lich, Arash el Invocador, estaban bastante lejos de los grandes bastiones de la plaga en el este. La batalla fue agotadora, pero los paladines de la Vega del Amparo acabarían por imponerse y aplastar a la plaga y la filacteria de su comandante, asegurándose que tal amenaza no volviera a repetirse.

Justo al sur, las fuerzas de la Alianza se establecieron con el objetivo de apoyar a la cruzada, pero ni siquiera fue necesario. La Alianza también luchaba por ver Lordaeron reconstruida y no tardaron en recompensar tales esfuerzos de Taelan enviándole pomposas felicitaciones por su notable liderazgo. A pesar de que la Cruzada era más bien recelosa con los extranjeros, enviarían emisarios y misioneros a las tierras de la Alianza en el sur, en busca de reclutas para la causa.
Taelan, a pesar de ser manipulado por el nathrezim Balnazzar, no tenía malos deseos hacia la Alianza por lo que no tardó en proponerles un pacto. La cruzada se ocuparía de acabar con la Plaga en las Tierras de la peste, si la Alianza evitaba la expansión de la Horda en el sur de Lordaeron y mantenía la barrera en el oeste. La Alianza aceptó, soportando como resultado una dura batalla en Trabalomas y siempre atentos, vigilando la frontera que separaba las Tierras de la Peste Oeste del territorio de Sylvannas en los Claros de Tirisfal.

Varimathras, consciente del plan que entretejía su hermano Balnazzar, se encargaría de mandar tantos renegados como pudiera a dichos conflictos durante meses en busca de una segunda muerte. No obstante debía ser cuidadoso y no revelar el patrón a la Dama Oscura.

Taelan, seguro de la habilidad de la Alianza para cubrir sus espaldas, comandó sus fuerzas hasta Castel Darrow, una antiguamente próspera casa noble en medio del Lago Darrow, ahora conocida como la escuela de nigromancia de Scholomance. En este lugar, los servidores mortales de la Plaga eran entrenados en las artes oscuras. Para la Cruzada Escarlata, no era más que el refugio de un montón de herejes traidores. Taelan lideró una sangrienta purga en los salones de Castel Darrow. Los cruzados degollaron abominaciones, profesores, jóvenes estudiantes o viejos hechiceros con la fe de quien sabe que hace lo correcto. Todo tomo profano, cada viejo pergamino, cada invención de alquimia fue destruido.

Pero Balnazzar y Varimathras dispondrían de un factor que aseguraría aun más la devoción del inexperto Taelan. Entre las pertenencias del Archinigromante de Scholomance colgaron oportunamente el antiguo medallón de Tirión Vadín gracias a unos cuantos espías infiltrados en la fortaleza. Cuando Taelan descubrió aquel emblema tan característico de su padre, lloró amargamente y fue el primero en encender su antorcha.

Para la Cruzada Escarlata, toda mancha de la Plaga necesitaba ser lavada a conciencia mediante fuego y sangre. Pero aquella noche, se redefinió el concepto de ‘’masacre’’. El mismo Taelan cortaría la cabeza del responsable de aquel lugar, el Maestro Oscuro Gandling y la colgaría en el estandarte de la Cruzada, para que aquella escoria infecta no olvidara que no importaba donde se escondieran. La justicia de la Luz les alcanzaría.

Tras la batalla, Taelan ordenó quemar Castel Darrow hasta los cimientos. En su mente, la fortaleza entera era tan solo una úlcera pútrida que debía cauterizarse. Con las cenizas de los muertos en el aire, las Tierras de la Peste del Oeste, habían sido aseguradas, al menos en su mayor parte. Y el odio de Taelan alimentaba el fuego de la guerra que estaba por venir.
La Retoma de las Tierras de la Plaga del Este

Con la victoria de Taelan Vadín, la Plaga ahora estaba privada de su fortaleza más poderosa en el oeste y su fuente de más valiosos nigromantes había quedado calcinada.

Balnazzar sabía que el siguiente paso debía de ser ‘’liberar’’ a las Tierras de la Plaga, de su esquelético maestro, el Archilich Kel’Thuzad. Las tropas de élite de Balnazzar se dirigieron a Stratholme y el ejército carmesí se mantuvo valeroso ante los esbirros del lich, pero era claro que necesitarían refuerzos para presionar a los no-muertos fuera de la ciudad y asaltar la necrópolis flotante de Naxxramas, por lo que decidieron retirarse temporalmente.

En el extremo más este de las Tierras de la Peste se encontraba El Enclave Escarlata, una franja de tierra sin mácula de la presencia de la Plaga. Esta región contenía las ciudades de Nueva Avalon, Costa Refugio y Mano de Tyr. Los Cruzados Escarlatas habían llegado a este territorio hace mucho tiempo, casi al inicio de la constitución de la orden, convirtiendo las poblaciones locales a la fe de la cruzada e incorporando grandes efectivos a sus fuerzas. Su principal comandante no era otra que Brigitte Abbendis, antigua compañera de Isillen y una antigua paladín de la Mano de Plata conocida por su singular odio hacia los no-muertos, especialmente entre la ya de por sí fanática Cruzada Escarlata.

Ahora que los soldados de la Vega del Amparo habían conseguido abrirse paso hasta el este, Abbendis se sentía más segura de poder desplegar sus soldados más allá de la Mano de Tyr y Nueva Avalon.

Balnazzar, valiéndose una vez más del cuerpo de Saidan Dathroran para ello, envió una carta a la Alta Cruzada del Enclave Escarlata para reunir ambas fuerzas. Ahora que Taelan contaba con los apoyos tan deseados, la inspirada fuera de cruzados de Vega del Amparo, empujó lentamente a la Plaga, limpiando de corrupción y necrosis de aquello que se cruzaba en su camino hacia el sureste. Mientras tanto, Abbendis, con unas fuerzas algo menores se encargaban de tomar el Cruce de Corín, la principal ciudad de la ruta comercial más importante del este.

Abbendis sufrió muchas bajas. La Plaga era fuerte en este lugar, pues Kel’Thuzad conocía su valor estratégico. La batalla no fue fácil para la Alta Señora del Enclave. En un desesperado giro de los acontecimientos, la plaga expulsó a los cruzados del Cruce de Corín hasta la carretera del sur. Pero finalmente Taelan y sus caballeros se sumaron a la batalla, arremetiendo contra la vanguardia de la escoria no muerta.

La Plaga acabó siendo rodeada por ambos flancos y los cruzados no dudaron un instante en destrozarlos. Taelan y Abbendis se tomaron un momento para reagrupar sus fuerzas y al final de la batalla hicieron quemar aquellos cuerpos de los cruzados que murieron para asegurarse de que no fueran levantados. Ambos comandantes se reunieron y planearon durante horas el modo de asaltar el Bosque de la Peste y asediar Stratholme. Sin embargo, desconocían que Balnazzar ya tenía en mente el próximo movimiento a tener en cuenta.

Antes de encaminarse al norte, hubo un pequeño asunto que debe resolverse. El Alba Argenta. Los miembros del alba argenta se escindieron de la cruzada cuando notaron el creciente fanatismo de los paladines escarlatas. El Alto Cruzado los declaró traidores, pero estaba dispuesto a ofrecerles otra oportunidad. Dathroran designó a Abbendis y sus mejores hombres la tarea, marchando dispuestos a confrontar a los defensores de La Capilla de la Luz u ofrecer una alternativa mejor a su líder, Lord Maxwell Tyrosus.

Aquellas razas pertenecientes a la Alianza les sería ofrecida la posibilidad de unirse a los rangos de la cruzada. Las razas de la horda, por el contrario se marcharían inmediatamente de sus tierras o serían pasados por la espada y los renegados…. Debían ser eliminados en el acto. La oferta era clara, pues no era una petición ni era negociable. Aquellos que se negaran, morirían. Mientras Abbendis empezó a revelarle a Tyrosis lo precario de su situación, rodeados por el ejército de fanáticos de la Cruzada Escarlata, Taelan Vadín observaba la escena desde una colina cercana, preguntándose si tal movimiento era realmente correcto.

Taelan sabía que el Alba Argenta estaba compuesta de hombres y mujeres de honor, incluso si no eran de la Alianza, pero había sido la Cruzada Escarlata quien había purgado Andorhal, Castel Darrow y el Cruce de Corín y serían ellos quienes liberaran Stratholme de los no-muertos y restaurarían la antigua gloria del reino de Lordaeron. Así debía ser, pues eran los únicos lo bastante conscientes con la amenaza que suponía la Plaga y la maldición de la no muerte y ante tal enemigo, no debía haber ninguna interrupción. Era su deber con la Luz. Así que cuando Maxwell Tyrosis rechazó la oferta y cuando Abbendis, dio la orden de asediar la Capilla de la Luz, Taelan apartó la mirada de la masacre que aconteció aun con lágrimas en los ojos.

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Con la desaparición del Alba Argenta, la distracción de la Capilla de la Luz fue borrada del mapa. La Cruzada Escarlata había asegurado su posición en las Tierras de la Peste. La cruzada estaba lista para aplastar a los no-muertos y disipar la influencia del Rey Exánime de Lordaeron.

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La Destrucción del Archilich

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Taelan y Abbendis recompusieron nuevamente sus fuerzas, comandando al ejército de cruzados hacia el Bosque de la Plaga. Su objetivo eran los ziggurats y los calderos de peste que se elaboraban en ellos. Los no muertos permanecieron listos para repeler a los templarios rojos y dorados. Los árboles, con sus auras nocivas debilitarían lentamente a los paladines dándoles ventaja. En el cielo, la ciudadela de Naxxramas parecía contemplar la inminente batalla, plagada de caballeros de la muerte, nerubianos, gárgolas y abominaciones que eran transportadas a tierra y unidos a la contienda mediante alguna clase de portal mágico en la ciudad.

La Cruzada Escarlata lanzó su asalto final para reclamar el antiguo territorio del este de Lordaeron. Desde dentro de Stratholme, Balnazzar empleó a su marioneta, Saidan Dathroran para formar una escuadra de caballeros que se internarían en las calles de la metrópolis. Mientras tanto, las hordas de no-muertos que inundaban el Bosque de la Plaga se hacían cada vez más espesas, y aunque los Cruzados luchaban con una dedicación nunca antes vista, no podían esperar ganar ante los poderes nigrománticos de Kel’Thuzad.

Saidan Dathoran y sus caballeros por otro lado, se valieron de la presión en el exterior para avanzar. Su primer adversario fue Lord Aurius Rivendare quien a pesar de sus fabulosos poderes, fue derrotado gracias a la curtida caballería de Vega del Amparo. Sin los nigromantes que habitualmente vendrían de Scholomance, los no-muertos del interior de Stratholme no aguantaron demasiado tiempo las cargas de caballeros. Balnazzar ordenó a Dathoran que aprovechara la oportunidad para que asaltase el portal de Naxxramas y así relajara la tensión del resto de la batalla. Los jinetes alcanzaron el interior de la necrópolis, sin una verdadera amenaza entre las filas de cadáveres y esqueletos hasta que eventualmente confrontaron a Kel’Thuzad.

El Lich destrozó a más de la mitad de los caballeros. Aun así, pese a sus fabulosos poderes, no fue capaz de aguantar la lucha contra la marioneta de Balnazzar y toda su hueste de caballeros inquisidores a la vez que mantenía el control de los no-muertos que guerreaban en tierra con la Cruzada Escarlata. El antiguo archimago fue consciente de que la batalla se le escapaba de las manos, por lo que trató de minar el control que tenía Balnazzar sobre el Gran Cruzado Dathroran revelando a los Cruzados Escarlata la verdad de su señor, sin embargo, todo lo que oyeron aquellos quienes acompañaban al Alto Cruzado Saidan Dathoran eran solo mentiras de otro no-muerto para prorrogar su inevitable muerte. Falacias propagadas por el responsable de extender la Plaga en Lordaeron.

Kel’Thuzad fue destruido en su forma física. Inmune a la influencia del lich y su tétrica voz, Dathroran rompió su filacteria delante de sus hombres gracias al conocimiento que le otorgó la voz de su señor Nathrezim. Kel’Thuzad había muerto, y con él, la Plaga había sufrido un duro golpe.

Sin el control de Kel’Thuzad, las filas de los no-muertos no tardan desorganizarse. Los pocos nigromantes que coordinaban el campo de batalla eran incapaces de dirigir tantos cuerpos al unísono y la influencia del Rey Exánime estaba demasiado lejos como para mandar órdenes claras a sus subordinados. La falta de talento de los conjuradores para asumir el mando acabó siendo su perdición. Con cada nueva refriega, las fuerzas de los no-muertos se fueron desvaneciendo.
Sin una amenaza clara en la región, los cruzados se dedicaron a destrozar las bolsas dispersas de cultores y no-muertos. Empezando por las pirámides troll de Zul’Mashar y toda la llanura norte. Aun así, la Cruzada Escarlata no se entretuvo demasiado en Stratholme una vez fue asegurado y librado de la presencia de brujos y nigromantes. Abbendis se encargó de tal tarea mientras el grueso del ejército marchó tras Taelan y Dathoran.

Su siguiente y más preciado objetivo, se encontraba al oeste.

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La Muerte de la Dama Oscura

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Dathroran y Taelan volvieron al frente oeste para encontrar que la Alianza cumplió su parte del trato, repeliendo a la Horda y los Renegados del este, e impidiendo que se aventuraran demasiado al norte para asediar el Monasterio Escarlata.
Una gran legión de soldados recién reclutados entre las filas de la Alianza aguardaba en el Monasterio, a la espera de una orden para lanzar un ataque contra Lordaeron y reclamar Tirisfal a los renegados para mayor gloria de la Cruzada Escarlata. Dathoran delegó al joven Alto Señor Vadín la tarea de empezar a desestabilizar la zona y a sembrar el caos entre los asentamientos renegados, mientras él viajaba hacia el Monasterio Escarlata para reunirse con su más apreciado pupilo, el Comandante Renault Mograine.

Tomando a los nuevos reclutas consigo, las fuerzas de Taelan, Dathoran y Mograine comenzaron sin demora el asedio a la vieja capital de Lordaeron, ahora apodada Entrañas.

Sylvannas, siendo la única fuerza relevante de la Horda en las Tierras del Este y con refuerzos de la Horda a medio mundo de distancia, se vio obligada a internarse cada vez más en la ciudad. Aprovechando la debilidad de la Dama Oscura, Varimathras instigó su pequeña rebelión entre las fuerzas de los renegados. Sylvannas, siendo cogida totalmente por sorpresa, rodeada tanto por los cruzados como por los separatistas en su cámara real se vio sobrepasada.

Como en un fin irónico, Varimathras ordenó que no mataran a la elfa, sino que se regodeó tras torturar su delicada alma y devorarla. Tras unas horas, solo quedó de su cuerpo marchito una sucia pulpa grisácea la cual destrozó sin compasión tal como le obligó ella a hacer con su hermano Detheroc.

En el exterior, los Cruzados Escarlata avanzaron con mayor facilidad a medida que sobrepasaban cada nivel de la ciudad, purgando cada cadáver viviente en el camino. No parecía que realmente estuvieran organizados debidamente, ya que la cadena había quedado vacía tras la muerte de Sylvannas y gran parte de los Ejecutores. Los renegados rebeldes, se vieron obligados a dejar la ciudad mediante el sistema de alcantarillado para evitar la aniquilación. Tras varias horas de asedio la cruzada escarlata abrió las puertas de la cámara de Sylvannas, solo para encontrar un puñado de restos sanguinolentos que parecieron haber sido el cuerpo de la reina elfa horas antes, y aunque nadie pareció afligido por tal imprevisible muerte, Taelan, sintió que aquella batalla apenas fue una sombra de lo acontecido en Stratholme. Extrañamente esperaba que hubiera sido más difícil acabar con la Reina Forestal.

Tras proseguir la persecución de los renegados restantes entre las alcantarillas y quemar los lugares más depravados como el Apothecarium o el Salón de los Brujos, los cruzados celebraron su victoria. Dathoran reclamó la presencia de Taelan a la cámara real, supuestamente para felicitarle por su gran trabajo y disponer las medidas necesarias para reconstruir la ciudad, tal vez incluso para delegarle la regencia de la capital.

Vadín se arrodilló ante el Alto Cruzado, y este, pidió amablemente a su guardia de honor que les dejara solos y que se aseguran de que nadie entrara en la sala.

El Supremo Comandante de la Cruzada Escarlata alabó el gran valor y arrojo del joven Alto Señor en la batalla. Sin el liderazgo y visión de Taelan, la Cruzada Escarlata jamás habría sido capaz de reclamar las Tierras de la Peste y Lordaeron. Era hora de que la lealtad de Taelan fuera recompensada. A un gesto de Dathoran, las sombras se agitaron tras el Alto Cruzado y antes de que el paladín pudiera reaccionar, una nube oscura y rojiza le inmovilizó. Era Varimathras. El Nathrezim drenó lentamente su alma, tal como hiciera con Sylvannas, saboreando aquella esencia tan pura y fuerte como si fuera miel líquida. Taelan trató de librarse de la fuerza del Señor del Terror, pidiendo ayuda en voz en grito a su maestro, rogando porque le librara de aquella bestia demoníaca. El Alto Cruzado Saidan Dathrohan, sonrió con una dentadura lupina y Taelan pudo observar la misma mirada de pura crueldad que reflejaba el demonio que tenía encima. En los ojos del Alto Cruzado, había muerte, crueldad, inteligencia, avaricia y vileza sin medida. Una mirada que siempre había estado ahí, según recordaba, pero que había acabado ignorando. Una mirada, que se llevaría a la tumba.

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Taelan murió, su alma alimentó al hermano de Balnazzar. Pero su labor no había acabado, pues su cascarón vacío serviría aun a la cruzada, como recipiente para Varimathras. Los demoníacos hermanos, disfrazados en sus atuendos de carne mortal se felicitaron el uno al otro por su gran éxito y la culminación de su gran plan. Los Señores del Terror habían castigado a los renegados y asegurado las Tierras de la Plaga, adueñándose de un poderoso ejército en el camino.

Sin embargo, aun quedaba mucho por hacer para preparar el mundo para la próxima llegada de la Legión…

[SIZE=4] Relato creado por Moocluck, difundido por Nixxiom.
La adaptación y adición de algunos textos, traducción y creación de las imágenes son de mi autoría
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marzo 18, 2017 - 12:52 am
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Muy bueno, a pesar de haber visto el vídeo original en su día, siempre es un gustazo ver a gente hispanohablante haciendo traducciones como esta, haciendo llegar contenido a más usuarios.

Por parte de las adiciones, genial y muy interesantes, en cuanto a las imágenes, me la saco, como estudiante de audiovisuales, un logro hacer que este motor gráfico se vea bien.

-IVoltZ


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abril 26, 2018 - 10:11 am
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Sé que es un hilo antiguo y me disculpo por revivirlo, pero me ha parecido que merece la pena decir que me ha gustado leerlo de esta manera en español

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