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Tanathos, el Eterno
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abril 29, 2018 - 7:09 pm
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Tanathos, el Eterno
También conocido como el Guardián del infinito, el Revelador, el Coloso o con su antiguo nombre, Voroth’nir.

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La llamada del Vacío

Corrían tiempos de grandeza para los Eredar, en el planeta de Argus donde el conocimiento alcanzaba la cuna de su civilización, cuando Voroth’nir, un gran guerrero y hechicero de aquel planeta, encontró algo que no debía, siendo el primero en conocer los secretos del Vacío.
Se encontraba practicando hechizos arcanos, cuando por error encontró aquella dimensión de caos, respondiendo a la pregunta de qué había en los orígenes y a muchas otras cuestiones, sin embargo cuando encontraba respuestas, surgían nuevas dudas dentro de su cabeza, siendo la avaricia y la curiosidad la que le llevó a saber más y más.

Reunió a varios interesados para hacerse con más de este conocimiento y cuando el Triunvirato de Mac’aree se enteró, condenaron este acto, por miedo e ignorancia de lo que se trataba. Aunque Kil’jaeden también quedó impresionado por el poder que este contenía, incluso él temía algo que no conocía y explicó que primero debían averiguar de qué se trataba, antes de usar esa magia.

Voroth’nir, era el Comandante de la guardia real en aquel entonces, un buen hechicero pero aun mejor guerrero; él no era nada al lado de los grandes como Velen, Archimonde o Kil’jaeden. Así que cuando estos dieron su sentencia, solo pudo apechugar.
Al principio fueron avisos, pero dado la insistencia de él y sus acólitos y los problemas que surgieron entonces, cuando algunos de ellos aparecieron muertos tiempo después, el Comandante fue destituído de sus títulos y rangos y fue encerrado en las mazmorras.

Velen condenó sus actos más que nadie y prohibió que nadie volviese a usar nunca esa magia.
Kil’jaeden, en secreto investigaba más sobre ella, quería conocer sus secretos pero no era tan ingenuo como Voroth’nir, sabía el precio que traía consigo, como quebraba la voluntad e inducía a la locura, por eso, se mantuvo al margen hasta estar preparado.

Voroth’nir comenzó a tener visiones en aquella mazmorra bajo la gran ciudadela, visiones de pesadilla y oscuridad. Al principio temía, pero después, entre esas visiones y el dolor que le infringían, comenzó incluso a sentir placer. La curiosidad y la ambición no desaparecieron, tan solo se apagaron durante un tiempo e hizo un voto de silencio durante todo aquel tiempo.

El Triunvirato ahora conocía mejor los orígenes del universo sobre la Luz y la Oscuridad, seres que emergían de planetas, llamados Almas-mundo y sobre todo, los demonios que emergían y contra los que tuvieron que luchar en más de una ocasión por accidente, pero hasta ahora no tenían ningún problema. Vivían en paz y duraría mucho tiempo.

El vacío mostraba a Voroth’nir la mentira de la Luz y los peligros que habían surgido tiempo atrás, como Sargeras y su recien formada Legión Ardiente. Esas visiones tomaron la forma de un ente, un ser muy poderoso que se le aparecía con una voz dulce. Posiblemente no tuviese genéro, quizás ni si quiera nombre, pero él podía escucharla como un cántico suave que entraba en su oído y le susurraba e incluso podía verlo como a un ser de increíble belleza.
Al menos era la forma que mostraba en aquel momento, pues no poseía cuerpo y parecía estar en continua y cambiante forma. En aquel entonces era oscuro, pero al mismo tiempo bello, como una estrella que se apaga o como un agujero negro en el espacio, brillaba con tonos púrpuras y cristalinos y al mismo tiempo, y aunque a otros podrían trasmitirle miedo, a él, al contrario, le trasmitía calma y tranquilidad.
Este ente, previno al gran guerrero y hechicero, de lo que iba a pasar, tal y como la Luz lo hizo con Velen. Y entonces… Rompió su silencio, con un grito ahogado para llamar a los suyos.

– ¡Él ya viene! Os ofrecerá mentiras, pero él no trae la verdad, ni la salvación. Solo hay una forma de ser salvados…

Ellos, hicieron caso omiso y lo tomaron por loco. Voroth’nir hacía ya quinientos años que fue encerrado por culpa de los suyos, su gente ya se había olvidado incluso de él, excepto el Triunvirato que tomaron su error como ejemplo y los guardias que lo custodiaban, además de por supuesto, los libros de sus bibliotecas.

El Titán Oscuro ya había llegado y ofreció a los Eredar, el poder absoluto. La tentación en la que su día cayó Voroth’nir, solo que a un nivel mucho más grande, para todos y con un precio mayor.
Kil’jaeden no tardó mucho en pensarlo, parecía que ya conocía el poder y todo el tiempo que tuvo para meditar e investigar, le ayudó a tomar su decisión. Archimonde le siguió y con ellos, la gran mayoría de su mundo. Pero en cambio, Velen tuvo visiones de los seres llamados Naaru, que le guiaron a él y a la mayoría de los suyos fuera de ese mundo.

Ya conocéis el resto de la historia, fue el comienzo del fin del Argus como se conocía y el principio de la gran guerra. La Legión Ardiente ahora ya tenía mucho más que un fuerte aliado, los Man’ari comandaban parte de sus ejércitos y los llamado Draenei, huyeron lejos de allí.

Ya no quedaban con vida aliados de Voroth’nir y si lo había, habían sucumbido a la corrupción de Sargeras, lo preferían a él y su poder. Claro está, no conocían el verdadero propósito, ni habían visto lo que él si. El gran guerrero sabía que su momento había llegado, ahora sabía que se encontraba en un alma-mundo, pero Sargeras no tardó en esclavizarla y en cambiar aquel mundo, mientras el Vacío abisal azotaba aquel lugar. Él, seguía siendo un prisionero y ahora si que había sido olvidado, nadie quedaba a su lado, más que esclavos torturados hasta que pedían morir o unirse a la Legión.
Aun siendo olvidado, no tardaron en ofrecerle la liberación a cambio de unirse. La respuesta del Eredar, fue concisa y clara.

– El universo está perdido. Solo hay una salvación.

Rápidamente lo sacaron de su celda, los dos Man’ari que lo sacaron no llevaban mucho tiempo con sus nuevos poderes y nunca pensaron, que aquel Eredar con pinta de vagabundo y débil, después de tanto tiempo los sorprendería, utilizando los poderes que nunca olvidó y que usó en el pasado. Un vórtice de energía oscura azotó la prisión quebrando y eliminando a todos los que hubo a su alrededor. Tal fue la sacudida, que incluso Archimonde la sintió.

Para cuando llegaron a donde emergió aquella brecha, Voroth’nir había desaparecido, pues el ente que le enseñó todo este tiempo, le mostró un camino.

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El error del universo
 

Voroth’nir no se encontraba en un plano físico, cuando cruzó aquel portal, no sabía a donde llegaría, ni las consecuencias que tendría. Sintió dolor y pesar durante mucho tiempo, la soledad ahora era su mayor compañera.
Aquella deidad que le enseñó todo lo que sabía, le susurraba pero no le decía que tenía que hacer, el Eredar se acostumbró a su voz angelical y femenina, quizás la tomó para llegar a lo más profundo de su ser, aprovechándose de su soledad, pero aun incluso siglos después le seguía fascinando como el primer día. Allí, no necesitaba comer, ni beber, ni dormir. Era parte del castigo, o al menos lo sería para cualquier mortal, pero no para Voroth’nir; él creía que era un regalo.

Él llamaba a aquella deidad “La señora del caos”  o “Soledad” Muchos nombres para referirse a ella, pero ninguno hacían honor a su grandeza. Un día al azar, después de incontables décadas, siglos o milenios confinado en la oscuridad, sin saber qué día era o donde estaba, la deidad se fijó en él una vez más.

– Te he observado y veo que aun sientes fascinación. Tu paciencia ha dado frutos. Ahora observarás el problema del universo, desde su origen. Olvida tu nombre y da la bienvenida a tu nueva vida.

Voroth’nir, ni si quiera podía hablar, llevaba tantos años en silencio que no le salía lo que quería decir, se arrodilló y asintió sin más. Cerró los ojos y comenzó a contemplar lo que el Vacío quería mostrarle.
Primero pudo ver la oscuridad y la tranquilidad, después le siguió una explosión y luego llegó la Luz, las energías caóticas y la magia… No comprendía todo lo que veía, pero el Vacío no trataba de responderle a eso, tan solo quería mostrarle algo más profundo.
Observó milenios de destrucción, como el Panteón se formó y como Sargeras reunió a la Legión Ardiente y sus propósitos. Entonces vio algo con mucha claridad…

El Panteón estaba reunido cuando se enteraron de la traición de Sargeras y sabían que él iba a por ellos.

– ¿Cómo ha podido ocurrir esto? Gran padre, ¿acaso no pudiste verlo? – Dijo Golganneth.
– El destino ha cambiado, mi hermano lo ha cambiado. No debería haber pasado, pero pasó. – Respondió Aman’thul.
– Debemos prepararnos, debemos defender el Panteón. He visto los nuevos poderes de Sargeras y no hay forma de detenerlo. – Aclaró Agrammar, el campeón del Panteón.

Y el Panteón cayó tiempo después. El Eredar, con su magia, forjó un trono y se sentó en él para contemplar todo lo que el Vacío le enseñaba. Quedó fascinado por el poder de los Titanes y llegó a temer a Sargeras, cuando vió como este destruía al Panteón.

– Quiero ese poder. Creación, destrucción… La mortalidad es una barrera y quiero superarla. -decía Voroth’nir.

– Cuando aprendas a despojarte de tu vida y lo hayas visto todo, entonces quizás nos seas útil. -susurraba el Señor del vacío.

Voroth’nir tras eso contempló el universo y sus habitantes. Había miseria, hambre, dolor, ¿qué había de bueno en eso? El problema era que no había control, era caótico y por supuesto falto de recursos, la muerte llegaba pronto para la mayoría y tantas guerras o la sobrepoblación eran un gran problema. Tras eso, contempló las mentiras que había tras los seres de Luz, decían luchar contra el Vacío y que ellos eran los buenos, pero en realidad eran seres egoístas y arrogantes, que trataban de controlar, mintiendo a todos sus feligreses, exigiendo sacrificio y fe incondicional.

Tras todas esas visiones, despertó sentado en su trono y miró a todas partes y creía tener la mente clara.

– ¿Lo entiendes ahora? El Vacío es la verdad, para bien o mal, es la naturaleza del universo. La luz miente y la creación va en contra de la misma naturaleza. Un alma-mundo debe caer, entonces un verdadero Titán oscuro envolverá el universo y todo volverá a ser como era y como debe ser. Todos los mundos deben ser envueltos en la oscuridad y entonces, vivirán eternamente y habrá paz. Azeroth será ese campeón, ese Titán Oscuro.
– Lo comprendo. El universo es más pequeño de lo que parece y hay demasiadas personas para tan pocos recursos, hay demasiadas mentiras. La Luz es una impostora, nosotros debemos llevarles la verdad. ¡Todos deben saber esto!

Voroth’nir, parecía haberse obsesionado con aquel ente, sabía que ella solo le utilizaba y no parecía sorprendida por él. En el fondo de su corazón oscuro, necesitaba llamar su atención.

– Dame tu poder, conseguiré encontrar un alma-mundo y corromperla para ti.
– No tienes el poder, ni es tu destino.
– ¿Y por qué me muestras esto? ¡Deja de manipularme!
– Porque tienes potencial, eres un simple soldado en esta guerra, nada más.
– ¿Soldado? ¡No! Quiero ser más. ¡Seré tu campeón! ¡Corromperé ese alma-mundo! ¡Salvaré el universo!
– Ya veremos…

De pronto, el Señor del vacío desapareció, dejando solo e impotente a Voroth’nir. Este, había cambiado durante tanto tiempo rodeado de vacío, era mucho más corpulento, tenía unos ojos rojos y una piel más oscura y púrpura, casi negra y el cuerpo desfigurado. Voroth’nir gritó y le llamó para que volviera, incluso llorando. Los susurros nunca le abandonaron, pero no volvió a ver a ese ente más y se preguntó qué había hecho y qué quería de él. Su ambición le llevó a buscar más respuestas durante los siguientes siglos.
Envuelto en rabia, se dijo así mismo, pensando que aun le escuchaba:

– Me mostraste todo eso por una razón y te demostraré que te equivocas. Me dijiste que olvidara mi nombre y así lo he hecho, ahora soy un nuevo ser. Gracias a ti, ahora soy inmortal y he vencido a la muerte, en mi lengua hay una palabra para eso. Ahora soy Tanathos, el eterno y conquistaré el universo, seré su salvador…

Tras eso, se construyó una armadura forjada de los restos de otras Almas-mundo, destruídas en el universo y comenzó a cazar demonios y al llamado Ejército de la Luz, los enemigos de la oscuridad, conocerían la verdad. No tardó en conseguir seguidores, con los que diezmó algunos mundos.

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Los hijos de Tanathos

Casi como un dios, muchos lo comenzaron a alabar, su fama le precedía en algunos lugares del universo. Cuando diezmaba mundos, no los mataba a todos, solo a los más débiles y permitía a los fuertes sobrevivir y servirle en su cometido. Entre ellos cogía a los más fuertes y los adoptaba, para servirle como parte de su familia. Incluso sentía aprecio por algunos de ellos.

Durante siglos buscaba y observaba los planes de Sargeras desde la lejanía, pero el Titán Oscuro ni si quiera lo consideraba una amenaza, sería inmortal, pero no era nada a su lado. Sin embargo si que era una amenaza para los mortales o para el Ejército de la Luz y muchos demonios le temían.

Tanathos buscaba artefactos que le dieran el poder suficiente para convertirse en el campeón del Vacío, para poder abrir las puertas. Quería ser él y nadie más, pero la lealtad de sus hijos le ayudó en su búsqueda. No tardó en descubrir que Velen tenía en su posición varias gemas Ata’mal, construída por los Naaru y con mucho poder, pero sabía que por ahora era una caza de brujas perdida, tenía a Kil’jaeden detrás y él aun no era tan poderoso.

Sin embargo, se fijó en la Legión. Nunca pisó Azeroth, pero el Vacío le mostraba lo que quería ver, podía ver más allá y fue cuando observó a Sargeras entrar en este Alma-mundo bajo la forma de su avatar cuando lo vio claro. Un cetro, construido por Sargeras, con el poder suficiente para destruir mundos y lo que es mejor, crear portales a cualquier rincón del universo. La puerta al Vacío… Quien iba a decir que el mayor enemigo del Vacío, construiría la puerta a su objetivo y que él podría ser quien lo consiguiese.

Había más artefactos de poder por el universo y él debía encontrarlos, eso le ayudaría a estar más cerca de ese cetro. Cuando Ner’zhul lo tuvo en su poder, quiso llegar hasta él mediante susurros, pero era tarde. Kil’jaeden lo recuperó pronto. Tanathos siguió esperando su momento y sabía que ahora que la Legión había vuelto a aquel mundo condenado, era el momento de buscar como entrar.

Continuará…

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