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Las sombras de Arroyocaso
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enero 7, 2018 - 4:06 pm
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Sus pasos recorrían la densa flora con la mayor presteza que le era posible en aquel complicado lugar, las zarzas se adherían al jubón de cuero tirando cuales espíritus rabiosos emergidos del pantano buscando desesperadamente impedirle avanzar un solo paso y quien sabe, pensó rodando los ojos si no había algo de verdad en ese pensamiento. Después de todo Drustvar era largamente reconocido como zona de arcaicas tradiciones en el archipiélago y se contaban relatos de brujas en sus profundos pantanos que habían entregado sus dones a la malicia. Fuere por esa fabula basada en los mitos tirasianos para no dormir o el simple viento que soplaba colmado de ira, la situación le resultaba incomoda en aquella región que lograba con sorprendente fidelidad representar todo aquello que había odiado durante su entrenamiento en la fortaleza tanto tiempo atrás. Un trayecto de horas se había extendido por un día, la lluvia que incesantemente se precipitaba sobre la tierra impedía encender fuego alguno para resguardarse del frio y la casi imperceptible senda para colmo se adentraba cada vez mas en las ciénagas, sus botas encharcadas incrementaban su peso a cada instante que pasaba llevándole por una obligación no impuesta el increpar a todo aquel bosque y su oficio mismo por conducirle hasta aquel aislado lugar. La luz se tornaba cada vez mas mortecina y llevaba a suponer que en aquel lugar privado de toda luz el ocaso se hallaba próximo, justo cuando los últimos rayos de luz cruzaban a duras penas las nubes de lluvia alcanzó el claro. El brujo suspiro un par de veces al salir del enmarañado manglar, no por cansancio, había enfrentado situaciones peores que aquella, no obstante su jubón se hallaba en aquellos instantes destrozado por el roce de mil zarzas, sus botas de cuero empapadas hasta la saciedad habían quedado irremediablemente para el arrastre y no encontraba la daga que siempre portaba en el talón probablemente porque se hubiera perdido en aquellas aguas donde pronto seria engullida por la naturaleza. Frente a si hallo en la lejanía a no más de dos kilómetros unas tenues luces de farol, había llegado pensó, pero sorprendentemente eso no le llevaba a sentirse ni una pizca mas feliz. Sabia que seria un trabajo duro si no lo habían exagerado en las aldeas colindantes al menos, Arroyocaso como se llamada aquella aldea de la lejanía era o mas bien “había” sido un importante aserradero en la región, pero tan súbitamente se escuchaban sus gritos en las noches al cantar canciones populares de la zona terminaron por callar hace ya meses. Fueran lobos, revueltas entre vecinos o la misma horda que hubiera atacado por sorpresa el territorio ya suponía un problema que se había acrecentado con desapariciones en las lindes del bosque en las ultimas semanas, un trabajo común por una recompensa bastante elevada en opinión del brujo aquellas gentes estaban demasiado acomodadas o en verdad la situación corría riesgo de tornarse dramática para tal compensación.

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Cuando llego, la noche había tomado ya el lugar, las construcciones de madera y sus siluetas adoptaban formas fantasmagóricas en la intensidad de la oscuridad que las envolvía y la tierra privada de camino de piedra alguno estaba completamente embarrada en toda la zona que ocupaban las modestas casas, No era una aldea pequeña pero tampoco de las más grandes que había visto, conformada por una hilera de casuchas que se orientaban entre la simpleza mas extrema o lo que sentía como una pobreza realmente preocupante recorrió la calle principal poniendo todos sus sentidos en percibir el peligro que fuera o hallar la pista que llevara a vislumbrar la verdad, todas las puertas se hallaban abiertas y en ellas se llegaban a ver el mobiliario que habían dejado atrás los colonos de la zona, los carromatos que tiempo atrás hubieran cargado los troncos del aserradero se hallaban estáticos dispuestos de forma impoluta en mitad del lugar y las sierras de cortado pendían de los techados de las casas siendo zozobrados por el viento, sin aparente rastro de violencia en ninguna de las casas se adentró a las penumbras de una de ellas. Solo una rata le recibió, al parecer se había tomado la molestia de establecerse allí como nueva inquilina, pero nada más destacable rondaba la habitación salvo un olor que creyó poder corresponder con alguna especie de incienso cuyos compuestos no podía discernir con total exactitud, fue entonces cuando percibió movimiento a su costado, un leve crujido tras uno de los muebles destartalados que componían la pobre decoración de la casa. Con un reflejo de rayo desenvaino la espada de acero que centelleo antes de colocarse junto a la garganta de una anciana que lo miraba con ojos de terror y suplica, entre sus brazos una niña se acurrucaba sin querer enseñar su cara bañada en lágrimas. Cualquiera habría envainado la espada enseguida, pero los demonios saben que la precaución en Azeroth y sobretodo las gentes del gremio es tan primordial como el aire que se respira, carraspeando por hablar por primera vez en horas el brujo pregunto con una voz autoritaria buscando apaciguar el miedo y a la vez frenar cualquier impulso amenazador de la anciana. -No temáis anciana, mi espada no avanzara si no representáis amenaza y ahora decidme sin miramientos que ha sucedido aquí. – restando algo de presión al cuello de la anciana con la hoja se fijo en su aspecto, ojos pequeños casi de araña y una túnica roída que podría parecer mas una tela sacada de la tumba de un muerto de las guerras trol que algo confeccionado en los los últimos años. – no, no por favor señor piedad para conmigo y mi nieta no queremos saber mas, no queremos estar aquí solo escapar de ella! – el llanto hizo que sus palabras se entrecortaran, en verdad era una escena a todos ojos triste la que vivían allí fruto de la desesperación, pero el brujo no retrocedió ni un ápice en sus sospechas y nuevamente con una voz esta vez adoptando mayormente conciliador pregunto nuevamente lo sucedido – ¡bruja! Queréis saber lo sucedido!? ¡bruja! ¡Os digo y nada más! vino para ayudar, pero a todos engaño, vino para sanar pero a todos los mato! – dichas las palabras se libro de la punta del filo con sorprendente facilidad y se perdió por la puerta precipitándose rápida hacia la lluvia, directamente hacia las lindes del bosque y de su mano colgando una “muñeca”. El brujo no es cualquier campesino al que engañar y habría jurado por su vida haber creído firmemente que aquello no era tal cosa si no una mocosa, flaca, con el pelo andrajoso y asustada entre los brazos de su abuela, sea como fuere el interrogatorio acabado había arrojado algo de luz a la situación. –

Sus pasos al salir de la casa le llevaron a seguir el camino principal del pueblo, igualmente en las demás casas parecía brillar por su ausencia la presencia de vida alguna y esta vez presto mas oído aun a cualquier crujido que pudiera denotar unos ojos acechando sobre su nuca, antes de darse cuenta la calle se ensanchaba a ambos lados y dejaba ver un gran espacio llano ante si, la plaza del pueblo se hallaba en las mismas deplorables condiciones que el resto del pueblo, donde parecía haberse asentado un puesto de mercado hace no mucho, las telas desgarradas adornaban los suelos, una estructura de madera a su diestra yacía muerta sin uso alguno salvo por dos o tres esqueletos, quizás ladrones, quizás asesinos que colgaban de la ya olvidada horca. Sus ojos recorrieron todo lo que tenia forma en aquel lugar, deteniendo los ojos evidentemente en una pira de madera. Alta como ninguna otra que viera jamás que se erigía en toda su plenitud frente a un edificio de altos muros empedrados que destacaba por sus elaboradas formas a diferencia del resto de edificios que había visto allí con anterioridad, la capilla, supuso con sobrada exactitud mientras avanzaba para investigar la perturbadora pira desde más cerca. Se encontraba semi-calcinada como si el éxito para el cual se incendió solo hubiera resultado parcial en su ejecución, el barro estaba aún pese a la lluvia y los meses desde la última vez que alguien estuvo allí, muy revuelto. Por extraño que resultara y tras un vistazo más detallado del poste vio relucir levemente unos grilletes, un vistazo a escasos centímetros del mismo arrojo otro perturbador descubrimiento que termino por confirmar la teoría de la anciana. Los grilletes estaban casi por completo fundidos, se habían abierto desde dentro por alguna especie de calor mágico surgido de súbito de la nada, Drustvar estaba resultando mucho más interesante de lo que en un momento se presentó y entonces el brujo comenzó a cavilar en su cabeza si quizás la recompensa pudiera ser demasiado corta para lo que presumible mente estaba por enfrentar. Maldijo las condiciones en que se encontraba, la lluvia entorpecía cualquier rastro que pudiera haber determinado lo que sucedió y sin embargo creyó ver leves líneas de arrastre casi desdibujadas en el barro que se orientaban hacia la capilla cuyas puertas se hallaban fuertemente selladas desde el interior, la madera estaba podrida por las sucesivas lluvias y cedieron ante tres embates del brujo, el sonido de uno de los portones al caer resulto sordo expandiéndose por toda la inmensidad de la villa y para lamento del brujo seguro advirtiendo a esa “bruja” de su presencia e intenciones. El espacio dentro de la capilla se sumía en tinieblas perpetuas de imposible penetración por un ojo humano,pero el brujo no contaba con ojos ordinarios al fin y al cabo. A diferencia del resto de casas investigadas antes allí destacaba a simple vista que había algo inusual en el ambiente. Los bancos donde los feligreses se habrían sentado en otro tiempo se disponían frente a la puerta formando una barricada de formas toscas que, sin embargo, era evidente había fracasado en su función por protegerlos, se hallaba literalmente aplastada abriendo un camino hacia el altar que coronaba el centro de la estancia. El olor a incienso era allí mucho mas intenso que en cualquier otro lugar, un olor acre casi molesto en su percepción, pero pese a ello el brujo se vio obligado a avanzar escalando la barricada y horrorizado por lo que contemplo detrás. Cadáveres por decenas desperdigados por el suelo, algunos parecían llevar allí meses otro parecían ser de días atras y deleitaban a las ansiosas moscas que los devoraban con avidez.

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Sea quien fuere o lo que fuere que hiciera aquella matanza seguía un patrón que fue evidente a sus ojos casi al instante, fueran mujeres, hombres, niños u ancianos todos ellos tenían el pecho abierto en canal. Por la longitud de la herida y lo limpio del corte no había parecido ser obra de criatura alguna, si no un cuchillo con el cual se habían valido para uno a uno arrancar todos los corazones de esas gentes. Casi como un susurro traido por la corriente de aire que circulaba por la puerta desde el exterior, su oído estaba entrenado y logro sentirlo aun cuando fuera la lluvia no tuviera intención alguna de arreciar, eran unas pisadas desnudas que habian escapado de su vista en cuanto giro la cabeza en dirección a la puerta. Desenvaino en el acto la espada que aun en la oscuridad brillo con leves destellos y emitía un prolongado silbido que inundo toda la sala antes de extinguirse al cabo de contados segundos. No había nada allí dentro, lo mas que podía hacer quedándose era quedar como macabro espectador de la matanza, descendiendo de la barricada camino en guardia hacia la puerta y el exterior donde la lluvia al instante volvió a cubrir su rostro y armadura. Cuando contemplo las huellas, estas estaban junto a las suyas propias y para su sorpresa aun pese a ser de forma humanoide, tomaban según se acercaba a los dedos una forma retorcida de lo que puede alcanzarse a interpretar como un pie humano terriblemente deformado. Quizás la criatura ahora estuviera al tanto de su presencia, pero el brujo no pudo evitar esbozar una mueca que sin llegar a ser una sonrisa denotaba la misma forma e intencion, sin ese ser pretenderlo había otorgado un rastro fresco hacia el cual orientar sus pasos. Avanzaba rápido, no quería perder el rastro antes de que la lluvia lo deshiciera por entero, la espada aun aguardaba en su mano el ya inevitable combate por venir, pero aun se le escapaba algo, tras cada rastro hallado no lograba situar un rostro claro al culpable de la matanza de Arroyocaso aun cuando todo indicio parecía apuntar a las historias populares sobre las brujas, de ser ciertas sus cavilaciones, jamás había confrontado una bruja y poco o nada conocía sobre ellas en combate. Los escritos que pudieran haberlos referenciado se perdieron siglos atrás durante la quema de la fortaleza de los brujos, ya pudiera ser un dragón o un enorme ettin lo que más temor le alcanzaba a infundir era confrontar a lo desconocido sin estar correctamente preparado para su desafio. Torturado por sus pensamientos finalmente llego al final del camino. Sobre una colina en el cerro que guardaba la aldea se erigía vigilante decrepito molino que recibía su presencia con los sonidos de la madera crujiendo en su interior. Consideraba que tenia tiempo mas que suficiente para prepararse y aun pese lo embarrado del lugar se colocó de rodillas y descolgando una bolsa de lona de su cinturón la abrió dejando ver una gama de botellas en cuyo contenido refulgían icores de tan variada gama como flores pueblan los campos élficos de Quel’thalas. Desproveyéndose de sus guantes tomo con las desnudas manos primero el frasco cuyo contenido se asemejaba al verde de las esmeraldas y sin ápice de duda tras descorcharlo procedió a beberlo en un solo sorbo, dejándolo actuar sobre su cuerpo, al cabo de segundos comenzó a retorcerse y su piel adoptar un tono pálido como el de un cadáver en contraposición de las venas que comenzaban a destacar de forma antinatural y sustituir el rojo de la sangre en ellas por un negro opaco semejante al carbón. Aun sacudiéndose en espasmos tratando de controlar el temblor de la mano descorcho el segundo de los frascos, este siendo blanco y cuyos efectos, aunque algo más postergados que el anterior pronto se sintieron de igual forma. La pupila danzante en el ojo incontrolada pareciendo separarse y volviéndose a juntar, el ojo temblando como si fuera a estallar o salirse de sus órbitas, finalmente dejando ver una pupila alargada y ojos ambarinos que incluso en aquella noche de tormenta destacaban como dos ascuas encendidas. Sin pretenderlo entonces se precipito casi cayendo por completo al embarrado suelo y expulso entre arcadas un vomito compuesto de sangre y la comida de la última semana. Incluso en aquellos instantes tuvo un instante para la sorna contra si mismo y los suyos pensando que su aspecto debería ser lo suficientemente aterrador para sentir empatia por quienes quemaron su fortaleza tiempo atrás. De forma dubitativa alzándose poco a poco tardo todavía un minuto en controlar los espasmos y tomar con calma la espada. Entonces avanzo, su paso era lento casi parecía estar mecanizado a cada instante, cada acción tomada con la más milimétrica perfección en un cuerpo que parecía poder saltar de un momento a otro ante la mas irrisoria muestra de amenaza que aguardara en el molino. No había puerta y desde su interior emergía una tenue luz que supuso pertenecía al farol que horas antes había visto desde la lejanía, nuevamente el olor de incienso acre emergía, sofocaba su sentido del olfato e inundaba todo a su alrededor para cuando quiso desprenderse de el vio que estando a solo diez metros de la puerta dos siluetas bajas salían a su encuentro.

En mitad de aquella noche cualquiera habría confundido las siluetas de los seres con los de perros de caza, pero el brujo tras tomar los elixires contemplaba todo con tanta claridad como en el mas despejado día de verano. No eran perros si no formas aberrantes inspiradas en ellos, compuestos de ramajes secos, huesos de animal, sangre y hojas. Sus cabezas eran lo que parecían calaveras de ciervo cuyos cuernos habían sido reubicados hasta el frontal haciéndoles adoptar un aspecto de peligrosos colmillos con los que acabar demasiado rápido con la vida del brujo, no obstante, lo más perturbador eran los sonidos que tales seres emitían desprovistos de toda semejanza con cualquier cosa escuchada antes una mezcla de agonía humana y gutural gruñido salvaje. Ambas bestias caminando al unísono rodeando a su presa, avanzando como lobos, igual que entonces denotaban sobrada inteligencia, parecían medir las acciones de su presumible próxima presa, cada movimiento incluso su respiración. Entonces cargaron con los cuernos al frente, el brujo no pudo si no rodar a un lado en el ultimo instante y con asombrosa rapidez recomponerse aun sobre la base de inestable, pero las bestias tampoco se quedaban atrás en cuestión de reflejos y antes de que se hubiera recompuesto del todo ya las tenía frente de sí. Descargo un tajo ascendente a la criatura de su izquierda cortando su embestida y causando que retrocediera antes de que el otro se precipitara sobre el realizo una finta de amago lográndole confundir casi por completo pues aun pese evitar ser ensartado por los cuernos la masa de ramas y hueso logro golpearlo con una fuerza bruta que le llevo a precipitarse dos metros atrás rompiendo una de la vallas del camino en el proceso, su pecho se hinchaba a un ritmo sobrenatural y pareciendo ser ajeno al dolor de un golpe que debería haber astillado costillas miro al frente predispuesto para atacar. No obstante fruto de los inconvenientes de la situación resbalo de su mano la traicionera espada por la mezcla de sangre y lluvia. -Maldito Drustvar- pensó para sus adentros sin despegar la vista de los oponentes y pensando concienzudamente en como planificar su defensa en instantes sin poder valerse de la espada-. Una nueva voltereta logro evitar los cuernos pero demasiado incapaz de defenderse para impedir que una de las bestias casi lograra empalarlo, sus manos agarraron los cuernos logrando evitar una rápida muerte, entonces se fijo en los dientes que desde debajo de la masa uniforme de ramas trataban de desgarrar su rostro, no sabría decir a que clase de animal pertenecían y aun sabiéndolo en aquel momento apremiaba mas encontrar la espada, aunque anteponía sobre su cara el brazal de cuero que portaba sabia que se le agotaba el tiempo y ya sentía los colmillos apunto de perforar la carne cuando encontró su mano hallo algo de tacto familiar.

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Un nuevo vistazo a la bestia para saber donde golpear con la máxima efectividad le llevo a descubrir lo macabro de la situación. Entre los huesos y ramajes que componían a la criatura creyó distinguir un corazón latiente en su interior, era difícil de ver más aun de golpear, pero habiéndose jugar todo a aquella carta descargo la puñalada que atravesando el espeso ramaje de hueso y ramas hendió el corazón de aquella bestia profana. Emitiendo un grito desgarrador y descargando sobre la cara del brujo su fétido aliento de cadáver putrefacto la bestia pereció, por segundos no dejándolo inmovilizádo y a merced de su compañero logro rodar por el suelo no sin demasiado estilo, pero con una efectividad determinante. Levantándose como un resorte vio como la ultima de las criaturas en plena carrera se disponía para arrojarse sobre el. Pero en ese instante y ya sabiendo donde golpear no se demoro en dudas y avanzo también corriendo sobre el barro a su encuentro. El ser salto y el brujo rodo por el suelo alzando la espada para en el momento preciso del salto hacer ascender la hoja en busca el corazón. No logro verlo, pero supuso hallarlo en el mismo lugar que el anterior, un trueno estallo cuando ambos oponentes se levantaron nuevamente. Ya se maldecía el brujo por su suerte y se disponía a la defensa contra la criatura que ya corría nuevamente hacia el pero antes de alcanzarlo se precipito con brusquedad a sus pies y emitiendo ese inconfundible gemido murió purgando el mundo de su presencia por el momento. El combate cejo tan súbitamente como empezó, su pecho se hinchaba tratando de controlar la frenética respiración, sangraba por cien cortes, pequeñas hileras de sangre emergían pronto desapareciendo fusionadas con las gotas de lluvia. Fue entonces que reparo en la herida de su antebrazo, una de las criaturas había desgarrado por completo la armadura y alcanzado la carne en una grave herida que si no había sentido se debía gracias a los efectos del elixir, tenia mal aspecto y por seguro estaría abocada a la infección de no ser tratada. Nuevamente volviendo tras sus pasos descorcho otra de las pócimas, maldijo en mitad de la tormenta el reino de Kul’tiras, Drustvar y la aldea de arroyocaso incluso a los estarostas que le contrataron por aquello y procedió a derramar el contenido sobre la herida haciendo que el sonido de ambas bestias empequeñeciera en comparación al suyo propio.

La puerta continuaba abierta, no sabia a que deidad rogar para que no volviera a emerger ninguna de esas criaturas por el umbral de la misma y con la espada en la mano entro dejando atrás la lluvia y ambos cadáveres. No era su intención en aquel instante, pero irremediablemente se fijo en las decenas de calaveras que adornaban la estancia, hileras de hiedra y otras plantas de difícil catalogación pendían del techado. Cientos eran los huesos y ramas que se encontraba a cada paso que daba hasta que finalmente alcanzo el umbral de luz que había visto desde el exterior. Vio un altar de piedra, parecía increíblemente pesado y antiguo algo que no encajaba en un simple molino, entonces pensó, acertadamente que la morada se había erigido entorno a ese altar y no al revés, sobre el mismo se erigía una macabra efigie de madera adornada con decenas de corazones humanos ensartados en espinas que desprendían un antinatural vaho fruto del particular olor acre que había sentido desde que puso un pie en esa aldea. La melodía entonces llego a sus oídos, era una voz irremediablemente hermosa y casi digna de escuchar incluso en aquella situación. Hablaba de tragedia y traición, hogueras y referenciaba la vanidad de los hombres todo un espectáculo de no ser por que quien la cantaba distaba mucho de ser una hermosa trovadora propia de las mas altas cortes, al principio habría pensado que era la dichosa anciana pero cuando se giro bajo la capucha deteriorada y sembrada de hongos adheridos a ella vio dos grandes ojos antinaturales con pupilas que desprendían un fulgor de podredumbre y malicia adornados con una sonrisa de dientes desiguales y afilados, todos ellos de tono marrón tan podridos como la carne de los colonos de la capilla de pronto aguda voz que se metió dentro de su mente escarbando como gusanos en una manzana. – ¡bruja! ¿¡Queréis saber lo sucedido!? ¡bruja! ¡Os digo y nada más! Vino para ayudar, pero a todos engaño, vino para sanar pero a todos los mato! Con sus corazones calientes nueva vida creo, ¡bruja! ¡Gritaban, quemadla! Gritaban, pero pronto callaron – el brujo en ese instante se maldijo para sus adentros y prometió no otorgar piedad a ancianas que encontrara en una aldea abandonada nunca mas, se fijo en que la bruja no movía la boca, pero seguía manteniendo en su mano huesuda plagada de ampollas que desprendían pus a raudales la muñeca andrajosa que había tomado por niña. – El resultado será el mismo, mi espada habrá cortado tu cabeza profana cuando el alba despunte, pero decidme bruja ¿es solo la venganza lo que os ha guiado a la matanza? – La bruja no respondió en su lugar sonrió, esa sonrisa que provocaba arcadas e inseguridad, alzando su mano señalo entonces no al brujo si no tras de el de donde de improvisto emergió una colosal mano de madera, zarzas, hueso y sangre que tomo al brujo aprisionándolo con una fuerza que podría crujir fácilmente huesos y lo saco nuevamente al exterior hacia la tormenta-

La mole alcanzaba una medida cercana a los diez pies de altura, compuesta de los mismos materiales que los dos anteriores pero esta vez adornado con una gran calavera de ciervo con incrustaciones de signos malignos tallada en toda su longitud. El rugido pareció zarandear los arboles cercanos y tan cerca estuvo de la cabeza del brujo que este sintió cara a cara el olor de las decenas de cadáveres de la capilla agrupados en ese ser, un constructo mas bien pensó antes de volver su atención hacia la manera de librarse rápidamente del confinamiento al que le sometía la criatura, comenzaba a apretar bajo la atenta mirada de la bruja y su peculiar sonrisa. Era costumbre portar siempre una bomba de pólvora, aquel ser no era el único que enfrentaría ni ha enfrentado el gremio compuesto por madera y sabia bien que todo constructo tenía un punto débil sobre el cual ahondar, por pura lógica descartando los demás oriento su atención al fuego y a duras penas valiéndose del pedernal que pendía de su cinturón encendió la mecha de la pequeña bola que se precipito al suelo, si hubiera caído en un charco o la mecha hubiera sido más larga su vida habría acabado. La explosión no fue demasiado grande pero lo suficiente para sorprender al colosal ser, alarmado cuando las llamas se adherían a sus piernas soltó al brujo que aun tardo unos segundos en recomponerse del mortal abrazo que apunto había estado de comprimir sus entrañas hasta el final. Aferro su espada y observo a la criatura que ya se recomponía y avanzaba haciendo temblar la tierra bajo sus pies, sabia como podría enfrentarla o al menos suponía que debía portar uno de esos corazones en su interior pero a diferencia de los anteriores seres estaba formada por una capa demasiado gruesa de ramaje como para perforarlo con su espada, no tuvo mucha mas opción y se precipito hacia el interior del molino nuevamente, la bruja ya no se encontraba allí y la bestia a duras penas entro casi tirando sobre si la estructura.

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Escaleras arriba parecía que no podría ser alcanzado pero cuando el ultimo escalon ya se hallaba al alcance de su bota algo tomo su pie haciendo que se precipitara de bruces contra las escaleras, al girarse alarmado logro discernir la causa. La hiedra ascendia como serpientes vivas para alcanzarlo y precipitarlo a las garras del ser, era obra de la bruja no cabia duda y no tenia tiempo que perder para pensar un plan. La espada y su filo dieron buena cuenta de cortar las hiedras embrujadas y continuando el ascenso se percato en el farol, aquel que había visto en la lejania y que iluminaba la alta estancia del molino. Ya no tenia bombas pero había visto cuanto daño podía causar el fuego a la criatura. Se encontraba junto a una de las ventanas, carente de amenaza como un simple objeto inerte algo sorprendente en aquel molino, cuando lo tomo vertio por medio de un golpe todo el aceite sobre el suelo de madera que comenzo a arder de inmediato procediendo el fuego a devorar la madera con avidez. Tiempo, era lo que necesitaba pensó entonces precipitándose hacia la planta baja donde aguardaba el colosal constructo. Las afiladas garras no dudaron ni un instante en tratar de rebanar su cuello, logro frenar una con la espada y realizar un esquivo medido para que otra no le destripara pero una de ellas logro desgarrar el ya destrozado jubón haciendo del hecho de portarlo mas un inconveniente que ventaja, llegado el turno avanzo por debajo de las piernas lanzando sendos tajos para hacerlo precipitar pero la brujería actuaba rápido en recomponer cada rama y hueso que cortaba. La estructura continuaba ardiendo descontrolada, las vigas de madera corroída cada vez cedían mas ante el impulso de las llamas, los huesos y ramas que abundaban por todo el suelo se iban consumiendo conforme las ascuas se cernían sobre ellos. El humo sustituyo al insoportable olor acre de la efigie de corazones humanos y dificultaba la respiración para todos menos para el aparentemente incansable ser. Sendos tajos dados al vientre para tratar de encontrar la posición del corazón fracasaron y por cada uno de ellos que el brujo acertaba el constructo bien le golpeaba, desgarraba la armadura o estaba al borde de decapitarlo. Fruto de los elixires se mantenía en un trance de combate demasiado intenso como para cerciorarse de los mas que probables huesos rotos o cortes sangrantes que ponían en riesgo su vida. Una de las veces fruto de una embestida descontrolada la criatura chocando con las paredes de la estructura hizo precipitar sobre si una gran placa de madera ardiente, los rugidos de dolor casi hacían estallar los oídos del brujo que no obstante lejos de titubear se acerco nuevamente para dar sendos cortes donde el fuego se mantenía encendido sobre la criatura. Esta vez no se regeneraron, allí donde la espada cortaba rama o hueso ardiendo el agujero permanecía dejando entrever que no eran uno si no decenas de corazones palpitantes los que albergaba en su interior, todos ellos tenían ramificaciones sangrientas que se extendían a cada rama, cada hueso, parecían conformar una red de improvisados músculos alimentados por la brujería en algo cercano a la nigromancia de las antiguas guerras con el rey exánime en Rasganorte.
Conforme el humo se intensificaba el combate iba aproximándose a su fin, bien porque saliera el ser ardiendo o el brujo pereciera asfixiado. Con cada corazón que lograba atravesar a través de las llamas la criatura perdía movilidad, sus movimientos se tornaban más erráticos, pero no por ello menos peligrosos, quizás todo lo contrario. Por momentos a través de las llamas creía atisbar los ojos enfermizos de la bruja contemplándolo todo con divertida expresión de jubilo, poco parecía importarle que el molino estuviera cerca de consumirse en llamas con su altar incluido pero tan de improvisto la veía al siguiente instante en que sus bloqueos con la espada le posibilitaban echar un ojo allí ya no había mas que humo. Y entonces todo se vino abajo, el techo cedió por completo y llovían las tejas de barro contra ambos oponentes dañando tanto a uno como a otro el brujo tenia un ojo entumecido no sabría si lo perdería o no, con sus ultimas fuerzas logro atisar el ultimo de los corazones tras una mata de ramas que para su desgracia no se encontraban ardiendo. Un lado, otro, miraba desesperado hasta que se fijo en que el palo de la efiguie en cuyas ramas espinosas ya se estaban consumiendo los corazones ardiendo tenia bastante filo.

Era una única oportunidad, quizás la ultima de que disponiera antes de ser sepultado bajo las llamas. Las zarzas se hundieron en sus manos haciéndole sangrar abundantemente, la temperatura anormalmente elevada le estaba produciendo quemaduras a cada segundo que portaba el improvisado arma, apunto y la arrojo. A través del incombustible humo el desesperante olor acre volvió a inundar su olfato antes de verlo perderse atravesando a través de las ramas y huesos hasta que perdiéndose a su vista un rugido hizo que toda la estructura se precipitara aun mas rápido. Corrió, mas bien gateo por el suelo ardiente quizás sus piernas se encontrarán con cortes demasiado graves o fuera fruto del cansancio. A sus espaldas pronto quedaron los rugidos del aberrante constructo fruto de la ruina de Arroyocaso y los crujidos de la madera precipitándose sobre el altar. La lluvia como tantas veces esa noche recibió al moribundo, tres pasos antes de caer sobre el barro dejando el rostro a merced de los riachuelos que se estaban formando. Antes de caer inconsciente el olor acre lleno una vez mas su olfato y entonces llego la oscuridad.
-No! No! Malnacido! Maldito! La bruja vino para curarlos, para darles nueva vida! MALDITO! Maldito!- exclamaba desde un cercano árbol la bruja, agazapaba en la rama como un ave de presa veía su obra arder. Sabia que el altar prevalecería pero tantos corazones, desperdiciados harian de su tarea un arduo camino hasta recuperar mas.- Tiene que pagarlo! El bastardo…tiene que pagarlo! Su corazón será el primero y luego su carne devoraremos! -cayendo contra el suelo se aproximo a las humeantes ruinas, andaba encorvada y aun pese a su aspecto con una increíble agilidad que le llevo a encontrar al brujo tendido sobre el embarrado suelo frente a la entrada en cuestión de segundos, desde sus enfermizos ojos antinaturales lo examino y con su peculiar sonrisa vio como aun respiraba. Un corazón caliente es mejor que uno frio si quería reconstruir a sus vastagos. Avanzo con cautela presa de la ira se imaginaba ya desgarrando con sus fauces la garganta del humano, su caliente sangre descendiendo por su garganta aliviaría su dolor y saciaría su venganza, estaba impaciente y se aproximaba con sus pies desnudos sobre el barro hacia el brujo al cual con sus huesudas manos alzo la barbilla.- Mira! Mira lo que hiciste! Persiguieron a quien quería curarlos! Mira! Mira!.- Entonces el cuchillo salio de la mano, fue un movimiento parecido al de un relámpago apunto de restallar sobre las cabezas de ambos. Los mortecinos ojos de fulgor enfermizo miraban incrédulos, se sujeto la garganta con las manos huesudas, las ampollas aun emanaban pus con abundancia pero nada de eso podría salvarla. Gateando como bien podía murmuraba las palabras de decenas de hechizos en busca de alguno que pudiera salvarla en busca de uno que la sacara de allí pero mientras repasaba asustada la lista de nuevo el cuchillo se hundio esta vez sobre su cráneo, perforando el hueso hasta llegar a los sesos colmados de malicia y odio de la bruja que cayo muerta al tiempo que la lluvia parecía arreciar, quizas no fuera ese el mejor momento para que el brujo echara una cabezada no obstante quizas no tuviera otra ocasion.-

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– Mientras limpiaba la jarra valiendose de un elaborado esputo sin que ningun parroquiano le viera el tabernero continuo hablando como gustaba siempre de hacer cuando era hora punta y fuera la noche estaba ya asentada.- Y decia el estarosta su magnanima personalidad que ese forastero algo pudiere traer de bueno sobre Arroyocaso !Jaj! ¿sabemos algo de el? ¿algo hubiereis oido? tu! grajo! ¿algo has oido?.- el llamado “grajo” un hombre de negros cabellos azabache y mirada perdida entre sus ojos bizcos nego mientras regresaba su atencion hacia una jarra de lo que bien podria ser cerveza, entretanto el tabernero exclamo con voz de trueno para otorgar enfasis a sus palabras.- CLARO QUE NO, FORASTEROS AQUI EN DRUSTVAR! si algo quiere hacer este pueblo lo debe hacer por su mano, mañana tomaremos las horcas y azadas, haremos noche en arroyocaso, bandidos y nada mas os digo yo mis parroquianos y pongo a los Waycrest por testigos que les juzgaremos como debidamente merezcan!!.- pero pocos o ninguno parecian escuchar, un cuchicheo habia surgido y la puerta se abrio de repente cuando un muchacho de cara pecosa entro exclamando. – Regresado! el forastero ha regresado y camina hacia la casa del estarosta portando algo! corred! el forastero ha regresado!-. Todos salieron en tromba y contemplaron como el muchacho no habia errado en su verdad, entre cojeras, casi tambaleante el forastero avanzaba portando en su mano una cabeza cortada paralizada en la mueca que mostro en muerte, los ojos grandes como los de un buho reflejaban la cara de cada aldeano que detuviera en ellos su vista haciendo sentir una sensacion de incomodidad aun cuando la cabeza yaciera privada de vida. La comitiva que se habia formado tras el “forastero” ya era conformada por todo el pueblo de Fallhaven cuando se presento frente al ayuntamiento, dos guardias detuvieron al gentio mientras dejaban que pasara portando la cabeza el brujo al cual recibio pronto el estarosta de la villa con una ancha sonrisa que parecia evidente habia ensayado tantas otras veces.- Aaaah! mirad quien ha regresado, Val, gyval…- Gvalch.- Inquirió el brujo con no mal disimulada molestia, mas aun despues del trabajo que acababa de acometer.- Eso!, si eso. Decidme, que traeis con vos? que sucedio en Arroyocaso y donde estan los desaparecidos de Fallhaven tras los cuales os mandamos?.- el estarosta pregunto mientras se acercaba a un escritorio de madera finamente labrada sobre cuya repisa se hallaba una jarra de vino de la cual sirvio dos copas para festejar.- Los habitantes de Fallhaven y Drustvar en general habrian de guardarse las espaldas y bendecir estas tierras, poco o nada queda de mito en la existencia de las brujas mi señor.- justo tras comentarlo arrojo la despiezada cabeza a los pies del estarosta, este presa del horror en la contemplacion precipito ambas copas de vino contra el suelo y su rostro se torno en una mirada palida.- ¿Brujas decis? falacias!, tonterias! cuentos de niños! esto una vieja chiflada claramente! seguramente una de esas condenadas serpientes…nagas o como se llamen que fue tierra adentro por cualquier casual ¿pero brujas? os tomo por alguien juicioso y con esas me venis! jaj! pues tenedlo claro, no recibireis ni una moneda mas de lo impuesto por vuestras mentiras, brujas en Drustvar… no os atrevais a extender ese rumor mas! la luz sabe cuantos colonos perderiamos si comienzan a pensar que las fabulas de brujas devoradoras de niños en los bosques son ciertas, lo teneis entendido señor…Gvalch!?.- El brujo, Gvalch se encogio de hombros. Quiera o no ocultar la verdad le era indiferente en esa y cualquier situacion. Si las brujas regresaban se verian obligados a contar con los servicios del gremio una vez mas y la recompensa aunque finalmente se quedara corta le era sobradamente extensa para meses en una comoda taberna. Tomo la bolsa tintineante cuando se le fue ofrecida y con una mal disimulada reverencia y sonriendo se perdio por la puerta hacia la enfermeria mas cercana para tratar sus heridas, odiaba Drustvar, sus gentes ariscas, su temporal y la malicia que plagaba sus bosques. No aguardaria ni un minuto mas hasta que sus heridas sanaran para perderse en el camino y hasta que un contrato sustancialmente beneficioso lo dictara regresar, Caer’Bleidd pronto se dibujara en el horizonte entre las brumas se volverá distinguir.- El alba asomaba, las lluvias habían quedado atrás en Drustvar. Una terrible verdad había sido revelada y Arroyocaso había sufrido las consecuencias, ahora las casas de madera se pudriran, las sierras se marchitaran a raiz del oxido y nadie sabra lo que esa capilla esconde en su interior jamas. Todo plagado de muerte, amargo olor acre que inunda todo mientras los gobernantes de las aldeas colindantes y la misma familia Waycrest trataran de ocultar a ojos de Kul’tiras y Azeroth una de tantas terribles verdades condenadas a tornarse en fabulas para no dormir.

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